Historia

AGILULFO († 615)

Agilulfo o Agón, duque de Turín y rey de los lombardos, murió en Pavía en 615. Debió su elevación al trono a la elección que para esposo hizo de él Teodolinda, viuda de Autaris, tercer rey de los lombardos. A ruegos de ella abjuró del arrianismo, haciéndose católico. La elección de Teodolinda fue ratificada por los jefes lombardos, reunidos en las cercanías de Milán en el año 591. Agilulfo fue el primer soberano lombardo que ciñó la corona de hierro, que se conserva aún en Milán y se sacaba solemnemente para la coronación de los reyes de Italia. En 593 se sublevaron contra su autoridad varios duques, apoyados por el exarca de Rávena, que gobernaba aquel país en nombre de Focas, emperador de Constantinopla. Los griegos, sin previa declaración de guerra, se apoderaron y llevaron presos a su hija Gilda y a su yerno, llamado Godschalt, por lo que Agilulfo pactó una alianza con los ávaros, que le facilitaron un contingente de tropas, gracias al cual pudo apoderarse de Padua, Mantua y Cremona, ciudades que formaban parte del exarcado, y hubiera tomado Roma si Teodolinda no lo hubiera impedido, haciendo observar a su esposo que la amistad de los obispos y clero valía más que la posesión de aquella ciudad. Teodolinda, uniendo sus esfuerzos a los del papa Gregorio I, suavizó las costumbres de sus súbditos y propagó entre ellos el catolicismo, haciendo coincidir el reinado de Agilulfo con el tiempo de mayor esplendor del reino lombardo. No fue de larga duración la prosperidad de éste, por cuanto, a pesar de las reformas legislativas de Rotaris y de las brillantes conquistas de Luitprando, ocurridas mucho después de la muerte de Agilulfo, el reino lombardo, por causa de sus discordias internas, se preparaba ya para ser uno de los dominios de la floreciente dinastía carlovingia. A la muerte de Agilulfo, le sucedió en el trono su hijo Adaloaldo, menor de edad, quedando Teodolinda desempeñando la regencia.