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1 1 ¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores,
2 sino que en la ley del SEÑOR está su deleite, y en su ley medita de día y de noche!
3 Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera.
4 No así los impíos, que son como paja que se lleva el viento.
5 Por tanto, no se sostendrán los impíos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos.
6 Porque el SEÑOR conoce el camino de los justos, mas el camino de los impíos perecerá.

2 1 ¿Por qué se sublevan las naciones, y los pueblos traman cosas vanas?
2 Se levantan los reyes de la tierra, y los gobernantes traman unidos contra el SEÑOR y contra su Ungido, diciendo:
3 ¡Rompamos sus cadenas y echemos de nosotros sus cuerdas!
4 El que se sienta en los cielos se ríe, el Señor se burla de ellos.
5 Luego les hablará en su ira, y en su furor los aterrará.
6 Pero yo he consagrado a mi Rey sobre Sion, mi santo monte.
7 Ciertamente anunciaré el decreto del SEÑOR que me dijo: "Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.
8 "Pídeme, y te daré las naciones como herencia tuya, y como posesión tuya los confines de la tierra.
9 "Tú los quebrantarás con vara de hierro; los desmenuzarás como vaso de alfarero."
10 Ahora pues, oh reyes, mostrad discernimiento; recibid amonestación, oh jueces de la tierra.
11 Adorad al SEÑOR con reverencia, y alegraos con temblor.
12 Honrad al Hijo para que no se enoje y perezcáis en el camino, pues puede inflamarse de repente su ira. ¡Cuán bienaventurados son todos los que en El se refugian!

3 1 Salmo de David, cuando huía delante de su hijo Absalón. ¡Oh SEÑOR, cómo se han multiplicado mis adversarios! Muchos se levantan contra mí.
2 Muchos dicen de mi alma: Para él no hay salvación en Dios. (Selah)
3 Mas tú, SEÑOR, eres escudo en derredor mío, mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
4 Con mi voz clamé al SEÑOR, y El me respondió desde su santo monte. (Selah)
5 Yo me acosté y me dormí; desperté, pues el SEÑOR me sostiene.
6 No temeré a los diez millares de enemigos que se han puesto en derredor contra mí.
7 ¡Levántate, SEÑOR! ¡Sálvame, Dios mío! Porque tú hieres a todos mis enemigos en la mejilla; rompes los dientes de los impíos.
8 La salvación es del SEÑOR. ¡ Sea sobre tu pueblo tu bendición! (Selah)

4 1 Para el director del coro; para instrumentos de cuerda. Salmo de David. Cuando clamo, respóndeme, oh Dios de mi justicia. En la angustia me has aliviado; ten piedad de mí, escucha mi oración.
2 Hijos de hombres, ¿hasta cuándo cambiaréis mi honra en deshonra? ¿ Hasta cuándo amaréis la vanidad y buscaréis la mentira? (Selah)
3 Sabed, pues, que el SEÑOR ha apartado al piadoso para sí; el SEÑOR oye cuando a El clamo.
4 Temblad, y no pequéis; meditad en vuestro corazón sobre vuestro lecho, y callad. (Selah)
5 Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en el SEÑOR.
6 Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? ¡Alza, oh SEÑOR, sobre nosotros la luz de tu rostro!
7 Alegría pusiste en mi corazón, mayor que la de ellos cuando abundan su grano y su mosto.
8 En paz me acostaré y así también dormiré; porque sólo tú, SEÑOR, me haces habitar seguro.

