Historia
ALEJANDRO SEVERO (205-235)

Puso gran empeño en impedir los abusos y exacciones que solían cometer los gobernadores de provincia, y como el ejemplo de reyes y emperadores suele imitarse por cortesanos y funcionarios públicos, estos ponían coto al lujo que antes ostentaban, lo que coutribuyó a que mejorase la situación del pueblo, pues como los gastos eran menores, no fue preciso esquilmar tanto a los contribuyentes. También ganó mucho la moral pública; las mujeres de reputación dudosa, por elevada que fuera su alcurnia, no tuvieron entrada en palacio y los altos empleados que traficaban valiéndose del crédito y relaciones que tenían, fueron severamente castigados, especialmente los tribunos militares que se enriquecían a costa del soldado. En los reinados anteriores había sido causa de grandes daños y trastornos la indisciplina militar, y Alejandro no consintió el menor acto de insubordinación, pero atendió al soldado aliviándole de sus más penosas cargas, mejorando su condición y recompensando todos los servicios queprestaban. Sin embargo, los soldados preferían la libertad y licencia de que años antes gozaban, veían con disgusto que los hombres civiles predominaban en la corte e hicieron víctima de sus odios a Ulpiano y otros jurisconsultos. Estalló en Roma una insurrección de la soldadesca y Ulpiano fue asesinado; las legiones de provincias también se sublevaron y pareció que volvían tiempos pasados y que corría peligro la vida del emperador. Este, sin embargo, consiguió sobreponerse a tanto desorden, reorganizó las legiones más rebeldes e impuso pena de muerte a los tribunos culpables de negligencia insubordinación.
En este tiempo habían ocurrido graves acontecimientos en Oriente. Un aventurero persa destruyó el imperio de los partos y fundó el nuevo imperio persa de los sasánidas. Era Artaxar que había tomado el título de Rey de reyes y se proponía conquistar todos los países que había poseído Ciro. Pasó el Éufrates y envió embajadores a Alejandro Severo ordenándole que desocupara la Siria y el Asia Menor y restituyera a los persas todos los países que estaban al oriente de los mares Egeo y Ponto. Alejandro respondió penetrando en Mesopotamia y derrotando al arrogante Artaxar que había reunido 130.000 soldados con 1.800 carros de guerra y 700 elefantes. Victorioso Alejandro, se propuso invadir Partia por tres puntos a la vez; pero los soldados insubordinados se negaron a internarse en Asia y fue preciso desistir de la empresa. De regreso en Roma Alejandro obtuvo los honores del triunfo y los títulos de Póntico y Pérsico, por más que en realidad el verdadero triunfo fue para Artaxar que recuperó los territorios adquiridos por Roma y quedó en pacífica posesión de su imperio. Alejandro proyectaba acometerle de nuevo; mas llamaron su atención los germanos que en son de guerra pasaron el Rin y el Danubio. Marchó contra ellos y los hizo retroceder; pero ocurrió lo mismo que había acontecido en Asia. Los soldados, mal avenidos con la rigurosa disciplina que Alejandro les hacía observar, mostraron poca decisión y algunos dieron oídos a las pérfidas insinuaciones del godo Maximino que los excitaba a la rebelión, motejándoles porque obedecían a un emperador que no tenía más voluntad, según él decía, que la de su madre y la del senado, y en el año 235, cuando el ejército estaba acampado en las inmediaciones de Maguncia, asesinaron al emperador juntamente con su madre Mamea. Los soldados proclamaron a Maximino y tuvieron que aceptarle el pueblo y el senado que en honor de Alejandro instituyó fiestas anuales en el día de su natalicio.
Que la Iglesia tuviera paz bajo Alejandro y bajo sus predecesores fue la consecuencia natural de su trasfondo y carácter. Lampridio dice expresamente que Alejandro "permitió que los cristianos existieran" y Firmiliano, obispo de Cesarea en Capadocia, en una carta a Cipriano (Epist., lxxv [lxxiv]), escrita el año 256 habla de una "larga paz". Es cierto que bajo Alejandro hubo individuos que fueron llevados a juicio aquí y allá, pero los relatos posteriores que hacen de Alejandro un cruel perseguidor bajo el que miles de cristianos sufrieron la muerte son falsos. De ahí que los reputados como mártires bajo su mandato, los obispos romanos Calixto y Urbano y Santa Cecilia, no son históricos.
Bibliografía:
Dion Casio, Hist. Rom., lxxiv., lxxvi., lxxx.; Ælius Lampridius, Alexander Severus, en M. Nisard, Suétone, p. 453-482, París, 1883; Eusebio, Hist. eccl., v. 26, vi. 1; NPNF, 2ª serie, i. 246, 249; G. Uhlhorn, Der Kampf des Christentums, p. 284 sig., Stuttgart, 1875; B. Aubé, Les Chrétiens dans l’empire romain, p. 53 sig., París, 1881; J. Reville, La Religion à Rome sous les Sévères, ib. 1885; P. Allard, Histoire des persécutions . . . du iii. siècle, p. 79 sig., 171 sig., ib. 1886; W. Smith, Dictionary of Greek and Roman Biography, iii. 802-804, Londres, 1890; Neander, Christian Church, i. 125-127 et passim; Schaff, Christian Church, ii. 58-59; Moeller, Christian Church, i. 191, 195.