Historia

ALFRIC EL GRAMÁTICO

Alfric el Gramático, abad anglosajón, fue erudito y amigo de Ethelwold de Abingdon, a quien acompañó a Winchester (c. 963), donde ocupó el cargo de principal instructor de la diócesis, siendo abad (987) de Cerne en Dorsetshire y Ensham (c. 1006), en el valle del Támesis, cerca de Oxford. Ha sido identificado, probablemente con insuficiente evidencia, con Alfric, arzobispo de Canterbury (996-1006) y con Alfric arzobispo de York (1023-51). Es el autor tal vez más fecundo de Inglaterra antes de la conquista e indudablemente de los que mejor escribieron en lengua inglesa, siendo llamado el Gramático por sus vastos conocimientos lingüísticos. Trabajó mucho por la educación del clero y el pueblo, siendo un escritor en prosa anglo-sajona de relevancia, superado solo por Alfredo el Grande. Fue un firme oponente de la doctrina de la transubstanciación. Entre sus escritos se hallan una gramática anglo-sajona con glosario, una colección de homilías escritas en inglés correctísimo y una traducción de los primeros siete libros del Antiguo Testamento. En el género histórico destacó con una crónica anglo-sajona desde los tiempos de Julio César hasat el año 975.

El siguiente es un pasaje de un sermón suyo sobre el cordero pascual:

"Ese cordero inocente que los antiguos israelitas procedieron a sacrificar, tuvo significación después de la comprensión fantasmagórica (espiritual) del sufrimiento de Cristo, quien, aunque sin culpa, derramó su sangre para nuestra redención. De ahí que canten los siervos de Dios, en cada misa:
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis.
Eso significa en nuestra lengua: Oh tú, Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros. Aquellos israelitas fueron librados de la muerte repentina y de la servidumbre de Faraón, por el sacrificio del cordero, que significaba el sufrimiento de Cristo: por el cual somos librados de la muerte eterna, y del reinado cruel del diablo, si creemos rectamente en el verdadero Redentor del mundo, Cristo, el Salvador. El cordero fue ofrecido al atardecer, y nuestro Salvador sufrió en la sexta edad de este mundo. Esta edad de este mundo corruptible, es reconocida como la del atardecer. Con la sangre del cordero, marcaron los marcos y dinteles de las puertas, en forma de Tau, eso es, la señal de la cruz, y así fueron protegidos contra el ángel que mataba a los primogénitos de los egipcios. Y nosotros deberíamos marcar nuestra frente y nuestros cuerpos con la señal de la Cruz de Cristo, para que también podamos ser librados de destrucción, cuando seamos marcados, tanto en la frente como en el corazón, con la sangre de los sufrimientos de nuestro Señor. Aquellos israelitas comieron la carne del cordero en la época de su Pascua, cuando fueron librados, y nosotros recibimos espiritualmente el cuerpo de Cristo y bebemos su sangre, cuando recibimos con fe verdadera esa santa eucaristía (sacramento). En esa ocasión festejaron siete días la Pascua, cuando fueron librados de Faraón y emprendieron la marcha, abandonando esa tierra. Así también, los cristianos guardan la Resurrección de Cristo, en la época de Pascua, siete días, porque por su sufrimiento y resurrección, somos librados y hechos limpios acercándonos a su santa eucaristía (sacramento), como Cristo dijo en su evangelio, "De cierto, de cierto os digo: no tendréis vida en vosotros, si no coméis mi carne y bebéis mi sangre."


Bibliografía:
DNB, i. 164-166; Caroline L. White, Ælfric (Yale Studies in English, No. ii.), Boston, 1898.