5 1 Para el director del coro; para acompañamiento de flauta. Salmo de David. Escucha mis palabras, oh SEÑOR; considera mi lamento.
2 Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque es a ti a quien oro.
3 Oh SEÑOR, de mañana oirás mi voz; de mañana presentaré mi oración a ti, y con ansias esperaré.
4 Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el mal no mora contigo.
5 Los que se jactan no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad.
6 Destruyes a los que hablan falsedad; el SEÑOR abomina al hombre sanguinario y engañador.
7 Mas yo, por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; me postraré en tu santo templo con reverencia.
8 SEÑOR, guíame en tu justicia por causa de mis enemigos; allana delante de mí tu camino.
9 Porque no hay sinceridad en lo que dicen; destrucción son sus entrañas, sepulcro abierto es su garganta; con su lengua hablan lisonjas.
10 Tenlos por culpables, oh Dios; ¡que caigan por sus mismas intrigas! Echalos fuera por la multitud de sus transgresiones, porque se rebelan contra ti.
11 Pero alégrense todos los que en ti se refugian; para siempre canten con júbilo, porque tú los proteges; regocíjense en ti los que aman tu nombre.
12 Porque tú, oh SEÑOR, bendices al justo, como con un escudo lo rodeas de tu favor.

6 1 Para el director del coro; con instrumentos de cuerda, sobre una lira de ocho cuerdas. Salmo de David. SEÑOR, no me reprendas en tu ira, ni me castigues en tu furor.
2 Ten piedad de mí, SEÑOR, pues languidezco; sáname, SEÑOR, porque mis huesos se estremecen.
3 Mi alma también está muy angustiada; y tú, oh SEÑOR, ¿hasta cuándo?
4 Vuélvete, SEÑOR, rescata mi alma; sálvame por tu misericordia.
5 Porque no hay en la muerte memoria de ti; en el Seol ¿quién te alabará?
6 Cansado estoy de mis gemidos; todas las noches inundo de llanto mi lecho, con mis lágrimas riego mi cama.
7 Se consumen de sufrir mis ojos; han envejecido a causa de todos mis adversarios.
8 Apartaos de mí, todos los que hacéis iniquidad, porque el SEÑOR ha oído la voz de mi llanto.
9 El SEÑOR ha escuchado mi súplica; el SEÑOR recibe mi oración.
10 Todos mis enemigos serán avergonzados y se turbarán en gran manera; se volverán, y de repente serán avergonzados.

7 1 Sigaión de David, que cantó al SEÑOR acerca de Cus, el Benjamita. Oh SEÑOR, Dios mío, en ti me refugio; sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame,
2 no sea que alguno desgarre mi alma cual león, despedazándola sin que haya quien me libre.
3 Oh SEÑOR, Dios mío, si yo he hecho esto, si hay en mis manos injusticia,
4 si he pagado con el mal al que estaba en paz conmigo, o he despojado al que sin causa era mi adversario,
5 que persiga el enemigo mi alma y la alcance; que pisotee en tierra mi vida, y eche en el polvo mi gloria. (Selah)
6 Levántate, oh SEÑOR, en tu ira; álzate contra la furia de mis adversarios, y despiértate en favor mío; tú has establecido juicio.
7 Que te rodee la asamblea de los pueblos, y tú en lo alto regresa sobre ella.
8 El SEÑOR juzga a los pueblos; júzgame oh SEÑOR, conforme a mi justicia y a la integridad que hay en mí.
9 Acabe la maldad de los impíos, mas establece tú al justo, pues el Dios justo prueba los corazones y las mentes.
10 Mi escudo está en Dios, que salva a los rectos de corazón.
11 Dios es juez justo, y un Dios que se indigna cada día contra el impío .
12 Y si el impío no se arrepiente, El afilará su espada; tensado y preparado está su arco.
13 Ha preparado también sus armas de muerte; hace de sus flechas saetas ardientes.
14 He aquí, con la maldad sufre dolores, y concibe la iniquidad y da a luz el engaño.
15 Ha cavado una fosa y la ha ahondado, y ha caído en el hoyo que hizo.
16 Su iniquidad volverá sobre su cabeza, y su violencia descenderá sobre su coronilla.
17 Daré gracias al SEÑOR conforme a su justicia, y cantaré alabanzas al nombre del SEÑOR, el Altísimo.

