Historia

ALEJANDRO IV (1199-1261)

Alejandro IV (Rinaldo di Conti) fue papa entre los años 1254 y 1261.

Alejandro IV
Alejandro IV
Fue nombrado cardenal-diácono el 18 de septiembre de 1227 por su tío Gregorio IX y en 1231 cardenal-obispo de Ostia. Como cardenal no parece haber sido fuertemente anti-imperial, pues Federico II le escribió en 1233 y 1242 en tono amistoso. A la muerte de Inocencio IV el 13 de diciembre del año 1254 Alejandro fue elegido para sucederle, comenzando a seguir desde ese momento la política de sus predecesores. Conrado IV, en su lecho de muerte, había encomendado a su hijo de dos años, Conradino heredero del ducado de Suabia y de los reinos de Sicilia y Jerusalén, al cuidado de la Iglesia. Alejandro aceptó el cargo con las más benevolentes promesas, pero menos de dos semanas después exigió que los nobles suabos abandonaran a Conradino en favor de Alfonso de Castilla. El 25 de marzo del año 1255 excomulgó a Manfredo, tío de Conradino, que defendía Sicilia en nombre del niño y el 9 de abril hizo alianza con Enrique III de Inglaterra, a cuyo hijo Edmundo le entregó Sicilia y Apulia como feudos papales. Cuando algunos príncipes alemanes hablaron en 1254 de designar a Ottocar de Bohemia como candidato al trono en oposición a Guillermo de Holanda, protegido papal, les prohibió dar cualquier paso en la elección del rey durante la vida de Guillermo y cuando éste murió prohibió a los arzobispos de Colonia, Tréveris y Maguncia poner a Conradino en el trono de su padre. En la disputa por el trono que surgió entre Alfonso X de Castilla y Ricardo de Cornualles, hermano de Enrique III de Inglaterra, el papa, cuyo apoyo solicitaban ambas partes, tomó el lado del último, prometiéndole el 30 de abril de 1259 no solamente el apoyo de sus legados en Alemania sino la esperaza de la corona imperial. El dinero del rey inglés tuvo algo que ver en esta inclinación, toda vez que Alejandro lo necesitaba para su disputa contra Manfredo. En agosto de 1258, ante el rumor de la muerte de Conradino, Manfredo asumió la corona de Sicilia, siendo reconocido en el norte y centro de Italia como cabeza del partido gibelino. Tras la decisiva victoria de Montaperto, Florencia, bastión güelfo, quedó en manos de Manfredo, excomulgando Alejandro a cualquiera que le ayudara y poniendo todos sus dominios bajo un entredicho el 18 de noviembre de 1260. Esto fue todo lo que pudo hacer, pues los llamamientos a los reyes de Inglaterra y Noruega para que llevaran a cabo una cruzada contra Manfredo y la exigencia del diezmo del clero francés para ese propósito no tuvieron éxito.

Le fue mejor en su lucha contra el notable Ezzelino da Romano, yerno de Federico II y dirigente de los gibelinos en el norte de Italia. Un ejército cruzado del papa contra él tuvo poco éxito, pero finalmente en 1259 fue derrotado por una coalición de príncipes y ciudades. Sin embargo, en Roma el partido de Manfredo iba ganando fuerza y en 1261 fue elegido para el puesto de senador por manos del pueblo. El terrible sufrimiento que Italia experimentó a consecuencia de la corrupción de la moral por esta guerra sin cuartel se aprecia en la extensión del movimiento de los flagelantes, cuyas fanáticas procesiones se llevaron a cabo incluso en Roma (1260). Se convocó un concilio en Viterbo con el propósito de poner en marcha una cruzada contra los tártaros, pero antes de ello Alejandro murió en esa ciudad el 25 de mayo de 1261.


Bibliografía:
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