Historia

ADRIANO II († 872)

Adriano II fue papa entre los años 867 y 872. Nació en Roma en el año 792 y murió entre el 13 de noviembre y 14 de diciembre de 872.

Adriano II, detalle de un fresco,siglo XI;
en la basílica de San Clemente, Roma
Era hijo de Talaro y pertenecía a una familia romana que ya había dado dos papas, Esteban IV (768-772) y Sergio II (844-847). Antes de entrar al estado clerical estuvo casado. Gregorio IV le hizo cardenal y gracias a su gran benevolencia se ganó el corazón de los romanos. Por dos veces rechazó el papado, una tras la muerte de León IV (855) y otra tras la de Benedicto III (858). Pero una unánime elección, tanto de clérigos como laicos, le obligó a la edad de setenta y cinco años a aceptar la sucesión de Nicolás I, quien murió el 13 de noviembre del año 867. La elección fue confirmada por el emperador Luis II y la consagración de Adriano se realizó el 14 de diciembre.

Obliga a Lotario II a recibir a su esposa.
Su predecesor le había dejado un buen número de tareas inacabadas. En primer lugar era necesario llegar a una decisión final sobre un asunto que durante tiempo había perturbado profundamente a la Iglesia franca, esto es, la relación matrimonial del rey Lotario II. Adriano insistió firmemente en que Lotario debía recibir a su esposa legítima Tietberga, liberando a su amante Walrada de la excomunión pronunciada contra ella por Nicolás I, a solicitud de Luis II, a condición de que no tuviera nada más que ver con Lotario. Éste visitó Roma en el año 869 con el propósito de ganarse el consentimiento del papa para divorciarse de Tietberga. Adriano solo le prometió la convocatoria de un nuevo concilio para estudiar el asunto, pero restauró a Lotario a la comunión tras jurar que había obedecido el mandato de Nicolás I de romper sus relaciones con Walrada. La súbita muerte del rey en Piacenza en el viaje de regreso se consideró un juicio de Dios. Los esfuerzos del papa para fortalecer las demandas de Luis II sobre Lorena fueron infructuosos. Inmediatamente tras la muerte de su tío Lotario, Carlos el Calvo se coronó a sí mismo en Metz, aunque menos de un año más tarde fue obligado por su hermano, Luis el Germánico, a dividir la herencia de Lotario en el tratado de Meersen del 8 de agosto del año 870.

Enfrentado a Hincmaro de Reims.
Los intentos de Adriano de interferir en los asuntos francos fueron obstinadamente resistidos por Hincmaro de Reims, quien escribió (Epist., xxvii) que, según las opiniones de ciertos hombres cercanos al rey franco occidental, un papa no podía ser obispo y rey al mismo tiempo y que los predecesores de Adriano solo habían reclamado intervenir en asuntos eclesiásticos y que quien intentara excomulgar a un cristiano injustamente, quedaba privado del poder de las llaves. Cuando un sínodo en Douzy cerca de Sedan en agosto del año 871 excomulgó al obispo Hincmaro de Laon por graves cargos pronunciados contra él por el rey y por su propio tío, el famoso Hincmaro de Reims, el papa le permitió una apelación a un concilio romano, lo que provocó en consecuencia una advertencia más severa de Carlos el Calvo a través de la pluma de Hincmaro de Reims (MPL, cxxiv. 881-896), con la amenaza de presentarse él mismo en Roma. Adriano se retractó. Escribió a Carlos alabándole por sus virtudes y beneficios a la Iglesia, prometiéndole la corona imperial a la muerte de Luis y ofreciéndole la tranquilizadora explicación de que las anteriores cartas menos pacíficas habían sido o bien escritas por él bajo coacción cuando estaba enfermo o eran falsas. En el asunto de Hincmaro de Laon hizo concesiones parciales que serían completadas por su sucesor Juan VIII.

Conflicto con Focio.
Otro conflicto que Nicolás I dejó a Adriano, el de Focio, patriarca de Constantinopla, parecía tener una solución fácil, pues Focio fue condenado por un sínodo romano el 10 de junio del año 869 y luego por un concilio ecuménico en Constantinopla en el mismo año, donde los legados papales tomaron una posición que parecía dar por satisfechas las demandas de Roma. Pero el emperador Basilio el Macedonio dio a esas demandas un rudo golpe, cuando hizo que los enviados de los búlgaros declararan a los legados papales que su país pertenecía al patriarca no de Roma sino de Constantinopla. Las protestas de Adriano fueron en vano; un arzobispo griego fue enviado a los búlgaros y los misioneros latinos tuvieron que cederle su lugar. Moravia, por otra parte, quedó firmemente anexionada a Roma, permitiendo Adriano el uso de la liturgia eslava y nombrando a Metodio arzobispo de Sirmio.


Bibliografía:
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