8 1 Para el director del coro; sobre Gitit. Salmo de David. ¡Oh SEÑOR, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra, que has desplegado tu gloria sobre los cielos!
2 Por boca de los infantes y de los niños de pecho has establecido tu fortaleza, por causa de tus adversarios, para hacer cesar al enemigo y al vengativo.
3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has establecido,
4 digo: ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre para que lo cuides?
5 ¡Sin embargo, lo has hecho un poco menor que los ángeles, y lo coronas de gloria y majestad!
6 Tú le haces señorear sobre las obras de tus manos; todo lo has puesto bajo sus pies:
7 ovejas y bueyes, todos ellos, y también las bestias del campo,
8 las aves de los cielos y los peces del mar, cuanto atraviesa las sendas de los mares.
9 ¡Oh SEÑOR, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!

9 1 Para el director del coro; sobre Mut-laben. Salmo de David. Alabaré al SEÑOR con todo mi corazón. Todas tus maravillas contaré;
2 en ti me alegraré y me regocijaré; cantaré alabanzas a tu nombre, oh Altísimo.
3 Cuando mis enemigos retroceden, tropiezan y perecen delante de ti.
4 Porque tú has mantenido mi derecho y mi causa; te sientas en el trono juzgando con justicia.
5 Has reprendido a las naciones, has destruido al impío, has borrado su nombre para siempre jamás.
6 El enemigo ha llegado a su fin en desolación eterna, y tú has destruido sus ciudades; su recuerdo ha perecido con ellas.
7 Pero el SEÑOR permanece para siempre; ha establecido su trono para juicio,
8 y juzgará al mundo con justicia; con equidad ejecutará juicio sobre los pueblos.
9 Será también el SEÑOR baluarte para el oprimido, baluarte en tiempos de angustia.
10 En ti pondrán su confianza los que conocen tu nombre, porque tú, oh SEÑOR, no abandonas a los que te buscan.
11 Cantad alabanzas al SEÑOR, que mora en Sion; proclamad entre los pueblos sus proezas.
12 Porque el que pide cuentas de la sangre derramada, se acuerda de ellos; no olvida el clamor de los afligidos.
13 Oh SEÑOR, ten piedad de mí; mira mi aflicción por causa de los que me aborrecen, tú que me levantas de las puertas de la muerte;
14 para que yo cuente todas tus alabanzas, para que en las puertas de la hija de Sion me regocije en tu salvación.
15 Las naciones se han hundido en el foso que hicieron; en la red que escondieron, quedó prendido su pie.
16 El SEÑOR se ha dado a conocer; ha ejecutado juicio. El impío es atrapado en la obra de sus manos. (Higaion Selah)
17 Los impíos volverán al Seol, todas las naciones que se olvidan de Dios.
18 Pues el necesitado no será olvidado para siempre, ni la esperanza de los afligidos perecerá eternamente.
19 Levántate, oh SEÑOR; no prevalezca el hombre; sean juzgadas las naciones delante de ti.
20 Pon temor en ellas, oh SEÑOR; aprendan las naciones que no son sino hombres. (Selah)

