Ailred (Ælred, Ethelred),
abad de la
abadía cisterciense de Rievaulx en Inglaterra, a 32 kilómetros al norte de
York, nació en Hexham, a 32 kilómetros al oeste de Newcastle-upon-Tyne, probablemente en 1109 y murió en Rievaulx el 12 de enero de 1166. Se dice que cuando era niño hizo promesa de su futura santidad y que profetizó la
muerte de un mal
arzobispo de York. Pero los editores de la biografía de Ailred en
Acta SS. Bolland encuentran una dificultad en esa afirmación, pues el único arzobispo que cuadraría en cuanto a la fecha sería Thomas II († 1114), quien en ninguna manera fue hombre malvado, mientras que el arzobispo Gerard, que ciertamente no fue un hombre bueno, murió en 1108 y ellos sugieren que Ailred nació un poco antes de 1109, fecha en la que el anónimo biógrafo sitúa su nacimiento al afirmar que vivió 57 años. Sin embargo, es bastante probable que el biógrafo pueda haber tenido un conocimiento imperfecto de los tratos de Thomas con el padre de Ailred, a quien incitó a dejar su puesto en Hexham, atribuyéndole, por tanto, un mal carácter. Ailred pasó su juventud en la corte de David, rey de Escocia, y mientras estuvo allí dejó una impronta de su mansa personalidad al perdonar a uno de sus enemigos que le había calumniado. David le tuvo afecto y le habría hecho
obispo, pero él prefirió ser monje, ingresando en la abadía cisterciense de Rievaulx, Yorkshire, fundada por
Walter Espec en 1131. Allí ejerció el cargo de maestro de novicios, mostrando gran ternura y paciencia con ellos. Fue abad de Revesby en Lincolnshire, otra casa cisterciense en 1142, donde fue probablemente el primer abad. En 1146 fue escogido abad de Rievaulx. Evidentemente estuvo en buenas relaciones con Enrique II, pue se debió a sus exhortaciones que el rey se uniera a Luis VII de Francia para reunirse con
Alejandro III en Touci en septiembre de 1162. Aunque sufría de mala salud, asistió al
capítulo de su orden en Citeaux y en el camino comenzó a componer una eulogía en prosa rítmica en honor de
Cuthbert, por quien, como miembro de una familia de
Durham, sentía gran veneración. Cuando llegó a Citeaux dejó este trabajo, siendo acompañado en el camino de regreso por varios abades, pero se retrasó el cruce del Canal durante quince días por vientos contrarios. Considerando que la causa del retraso era por su dejadez hacia la obra de Cuthbert, retomó la obra y el viento fue favorable. Nada más se sabe de la composición. Fue amigo de Reginald, monje de Durham, a quien envió a visitar al
ermitaño Godric para recopilar materiales para escribir su vida, obra en la que Ailred le ayudó. Reginald también escribió
Life of St. Cuthbert por petición de Ailred y con su ayuda, citándole como autoridad de varias
leyendas que contiene. El 13 de octubre de 1163 estuvo presente en el traslado del cadáver de
Eduardo el Confesor a Westminster, ofreciéndole su
Life of the Confessor y una
homilía sobre las palabras 'Nemo accendit lumen', escrita en su alabanza. Al año siguiente fue en una misión a los pictos de Galloway, que entonces estaban en una condición incivilizada, luchando constantemente entre sí, y sumidos en el vicio y la ignorancia. Estaba en Kirkcudbright el 20 de marzo e indujo al jefe de los pictos a hacerse monje. También visitó Melrose en la actual Roxburghshire y Lauderdale en la actual Berwickshire. Durante los últimos diez años de su vida sufrió mucho de gota y piedras, pero a pesar de su debilidad corporal continuó comiendo tan escasamente que era 'más un fantasma que un hombre.' Durante 1165 sufrió de una aguda tos, por lo que, cuando regresaba de
misa, no podía hablar ni moverse, echándose exhausto sobre su camastro. Se dice que un día, cuando su enfermedad era muy aguda y se sentó sobre una estera ante el fuego con su cabeza sobre sus rodillas, entró uno de los monjes en la estancia, y, tras declarar que era sólo escombro, le echó, con la estera, al fuego. Los otros monjes le sacaron y agarraron al culpable. Pero Ailred exclamó que no había sufrido daño, ordenando que no se le castigara, besándolo y perdonándolo. Al morir fue
enterrado en Rievaulx, donde
Leland vio su tumba, adornada con oro y plata. Fue
canonizado en 1191.
Escribió obras históricas y teológicas, hallándose entre las primeras Vita et Miracula S. Edwardi Regis et Confessoris, escrita a petición de Lorenzo, abad de Westminster, con un prólogo dirigido a Enrique II. Esta biografía se deriva de una anterior de Osbert u Osbert de Clare, prior de Westminster, siendo compilada para el traslado del cuerpo de Eduardo en 1163. A su vez es la base de otra obra de una biografía métrica del Confesor, escrita a mediados del siglo XIII y de un poema latino del reinado de Enrique VI, ambos impresos en Lives of Edward the Confessor, edición de Luard (Rolls Series); De Bello Standardii, un valioso tratado sobre la batalla 'de los Standard' librada cerca de Northallerton el 22 de agosto de 1138, entre el ejército de David de Escocia y las fuerzas del norte de Inglaterra. En esta narración Walter Espec es el principal dirigente del lado inglés; De generositate... regis David; De geneaologia regum Anglorum, que contiene algunas refrencias útiles sobre la familia de Malcolm; De Sanctimoniali de Watton, una revuelta historia de la vida monástica; De Miraculis Hagustaldensis Ecclesiæ; De fundatione Monasteriorum St. Mariæ Ebor, de et Fontibus; Epitaphium regum Scotorum; Chronica ab Adam ad Henricum I. Las obras teológicas de Ailred fueron recopiladas por Richard Gibbons, siendo: Opera Divi Aelredi Rhievallensis; Sermones de Onere Babylonis; Speculum charitatis; Compendium Speculi Charitatis; De Spirituali amicitia; De duodecimo anno Christi; Sermones; Regula sive institutio inclusarum; De natura animæ; Fasciculus frondium. Todas sus obras impresas, con biografía de un autor anónimo, están en MPL, cxcv.
El texto siguiente procede de su obra Speculum charitatis:
'Nuestro alimento es escaso, nuestra indumentaria tosca; nuestra bebida procede del río y dormimos a veces sobre nuestro libro. Bajo nuestros cansados miembros no hay sino una dura estera; cuando el sueño es más placentero hemos de levantarnos al toque de la campana... La voluntad propia no tiene cabida; no hay instante para la disipación ni el ocio... Todo es paz, todo serenidad y una maravillosa libertad del tumulto del mundo. Hay tal unidad y concordia entre los hermanos que cada cosa parece pertenecer a todos y todo a cada uno... En resumen, ninguna perfección expresada en las palabras del evangelio o de los apóstoles o en los escritos de los Padres o en los dichos de los monjes antiguos, falta en nuestro orden y manera de vida.'
Bibliografía:
Thos. Wright, Biographia Britannica literaria, ii. 187-196, London, 1846; J. H. Newman, Lives of the English Saints, 2 vol., ib. 1845-46; A. P. Forbes, en Lives of St. Ninian, St. Kentigern, St. Columba, Introduction, ib. 1875; Ethelred, en DNB, xviii. 33-35.