Historia

ALBERTO MAGNO (1193-1280)

Alberto Magno, fundador del periodo más floreciente del escolasticismo, nació en Lauingen, a 42 kilómetros al noroeste de Augsburgo, Baviera, en 1193 y murió en Colonia el 15 de noviembre de 1280.

Alberto Magno, detalle de un fresco por Tommaso da Modena,c. 1352; en la iglesia de San Nicolo, Treviso, Italia
Alberto Magno, detalle de un fresco por Tommaso da Modena,
c. 1352; en la iglesia de San Nicolo, Treviso, Italia
Estudió en Pavía y luego en Padua, familiarizándose con los escritos de Aristóteles, e ingresando en la orden dominica en 1223. Tras haber aprendido filosofía, matemáticas y medicina, pasó a Bolonia, donde se dedicó al estudio de la teología. Sirvió como lector en varias escuelas conventuales de la orden en Estrasburgo, Friburgo y Colonia, y sobre todo en Ratisbona, Lausana e Hildesheim, siempre con éxito brillante. En 1245 fue a París, obteniendo su título de maestría en teología. En una plaza, de nombre Maubert, abreviatura de Magister Albert, al aire libre tuvo necesidad de explicar, para que pudieran oírle el crecido número de sus alumnos. En 1248 regresó a Colonia como primarius lector y regens de la escuela en esa ciudad. En 1254 un capítulo general de la orden en Worms le escogió como provincial para Alemania, tras lo cual recorrió el país a pie de un extremo a otro, visitando los monasterios e imponiendo la disciplina eclesiástica. Durante ese periodo defendió públicamente a los dominicos contra la universidad de París, comentó a San Juan, contestó los errores del filósofo árabe Averroes y desempeñó por algún tiempo el cargo de predicador de la corte pontificia. En 1260 Alejandro IV le hizo obispo de Ratisbona, pero este oficio estaba tan poco en armonía con su carácter y facultades como maestro y escritor que, tras dos años, renunció, retirándose a un monasterio en Colonia, donde pasó el resto de su vida, aunque hizo muchas breves visitas a otros lugares, como cuando fue a París para vindicar la ortodoxia de su alumno Tomás de Aquino.

Como autor Alberto demostró una versatilidad tal que le procuró el título de doctor universalis, aunque por su conocimiento de las ciencias naturales y sus aplicaciones prácticas fuera considerado un hechicero en la estimación popular. Sus obras llenan veintiún volúmenes en folio. Abarcan la lógica, física, metafísica, psicología, ética y teología. Mediante el uso de traducciones del árabe y versiones greco-latinas, expuso completamente el sistema filosófico de Aristóteles, salvo la Política, modificando su interpretación en interés de la Iglesia. De esta forma la influencia de Aristóteles desplazó al platonismo y neoplatonismo en el escolasticismo. En un momento en el que la dialéctica estaba necesitada de un nuevo método, la introducción de la lógica aristotélica proporcionó un sutil y agudo instrumento para la investigación y discusión. Para Alberto la lógica no era propiamente una ciencia, sino un medio para llegar a lo desconocido a partir de lo conocido. Siguiendo a Avicena, a quien considera el principal comentarista de Aristóteles, afirma que los universales existen en tres modos: (1) Antes de los individuos, como ideas o tipos en la mente divina (Platón); (2) en los individuos, siendo comunes a todos ellos (Aristóteles); (3) después de los individuos, como una abstracción del pensamiento (conceptualistas y nominalistas). De esta manera busca armonizar las enseñanzas rivales sobre los universales. Al exponer las teorías físicas de Aristóteles muestra que comparte el surgimiento del espíritu científico de la época, especialmente en su crítica a la alquimia y en De vegetabilibus et plantis, que abunda en observaciones brillantes.

Mapa del escolasticismo y misticismo medieval
Las principales obras teológicas de Alberto son un comentario (3 volúmenes) sobre las Sentencias de Pedro Lombardo y Summum theologiæ en una línea más didáctica. La doctrina de la 'doble verdad' ya había sido aceptada por sus contemporáneos, es decir, que una verdad puede serlo en filosofía y no en teología y viceversa. Sin embargo, los pensadores cristianos estaban profundamente perplejos por la fuerte oposición entre las ideas extraídas del pensamiento científico y filosófico griego y las derivadas de la tradición religiosa. Alberto quiso suavizar esta antinomia estableciendo una distinción entre religión natural y revelada, lo que llegaría a ser un postulado de la teología medieval y posterior. Como el alma sólo puede conocer lo que es según su propia naturaleza, se eleva al misterio de la Trinidad, la Encarnación y otras doctrinas cristianas específicas solo por medio de la iluminación sobrenatural. De ahí el bien conocido dicho: "La revelación está por encima, pero no es contraria a la razón." Por una parte, el intento de "racionalizar" el contenido de la revelación ha de abandonarse; por otra, la filosofía debe modificarse en aras de la fe. El mérito que pertenece a la fe consiste en su aceptación de la verdad que viene solo a través de la revelación. En la discusión sobre el ser y los atributos de Dios, sobre el mundo creado en el tiempo en oposición a la eternidad de la materia como sostenía Aristóteles, sobre los ángeles, milagros, el alma, el pecado y el libre albedrío, la gracia y finalmente el pecado original y actual, aplica la lógica aristotélica de la manera más rígida y cuando este sistema falla Alberto se defiende con la distinción entre filosofía y teología. A pesar de su entendimiento y sutileza argumentativa, Alberto hizo evidente que con sus presuposiciones y con su método es imposible una decisión final entre las afirmaciones de la razón y de la fe, es decir, una unidad de la inteligencia. Además de su vasta erudición, su importancia radica en la profunda influencia sobre el escolasticismo y la posterior teología protestante al introducir la lógica y metafísica aristotélicas en lugar de las ideas platónicas y neoplatónicas; también al clarificar y organizar en un grado nunca antes alcanzado en el pensamiento de la Iglesia la antigua oposición entre el sobrenaturalismo judío y el racionalismo griego. Por la falsa antítesis así creada entre razón y revelación, preparó el camino para el largo conflicto entre teología y ciencia, razón y dogma, naturalismo y sobrenaturalismo, juicio individual y autoridad colectiva que todavía está sin resolver.


Bibliografía:
J. Sighart, Albertus Magnus, sein Leben und seine Wissenschaft, Ratisbona, 1857; B. Gauslinus, Albertus Magnus, Venecia, 1630; F. A. Pouchet, Histoire des sciences naturelles au moyen-âge, ou Albert le Grand et son époque, París, 1853; M. Joel, Verhältniss Albert des Grossen zu Moses Maimonides, Breslau, 1863; O. d’Assailly, Albert le Grand, París, 1870; W. Preger, Geschichte der deutschen Mystik im Mittelalter, Leipzig, 1874; Albertus Magnus en Geschichte und Sage, Coloia, 1880; G. von Hertling, Albertus Magnus, ib. 1880; R. de Liechty, Albert le Grand et S. Thomas d’Aquin, París, 1880; J. Bach, Des Albertus Magnus Verhältniss zu der Erkenntnisslehre der Grischen, Late ner, Araber und Juden, Viena, 1881; A. Schneider, Die Psychologie Alberts des Grossen, Münster, 1903; A. Stöckl, Geschichte der scholastischen Philosophie, 3 vol., Mains, 1864-66; J. E. Erdmann, Grundriss der Geschichte der Philosophie, i., 4ª ed., 1895.