Joseph Addison Alexander, presbiteriano americano, nació en Filadelfia el 24 de abril de 1809 y murió en Princeton, New Jersey, el 28 de enero de 1860.
Joseph Addison Alexander
Era el tercer hijo de Archibald Alexander y Janetta (Waddel) Alexander. Cuando tenía cuatro años la familia se trasladó a Princeton, New Jersey, recibiendo su primera educación de su padre. Fue un niño precoz, asombrando a todos por su extraordinaria versatilidad y sus impresionantes poderes de concentración, memoria y entendimiento. Poseía destacados dones lingüísticos. Tan pronto como pudo leer con fluidez en inglés emprendió el estudio del latín. A los seis años sabía el alfabeto hebreo y a los diez leía el Nuevo Testamento en el original. A los quince ingresó en Princeton College, graduándose con honores en 1826, siendo profesor adjunto de lenguas y literatura antigua en 1830; estudió y viajó por Europa en 1833 y 1834, siendo, a su regreso de Europa, profesor adjunto de literatura bíblica y oriental en Princeton Seminary. En 1851 se hizo cargo de la cátedra de historia de la Iglesia y en 1859 de la de literatura del Nuevo Testamento. Contribuyó con numerosos artículos, lingüísticos, textuales, exegéticos, históricos y teológicos a Biblical Repertory, del que durante varios años fue editor; eran un singular e impresionante predicador, muy demandado en púlpitos metropolitanos, siendo autor de varios comentarios bíblicos que establecieron su reputación en Europa y América (The Psalms, 1850, 3 volúmenes; Isaiah, 1846-47,2 volúmenes; Acts, 1857, 2 volúmenes; Mark, 1858; y Matthew, póstumo, 1861), en conjunción estos últimos con Charles Hodge. Sus logros de erudición eran casi increíbles. Su biógrafo afirma que dominaba siete lenguas y con capacidad para leer y escribir en catorce más, teniendo conocimiento para leer en otras cinco, lo que hace un total de veintiséis. No tenía inclinación especial ni aptitud para las discusiones metafísicas, pero la versatilidad y vigor de sus facultades mentales eran asombrosos por su desarrollo simétrico y armonioso. Sus sermones, sus elaborados artículos sobre poesía oriental y hasta sus cartas, especialmente las narrativas de viajes, revelan una imaginación y agudos poderes de observación, mientras que sus análisis críticos muestran sobriedad y franqueza de juicio. Como profesor estuvo inclinado, en sus primeros años, a subestimar las dificultades de los estudiantes medios, muchos de los cuales temían su severidad y sarcasmo ocasional, aunque todos admiraban la amplitud y profundidad de su erudición. Fue particularmente fructífero en estimular que sus estudiantes investigaran. Nunca se casó. Era tímido en las grandes reuniones sociales pero brillante en la conversación, deleitándose en entretener a los niños con cuentos orales o escritos de aventuras. Hasta que la diabetes hizo presa en él tuvo una complexión fuerte. Su cabeza impresionó a muchos por su parecido con la de Napoleón.
Bibliografía:
H. C. Alexander, Life of J. A. Alexander, 2 vol., Nueva York, 1869.