Historia

ABEL († 764)

Abel, arzobispo de Reims, de quien se desconoce con certeza su lugar de origen, aunque es probable que fuera irlandés o escocés, murió en Lobbes el 5 de agosto de 764. Se convirtió del paganismo a la fe cristiana. Se sintió llamado a predicar en Francia, donde reinaba a la sazón Pipino de Heristal, a quien se presentó. Atraído el príncipe por su fervor cristiano, le envió a los Países Bajos, que acababa de reconquistar. Abel ganó muchos adeptos por sus denodadas labores. Al conocerlas, Bonifacio, legado del papa, lo consagró arzobispo de Reims. El cargo era muy arduo, porque todas las demandas y disputas eclesiásticas en cuanto a la disciplina monástica que surgieron en gran parte de Francia fueron remitidas a él. Además, su antecesor, Melo, había sido destituido de su cargo por el concilio de Soissons (3 de marzo de 744), y muchos barones se declararon en favor de Melo y se negaron a reconocer a Abel. Carlomán, el rey del imperio franco, favoreció al nuevo prelado; pero el papa Zacarías, después de muchas dudas, finalmente se unió a sus oponentes. Declinó conferirle el palio, y por lo tanto la elección de Abel nunca fue confirmada. Acosado por estas disputas, Abel finalmente se retiró de Reims y entregó la sede, retirándose al monasterio de Lobbes, donde halló refugio. Los monjes, a causa de su vida ejemplar, lo eligieron abad. Sus últimos años los pasó predicando en Lieja y Hainaut. Fue enterrado en Binche, cerca de Jemappes. Posteriormente fue canonizado, y en los distritos donde trabajó el día de su muerte fue consagrado a su memoria. Sus obras, que no parecen haberse impreso, son enumeradas por Dempster y Tanner: Epistolæ ad Zachariam et Adrianum; Ad Rhemensem Ecclesiam; Ad Bonifacium Legatum; Ad Lobienses Fratres; Ad nuper Conversos; De Mysteriis Fidei.