Historia

ALEJANDRO DE ALEJANDRÍA († 328)

Alejandro fue designado sucesor de Aquiles como obispo de Alejandría hacia el año 312. Las virtudes de ese prelado, que Eusebio pasó por alto sin mencionarlo, fueron grandemente ensalzadas por otros escritores eclesiásticos, siendo denominado 'el más firme defensor de la doctrina evangélica', 'patrón y protector de la doctrina apostólica' y 'obispo de fe divina, lleno de sabiduría y celo insuflado por el Espíritu Santo'. La cuestión cristológica se había convertido en un tema candente en Egipto. Alejandro, tanto en la iglesia como en reuniones jerárquicas, la había hecho suya y refutado ideas falsas, tal como Arrio le recordó a Epifanio, Epist. Arii ad Alex.). Según Sócrates (i. 5), Alejandro dio el primer impulso a la controversia al insistir, en una reunión de presbíteros y otros clérigos, en la eternidad del Hijo, a lo cual Arrio se opuso abiertamente y le acusó de sabelianismo. Arrio razonó de esta manera: 'Si el Padre engendró al Hijo, ha de ser más antiguo que el Hijo y por tanto hubo un tiempo cuando el Hijo no era; de ahí se sigue que el Hijo tiene su subsistencia (hypostasis) de la nada'. Los relatos de Sozomeno (i. 15) y Epifanio difieren al fechar el conflicto de las discusiones entre presbíteros y laicos, especificando Sozomeno que Alejandro al principio no tomó posición entre las dos opiniones. En el año 320 o 321 Alejandro convocó un sínodo de unos cien obispos egipcios y libios en Alejandría, que excomulgó a Arrio y sus seguidores. Pero Arrio encontró poderosos amigos en Eusebio de Nicomedia, Eusebio de Cesarea, Paulino de Tiro, Gregorio de Berito, Aecio de Lida y otros obispos que compartían sus ideas o al menos lo consideraban inocente. Arrio encontró refugio con Eusebio en Nicomedia, que había sido la residencia imperial desde Diocleciano, esparciendo sus ideas en una obra semi-poética titulada Thalia (El Banquete), de la que Atanasio ha preservado fragmentos. Alejandro se defendió y avisó contra los arrianos en una carta que envió a muchos obispos (Epifanio, lxix. 4, dice setenta; Sócrates menciona la carta, i. 6). Arrio apeló a Eusebio de Cesarea y otros para conseguir su restauración como presbítero, consiguiendo de un sínodo en Tierra Santa la autorización para trabajar en Alejandría, sujeto a la autoridad del obispo Alejandro. En poco tiempo, toda la Iglesia oriental quedó sumida en la controversia. El emperador Constantino, perturbado por la polémica, escribió a Alejandro y a Arrio sobre lo que él consideraba una mera discusión de palabras, enviando a Osio de Córdoba a Egipto para que mediara entre las partes contendientes (Sócrates, i. 7 proporciona la carta como también Eusebio, Vita Const., ii). Para resolver la cuestión, el emperador convocó el primer concilio ecuménico en Nicea, en el que también se trataría la fecha de la celebración de la Pascua y el cisma meleciano en Egipto. Arrio y su doctrina saldrían condenados en el mismo.

En su controversia contra el arrianismo Alejandro escribió algunas cartas, en las que expone sus errores. El siguiente pasaje es de una encíclica que debió escribir hacia el año 324, después de la primera condenación de Arrio en el sínodo de Alejandría:

