Historia
AMYRAUT, MOÏSE (1596-1664)

Amyraut publicó sus ideas primero en su Traité de la prédestination (Saumur, 1634), que inmediatamente causó gran revuelo. La controversia estaba tan caldeada que un sínodo nacional en Alençon en 1637 acusó a Amyraut y a su amigo Testard de heterodoxia, imponiendo silencio a ambas partes. Los ataques continuaron y la cuestión llegó al sínodo de Charenton en 1644-45, aunque con el mismo resultado. En este fragor de la lucha Amyraut se las arregló para conciliar a muchos de sus oponentes, entre los que se encontraba el venerable Du Moulin (1655). Pero en el sínodo de Loudun en 1659 (el último que pudo celebrarse con permiso de la corona, parcialmente gracias a la influencia de Amyraut) se esgrimieron nuevas acusaciones en las que se incluía a Daillé, el presidente del sínodo, porque había defendido lo que se denominaba amiraldismo. Este sínodo, no obstante, encomendó a Amyraut la responsabilidad de revisar el orden disciplinario. En Francia se consideraba que su enseñanza era inocua y la controversia habría acabado pronto de no ser por la continua agitación provocada, especialmente en Suiza y Holanda.
La doctrina de Amyraut ha sido llamada 'universalismo hipotético', pero el término induce a engaño, ya que puede aplicarse también al arminianismo, al que Amyraut se oponía firmemente. Su principal proposición consiste en que Dios quiere que todos los hombres sean salvos, a condición de que crean, una condición que pueden cumplir en abstracto pero que de hecho, debido a la corrupción heredada, rechazan persistentemente, de manera que esta voluntad universal de salvación en realidad no salva a nadie. Dios también quiere en particular salvar a un cierto número de personas, pasando por alto al resto. Los elegidos serán salvos tan inevitablemente como los otros serán condenados. El punto esencial es que el amiraldismo es una combinación del particularismo real con un universalismo puramente ideal. Aunque todavía lo creía tan firmemente como antes, Amyraut se dio cuenta de que había poca diferencia práctica, por lo que no continuó impulsándolo en sus últimos años, en los cuales se entregó al estudio de cuestiones no controversiales, como su sistema de moral cristiana (La morale chrestienne, 6 volúmenes, Saumur, 1652-60). La importancia de Amyraut descansa en que aunque dejó las doctrinas calvinistas sin cambiar, introdujo su aspecto ético y su interés humano universal.