Historia

AGOBARDO (779-840)

Agobardo, arzobispo de Lyón entre los años 816 y 840, nació probablemente en España en el año 779 y murió en Saintonge, una antigua provincia del oeste de Francia, el 6 de junio del año 840. Nada se sabe de su juventud. Fue a Lyón en el año 792, siendo educado seguramente por Leidrado, arzobispo de esa ciudad y uno de los más diligentes colaboradores de Carlomagno en su labor cultural. Más tarde Agobardo sería ayudante de Leidrado y a su muerte le sucedió en el cargo. Cuando el orden de sucesión establecido por Ludovico Pío en el año 817, principalmente por influencia eclesiástica, fue puesto a un lado a instigación de la emperatriz Judit (829), Agobardo fue uno de sus más celosos defensores. No parece que tomara parte en el levantamiento del año 830, pero en el 833 estaba entre los mayores oponentes de Ludovico. Aprobó la destitución del emperador y fue uno de los obispos que le obligaron a humillarse en Soissons. Al recuperar Ludovico su poder en 835, Agobardo fue desposeído del cargo, si bien pudo recuperarlo más tarde reconciliándose con Ludovico.

Agobardo ocupa un lugar de honor en los anales de la cultura carolingia. En sus tratados estrictamente teológicos, como el Liber adversus dogma Felicis, contra el adopcionismo y otro contra la adoración de imágenes, es simplemente un compilador como cualquiera de sus contemporáneos. Sin embargo, en una polémica con Fredegis, abad de San Martín de Tours, sobre la cuestión de la inspiración, habla con franqueza contra la doctrina de la inspiración verbal, aunque declara estar gobernado por la tradición de los maestros ortodoxos. En sus escritos políticos estuvo menos gobernado por las ideas tradicionales. No tuvo temor de tocar una de las cuestiones más difíciles de su tiempo, como era la restitución de las propiedades de la Iglesia, en la dieta celebrada en Attigny en el año 822, renovando la exigencia en el tratado De dispensatione ecclesiarum rerum. Su Comparatio utriusque regiminis ecclesiastici et politici (833) es uno de los primeros escritos en los que se afirma que el emperador debe someterse al papa. Escribió un libro contra la superstición popular de que las tormentas estaban causadas por la magia, basando sus argumentos en fundamentos religiosos, aunque apelando a la sana razón. Adelantándose a su época negó la justicia de las ordalías mediante batalla, escribiendo un tratado contra esa práctica. También tuvo cierta erudición litúrgica, estableciendo en el prefacio a su revisado antifonario que solo debían usarse las palabras de la Sagrada Escritura.


Bibliografía:
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