Historia

ALEJO I COMNENO (1057-1118)

Alejo I Comneno, emperador de Constantinopla entre los años 1081 y 1118 y fundador de la dinastía Comneno, nació en 1057 en Constantinopla y murió el 15 de agosto de 1118.

Monedas de Alejo I Comneno
Monedas de Alejo I Comneno
Era sobrino de Isaac Comneno, quien como emperador entre los años 1057 y 1059 había intentado mediante el ejército salvar al Estado de la egoísta tiranía de la clase oficial, pero fue condenado a muerte con el resultado de que durante dos décadas la debilidad militar, la corrupción administrativa y la pérdida de provincias ante los turcos y normandos llevaron al imperio a una condición desesperada. Durante este periodo Alejo ganó considerable renombre al derrotar a un capitán mercenario normando llamado Ursel, que intentó fundar un reino en Asia Menor, y a dos pretendientes al trono imperial. Alejo fue adoptado por la emperatriz María, pero estaba tan celosamente vigilado en Constantinopla que su única salvación era tomar la corona para sí, lo cual logró en una conspiración bien urdida. Sin embargo, nuevos peligros le amenazaban. Asia Menor estaba en buena parte ya en manos musulmanas, siendo la soberanía del imperio en la península balcánica casi nominal, amenazando Roberto Guiscard las provincias adriáticas tras haber tomado las italianas del sur. Alejo reunió sus fuerzas y ratificó el pesado tratado con Venecia que su predecesor había hecho, pero fue derrotado y los normandos ocuparon Durazzo, la puerta occidental del imperio. Intentó una estrategia incitando al rey alemán Enrique IV a atacar el sur de Italia, que solo temporalmente encontró alivio y únicamente la muerte de Roberto en 1085 le salvó de este enconado enemigo.

La presión continuada desde las fronteras semi-bárbaras de los Balcanes constituyeron una nueva amenaza, en un momento en que parecía probable que los piratas turcos de Asia Menor y el sultán de Iconio se unirían para destruir el imperio. Gracias a la ayuda de los cumanos fueron derrotados con terribles pérdidas en el año 1091. La falta de fuerza militar indujo a Alejo a buscar ayuda en Occidente. La primera cruzada (1095-1099) debida parcialmente a sus llamamientos para la expulsión de los turcos, tomó proporciones muy diferentes a las que él se había propuesto, pudiendo haberle dado la bienvenida si no hubiera sido por la participación de Bohemundo, el hijo de Roberto Guiscard, lo que dio la sensación de ser un mero episodio de las antiguas incursiones normandas. Al principio todo iba apaciblemente pero la mutua desconfianza apareció pronto. En el sitio de Nicea (1097) Alejo no esperó a comprobar si los cruzados realizarían su acuerdo de restaurarle su territorio que hasta hacía poco había pertenecido al imperio, sino que ganó la ciudad por un acuerdo secreto con la guarnición turca. Cuando Antioquía cayó (1098) no fue devuelta al emperador, lo que determinaría la crisis que se avecinaba. Los turcos amenazaban con recuperar Antioquía, suplicándole esa ciudad a Alejo que enviara la ayuda que había prometido. Pero Alejo se dio cuenta de que haciéndolo los turcos serían sus enemigos irreconciliables, mientras que los cruzados no serían sus vasallos, retirándose y perdiendo la oportunidad de recuperar las posesiones en las costas de Asia Menor, con las grandes ciudades marítimas y las islas, que servirían como base de operaciones contra el nuevo principado normando en Siria. Bohemundo se vio obligado en 1104 a buscar ayuda del papa y de los reyes de Inglaterra y Francia. Él difundió la idea de que Alejo era el enemigo de la cristiandad y un maestro en engaños y embustes. Una nueva cruzada, dirigida por Bohemundo, pretendía pasar a través del imperio oriental, pero su propósito fue perfectamente captado en Constantinopla. Los preparativos se hicieron con tiempo y en el invierno de 1107-08 Alejo obtuvo el gran triunfo de su reinado. Bohemundo se vio obligado a someterse a las humillantes condiciones del tratado de Deabolis y a mantener Antioquía como feudo del imperio sin derecho a reclamarla.

Alejo I ComnenoMosaico de Santa Sofía, Constantinopla
Alejo I Comneno
Mosaico de Santa Sofía, Constantinopla
Los últimos diez años del reinado de Alejo fueron años de lucha por el mantenimiento de su recobrado dominio en Asia Menor y por la consolidación de su poder en su territorio. Para tener la ayuda de los eclesiásticos y expiar los pecados de su juventud, reguló la vida de su corte con gran rigor, haciendo todo lo posible para reprimir sectas tales como los paulicianos, armenios, monofisitas y bogomiles, que habían florecido en la anarquía del tiempo inmediato a su ascenso al trono. Es difícil ser imparcial con el carácter de Alejo, dada la parcialidad prevaleciente entre los historiadores occidentales. Hay que admirar su éxito en superar la debilidad del imperio y recuperar su poder. Fue un hombre de muchos recursos, gran energía y de una infatigable disposición para sobreponerse a las circunstancias, no quedándose atrás en valor físico e incluso en fortaleza moral.