Historia
ACUÑA, ANTONIO OSORIO DE (1453-1526)
Antonio Osorio de Acuña, obispo español y conocido en la historia con el nombre casi antonomástico de el obispo Acuña, nació en Valladolid en 1453 y murió ejecutado en Simancas el 24 de marzo de 1526. Fue en efecto obispo de Zamora, cargo que debió a su grande amistad con el rey D. Fernando el Católico, quien, en recompensa de los buenos servicios prestados a su reino le elevó a esa dignidad en el año 1519. Acuña era de ilustre nacimiento y había heredado de sus mayores, con el espíritu inquieto y revoltoso de aquellos nobles, eternos enemigos y aún constantes rivales de la potestad real, el amor a los fueros y preeminencias de su clase. Estas razones, y acaso algunas otras que la historia no ha podido todavía desentrañar, le movieron a ser uno de los más activos jefes de la guerra de las Comunidades, sin que su estado eclesiástico, ni su elevada jerarquía le impidieran pelear como soldado animoso en las inmediaciones de Tordesillas con el ejército imperial, al cual derrotó. Después de este triunfo se dirigió a Toledo, donde no solamente penetró sin obstáculo, sino que fue recibido en triunfo, y proclamado arzobispo. Así las cosas, acaeció la famosa batalla de Villalar, ocurrida el día 24 de abril de 1521 y en la que fueron derrotados los comuneros. A consecuencia de esta derrota los principales jefes de aquel ejército, Padilla, Bravo y Maldonado, fueron decapitados. El arzobispo Acuña, presumiendo que se le haría sufrir la misma suerte que a sus compañeros, trató de refugiarse en Francia, pero fue detenido en la frontera y encerrado en el castillo de Simancas. No conformándose Acuña con su situación trató de fugarse, y dicen que a fin de realizar su intento, o cuando trataba de ponerlo en ejecución, se vio compelido a dar muerte al hijo del alcaide del castillo, que pretendió impedirlo y que lo impidió efectivamente, pero no sin que el obispo Acuña, en su resistencia desesperada le diese muerte con su breviario. A consecuencia de esta tentativa, el rey Carlos I dispuso que Acuña fuese tratado con todo el rigor de la ley, y lo mismo que Padilla, Juan Bravo y Maldonado, fue decapitado. La cabeza del reo fue expuesta sobre las almenas del castillo para ejemplo y escarmiento de los perturbadores.