Historia
ADRIANO I († 795)
Ayudado por Carlomagno.
Durante el asedio de la ciudad, que duró hasta junio, Carlomagno apareció súbitamente sin anunciarse en Roma. Adriano, aunque alarmado, le dio una calurosa bienvenida. El 6 de abril tuvo lugar una reunión en San Pedro en la que, según la Vita Hadriani, el emperador fue exhortado por el papa a confirmar la donación de su padre, Pipino, a lo que Carlomagno se avino haciendo algunas adiciones de territorio. Esta donación, que descansaba solamente en la autoridad de la Vita (xli-xliii), tuvo una gran importancia para el desarrollo de la soberanía temporal de los papas. La cuestión ha recibido mucha atención y su literatura es escasamente sobrepasada por cualquier otra controversia medieval. Con todo, no hay un resultado universalmente reconocido de esta reunión. Algunos historiadores (Sybel, Ranke, Martens) la consideran una invención, otros (Ficker, Duchesne) la aceptan y otros sostienen una teoría intermedia en la que habría habido interpolaciones (Scheffer-Boichorst). Todo lo que se puede mantener con certeza es que Carlomagno hizo una promesa de donación, siendo la delimitación geográfica un difícil problema.

En los años que siguieron inmediatamente al regreso de Carlomagno de Italia, sus relaciones amistosas con Adriano se deterioraron por más de una razón. El arzobispo León de Rávena tomó algunas ciudades del papa, quien se quejó a Carlomagno. Pero León visitó la corte franca para defenderse, teniendo una reacción no desfavorable. La perspicacia de Carlomagno no iba descaminada, al leer entre líneas una codicia enmascarada en las repetidas peticiones de Adriano al solicitar el cumplimento final de la promesa del año 774, alimentada por la esperanza de conseguir una recompensa celestial si agrandaba las posesiones de la Iglesia, en las profusas felicitaciones por su victoria ante los sajones, que fue atribuida a la intercesión de San Pedro, en la gratitud por la restitución de su dominio y en la comparación hecha por Adriano entre Carlomagno y 'el más temeroso emperador de Dios, Constantino el Grande' quien 'por su gran liberalidad exaltó a la Iglesia de Dios en Roma y le dio poder en Hesperia (Italia)', expresiones que causaron una controversia añadida sobre la denominada Donación de Constantino. La conciencia que Adriano tenía de su propia importancia había aumentado, como se desprende de que al principio de su papado fechaba los documentos por los años de los emperadores griegos, pero desde finales del 781 lo hizo por los años de su propio pontificado.
Carlomagno ayuda de nuevo.
Sin embargo, Adriano no podía permitirse despreciar a los griegos, quienes se unieron a los duques lombardos de Benevento y Espoleto, obligándole a pedir ayuda una vez más a Carlomagno, quien hizo una rápida incursión en Italia en el año 776, aplastando la revuelta del duque de Friuli contra él y el papa, pero sin hacer más hasta el 780. En el año 781 visitó Roma otra vez cuando sus hijos, Pipino de Italia y Luis de Aquitania, fueron ungidos como reyes. Carlomagno bajó a Italia por cuarta vez en el año 786 para derrotar a Arichis de Benevento, logrando Adriano obtener de él territorio adicional en el sur de Italia. Pero varios malos entendidos en los últimos años dieron origen a un informe según el cual Carlomagno y Offa de Mercia habían tomado consejo juntos para destituir a Adriano. La controversia iconoclasta produjo nuevos altercados con Carlomagno y con el emperador Constantino VI y su madre, la emperatriz Irene. Cuando ésta daba pasos para restaurar la veneración de imágenes en la Iglesia oriental pidió a Adriano estar presente en persona en un concilio ecuménico, o al menos mediante legados apropiados (785). En su respuesta, tras alabar a Irene y a su hijo por su determinación respeto a las imágenes, Adriano le pidió una restitución del territorio tomado de la sede romana por el emperador iconoclasta León III en el año 732, así como sus derechos patriarcales en Calabria, Sicilia y las provincias de Iliria que León había suprimido. Al mismo tiempo, renovaba la protesta hecha por Gregorio Magno contra la pretensión del título de universalis patriarcha realizada por el patriarca de Constantinopla.
Concilio de Nicea en el año 787.
Sin embargo, cuando el concilio se reunió en Nicea en el año 787, aunque se anuló la prohibición de las imágenes, no se prestó atención a las otras demandas. Las actas de este concilio, que Adriano envió a Carlomagno en el año 790, provocaron la vigorosa oposición del emperador y la redacción de los Libros Carolingios, en los que la posición de la Iglesia franca con referencia a griegos y romanos era clara y las decisiones del concilio de Nicea eran reprobadas. Aunque Adriano, tras recibir una copia, defendió el concilio con vehemencia, Carlomagno obtuvo la confirmación de los Libros Carolingios en el sínodo de Francfort en el año 794. No obstante, pudo ser de alguna consolación para los legados de Adriano que en el mismo sínodo se condenara públicamente el adopcionismo, contra el que Roma y los francos habían luchado. Adriano murió no mucho después, el 25 de diciembre del año 795.
A través de su largo pontificado estuvo dominado por la sola idea de sacar tanta ventaja como fuera posible en tierras y privilegios, de la batalla entre francos y lombardos. Rindió no pocos servicios a la ciudad de Roma, reconstruyendo los muros y acueductos y restaurando y adornando iglesias. No tuvo una fuerte personalidad y nunca pudo ejercer una influencia dominante sobre la política de Europa occidental.
Bibliografía:
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