Alejandro II (Anselmo Badagio, a veces llamado Anselmo de Lucca) fue papa entre el 30 de septiembre del año 1061 y el 21 de abril del 1073.
Alejandro IINació en una noble familia de Baggio, cerca de Milán. Cuando el movimiento reformista patarino comenzó en el año 1056 parece que se unió al mismo. El arzobispo Guido lo trasladó enviándolo a una embajada en la corte imperial, donde se ganó la confianza de Enrique III, quien influyó para que ocupara el episcopado de Lucca en 1057. Fue enviado en ese año y en 1059 a Milán como legado en relación a las cuestiones surgidas con los patarinos. A la muerte de Nicolás II (1061) fue elegido papa por influencia de Hildebrando, lo que contravenía los derechos imperiales confirmados por Nicolás II mismo en el año 1059. La emperatriz Inés, como regente, convocó una asamblea de notables en Basilea, siendo escogido papa Cadalo de Parma por los obispos alemanes y lombardos, tomando el título de Honorio II. Cuando ya había derrotado a los seguidores de su rival en una sangrienta batalla a las puertas de Roma apareció Godofredo de Lorena exhortando a ambos contendientes a someter la elección al joven rey Enrique IV. En un sínodo de obispos alemanes e italianos celebrado en Augsburgo en octubre del año 1062, Anno de Colonia, ahora regente, dispuso que su sobrino Burchard de Halberstadt fuera enviado a Roma para examinar el caso y tomar una decisión preliminar. Burchard se inclinó a favor de Alejandro, quien volvió a Roma a comienzos del año 1063, convocando un sínodo en Pascua en el que excomulgó a Honorio. La decisión final del conflicto se tomó en el sínodo de obispos alemanes e italianos celebrado en Pentecostés del año 1064 en Mantua. Honorio no abandonó sus pretensiones hasta su muerte en el año 1072, aunque su poder se redujo a su diócesis de Parma. Incluso durante la disputa, Alejandro ejerció considerable autoridad sobre la Iglesia occidental y tras la decisión de Mantua la extendió a Alemania, poniendo al arzobispo Anno de Colonia en disciplina por haber visitado a Cadalo en una misión secular. Enrique IV se sometió al poder papal y cuando quiso divorciarse de su esposa Berta, Pedro Damián le amenazó con las más severas penas eclesiásticas en la dieta de Frankfurt de octubre del año 1069. Alejandro también entró en conflicto con Enrique sobre varias designaciones eclesiásticas, de las cuales la más importante fue el arzobispado de Milán, y cuando el rey persistió en consagrar a su candidato Godofredo, aunque el papa lo había juzgado culpable de simonía, los consejeros reales fueron excomulgados por haber promovido la separación de su amo de la unidad de la Iglesia. Esto no fue sino el comienzo de una larga lucha que heredó el siguiente papa, Gregorio VII.
Alejandro trató en similar manera a otras naciones. Ayudó a los normandos en el norte y sur de Europa en su carrera de conquista, ayudando a Guillermo el Conquistador a consolidar su recién ganado poder en Inglaterra, al nombrar su legado a normandos para las sedes episcopales de ese país. El arzobispado de Canterbury le fue dado a Lanfranco, abad de Bec, bajo quien Alejandro había recibido su primera enseñanza. Sus afirmaciones de jurisdicción universal estuvieron en agudo contraste con su debilidad dentro de Roma misma, donde las turbulentas facciones mantuvieron una incesante lucha contra él mientras vivió. Sus cartas y documentos están en MPL, cxlvi. 1279-1430.
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