'Arrio y Aquiles se han confabulado recientemente para conspirar, emulando la ambición de Coluto, haciéndose mucho peores que éste. En efecto, Coluto es una reprensión contra estos hombres, pues él siquiera tuvo algún pretexto para sus perversos fines; éstos, en cambio, viendo cómo traficaba aquél con Cristo, no pudieron soportar por más tiempo el seguir sometidos a la Iglesia. Se han construido para sí guaridas de ladrones y en ellas tienen continuamente sus asambleas, lanzando día y noche sus calumnias contra Cristo y contra nosotros. A la manera de los judíos, ponen en tela de juicio todas las doctrinas piadosas y apostólicas, y han levantado una oficina para luchar contra Cristo, negando la divinidad de nuestro Salvador y predicando que es igual a todos los demás. Han reunido todos los pasajes que hablan de su plan redentor y de su humillación por causa nuestra, y tratan de deducir de ellos la predicación de su impiedad, rechazando en absoluto los pasajes que afirman su divinidad eterna y su inefable gloria en el Padre. Como respaldan la impía opinión de judíos y griegos respecto de Cristo, tratan por todos los medios de ganar su aprobación, ocupándose de todo lo que aquéllos acostumbran a ridiculizar en nosotros y provocando diariamente sediciones y persecuciones contra nosotros... Ahora bien, aunque, a causa de su disimulo, hemos descubierto más bien tarde su manera de vivir y sus impíos propósitos, los liemos arrojado por unanimidad fuera de la Iglesia, que adora la divinidad de Cristo.'
Los siguientes textos nos muestran la teología de Alejandro y la refutación que hace de las enseñanzas arrianas:
'Por consiguiente, deberíamos reservar al Padre ingénito su propia dignidad, proclamando que nadie es la causa de su existencia; pero al Hijo hay que reconocerle el honor que le corresponde, atribuyéndole, como dijimos, una generación del Padre que carece de principio y tributándole adoración, aplicándole a él sólo, con piedad y propiedad, las expresiones «fue», «siempre.» y «antes de todos los siglos»; sin negarle de ningún modo la divinidad, antes bien atribuyéndole la total semejanza en todo que corresponde a la Imagen y Ejemplar del Padre. Pero debemos decir que sólo al Padre pertenece la propiedad de ser ingénito, pues el mismo Salvador dijo: «Mi Padre es mayor que yo» (Oísteis que yo os dije: "Me voy, y vendré a vosotros." Si me amarais, os regocijaríais porque voy al Padre, ya que el Padre es mayor que yo.[…]Juan 14:28)...

¿Cómo no va a ser una impiedad el decir que la Sabiduría de Dios no existió durante algún tiempo, cuando ella dice de sí misma:«Estaba yo con El como arquitecto de todo, siendo siempre su delicia» (yo estaba entonces junto a El, como arquitecto; y era su delicia de día en día, regocijándome en todo tiempo en su presencia,[…]Proverbios 8:30); o que hubo un tiempo en que el poder de Dios no existía: o que algún tiempo su Verbo estuvo mutilado; o que faltaban otras cosas por las cuales se conoce al Hijo y se caracteriza el Padre? Pues quien afirma que el resplandor de la gloria no existía, elimina también la luz original, cuyo resplandor es. Y si la imagen de Dios no existió siempre, es evidente que tampoco existió siempre Aquel cuya imagen es. Además, al decir que no existía el carácter de la subsistencia de Dios, se elimina también a Aquel que se expresa perfectamente en dicha imagen...

De todo esto se puede deducir que la filiación de nuestro Salvador no tiene nada que ver con la filiación de los demás. Pues, así como se ha probado que su inexplicable subsistencia está por encima de todos los demás seres, a quienes ha dado él la existencia, con una superioridad que no admite comparación, así también su filiación, que es según la naturaleza de la divinidad del Padre, trasciende, con una superioridad que no cabe explicar, la filiación de aquellos que han sido adoptados por él.
Además, en los Salmos el Salvador dice: «El Señor me ha dicho: Tú eres mi Hijo» (Ciertamente anunciaré el decreto del SEÑOR que me dijo: "Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.[…]Salmos 2:7). Al decir aquí que El es el Hijo verdadero y genuino, da a entender que no hay otros hijos genuinos más que El. ¿Y cuál es también el significado de esto: «Desde el seno, antes de la aurora, te engendré»? (Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder; en el esplendor de la santidad, desde el seno de la aurora; tu juventud es para ti como el rocío.[…]Salmo 110:3). ¿No indica llanamente la filiación natural de la generación paterna, que no la obtuvo por arreglar cuidadosamente sus modales ni mediante el ejercicio y progreso en las virtudes, sino por propiedad de naturaleza? Por tanto, el Hijo unigénito del Padre posee ciertamente una filiación indefectible; en cambio, a los hijos racionales la adopción no les pertenece por naturaleza, sino que se les concede por la integridad de sus vidas y como don gratuito de Dios...

Después de esto, profesamos la resurrección de los muertos, cuyas primicias fue nuestro Señor Jesucristo, quien realmente, y no sólo en apariencia, tomo un cuerpo de María, la Madre de Dios...
Estos ignorantes no saben cuán grande, es la diferencia entre el Padre ingénito y los seres, tanto racionales como irracionales, que fueron creados por El de la nada. En medio de ellos, ocupando un lugar intermedio, la naturaleza unigénita de Dios el Verbo por quien el Padre creó todas las cosas de la nada, fue engendrado del mismo verdadero Padre.'