10 1 ¿Por qué, oh SEÑOR, te mantienes alejado, y te escondes en tiempos de tribulación?
2 Con arrogancia el impío acosa al afligido; ¡que sea atrapado en las trampas que ha urdido!
3 Porque del deseo de su corazón se jacta el impío, y el codicioso maldice y desprecia al SEÑOR.
4 El impío, en la altivez de su rostro, no busca a Dios . Todo su pensamiento es: No hay Dios.
5 Sus caminos prosperan en todo tiempo; tus juicios, oh Dios, están en lo alto, lejos de su vista; a todos sus adversarios los desprecia.
6 Dice en su corazón: No hay quien me mueva; por todas las generaciones no sufriré adversidad.
7 Llena está su boca de blasfemia, engaño y opresión; bajo su lengua hay malicia e iniquidad.
8 Se sienta al acecho en las aldeas, en los escondrijos mata al inocente; sus ojos espían al desvalido.
9 Acecha en el escondrijo como león en su guarida; acecha para atrapar al afligido, y atrapa al afligido arrastrándolo a su red.
10 Se agazapa, se encoge, y los desdichados caen en sus garras.
11 Dice en su corazón: Dios se ha olvidado; ha escondido su rostro; no lo verá jamás.
12 Levántate, oh SEÑOR; alza, oh Dios, tu mano. No te olvides de los pobres.
13 ¿Por qué ha despreciado el impío a Dios? Ha dicho en su corazón: Tú no lo requerirás.
14 Tú lo has visto, porque has contemplado la malicia y la vejación, para hacer justicia con tu mano. A ti se acoge el desvalido; tú has sido amparo del huérfano.
15 Quiebra tú el brazo del impío y del malvado; persigue su maldad hasta que desaparezca.
16 El SEÑOR es Rey eternamente y para siempre; las naciones han perecido de su tierra.
17 Oh SEÑOR, tú has oído el deseo de los humildes; tú fortalecerás su corazón e inclinarás tu oído
18 para vindicar al huérfano y al afligido; para que no vuelva a causar terror el hombre de la tierra.

11 1 Para el director del coro. Salmo de David. En el SEÑOR me refugio; ¿cómo decís a mi alma: Huye cual ave a tu monte?
2 Porque, he aquí, los impíos tensan el arco, preparan su saeta sobre la cuerda para flechar en lo oscuro a los rectos de corazón.
3 Si los fundamentos son destruidos; ¿qué puede hacer el justo?
4 El SEÑOR está en su santo templo, el trono del SEÑOR está en los cielos; sus ojos contemplan, sus párpados examinan a los hijos de los hombres.
5 El SEÑOR prueba al justo y al impío, y su alma aborrece al que ama la violencia.
6 Sobre los impíos hará llover carbones encendidos; fuego, azufre y viento abrasador será la porción de su copa.
7 Pues el SEÑOR es justo; El ama la justicia; los rectos contemplarán su rostro.

12 1 Para el director del coro; sobre una lira de ocho cuerdas. Salmo de David. Salva, SEÑOR, porque el piadoso deja de ser; porque los fieles desaparecen de entre los hijos de los hombres.
2 Falsedad habla cada uno a su prójimo; hablan con labios lisonjeros y con doblez de corazón.
3 Corte el SEÑOR todo labio lisonjero, la lengua que habla con exageración;
4 a los que han dicho: Con nuestra lengua prevaleceremos, nuestros labios nos defienden; ¿quién es señor sobre nosotros?
5 Por la desolación del afligido, por los gemidos del menesteroso, me levantaré ahora, dice el SEÑOR; lo pondré en la seguridad que anhela.
6 Las palabras del SEÑOR son palabras puras, plata probada en un crisol en la tierra, siete veces refinada.
7 Tú, SEÑOR, los guardarás; de esta generación los preservarás para siempre.
8 En torno se pasean los impíos, cuando la vileza es exaltada entre los hijos de los hombres.

13 1 Para el director del coro. Salmo de David. ¿Hasta cuándo, oh SEÑOR? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?
2 ¿Hasta cuándo he de tomar consejo en mi alma, teniendo pesar en mi corazón todo el día? ¿Hasta cuándo mi enemigo se enaltecerá sobre mí?
3 Considera y respóndeme, oh SEÑOR, Dios mío; ilumina mis ojos, no sea que duerma el sueño de la muerte;
4 no sea que mi enemigo diga: Lo he vencido; y mis adversarios se regocijen cuando yo sea sacudido.
5 Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se regocijará en tu salvación.
6 Cantaré al SEÑOR, porque me ha colmado de bienes.

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