Historia

ABBOTT, BENJAMIN (1732-1796)

Benjamin Abbott, metodista americano, nació en 1732 en Long Island, New Jersey, y murió el 14 de agosto de 1796 en Salem, New Jersey. Su abuelo, James, había emigrado de Long Island desde Somersetshire, Inglaterra; su padre, de quien recibió su nombre, al llegar a la mayoría de edad se fue a New Jersey y allí se casó con la hija de John Burroughs, magistrado de Hunterdon County. Después regresó a Long Island, pero finalmente se estableció en Pensilvania, donde compró una plantación de cuatrocientos acres de buena tierra. Su madre murió de una afección nerviosa cuando él era muchacho y seis semanas después un ataque de viruela acabó con la vida de su padre. En su testamento el padre había estipulado que sus hijos fueran enseñados en el comercio, siendo Benjamin aprendiz de sombrerero en Filadelfia, pero rompiendo con su patrón se marchó a trabajar para su hermano como hortelano en una granja de New Jersey. En Filadelfia se había juntado con malas compañías, aficionándose a jugar a las cartas, peleas de gallos y beber. Al ser de constitución robusta y gustándole vivamente pelear iba por ferias y festejos mostrando su destreza. Cuando bebía se ponía pendenciero y a veces se metió en problemas con las autoridades. Sin embargo, era trabajador y bueno para su familia. Continuó su estilo de vida hasta los cuarenta años y siendo presbiteriano de trasfondo asistía a las reuniones, quedando en ocasiones preocupado por su alma. Tal vez heredó de su madre, quien la noche antes de morir asustó al vecindario por sus gritos pidiendo a Dios misericordia, un temperamento religioso excitable. Pasaba por temporadas de miedo y remordimiento, teniendo vívidos sueños en los que se hallaba en el infierno. Finalmente, tras temibles batallas mentales e influenciado por la predicación de Abraham Whitworth, se convirtió el 12 de octubre de 1722, uniéndose a los metodistas. Durante el resto de su vida viajó amonestando y exhortando, primero como predicador local, hablando en hogares principalmente, y luego, tras ser ordenado diácono en 1790 y anciano en 1792, como predicador de circuito. Con enardecida pasión atacaba el calvinismo y presentaba el metodismo como la única vía de salvación. Sus apelaciones eran poderosas e impresionaban tanto a sus oyentes que a menudo caían al suelo o chillaban de terror. Los soldados y otros que venían para perturbarle siempre cambiaban de parecer najo su apelación. Aunque acusado por muchos de fanatismo y hasta de demencia, sacó a muchos de los malos caminos y contribuyó no poco a la difusión del metodismo en su país.