Historia

ANDREAS

Andreas, arzobispo de Crain, en Carintia, vivía en la segunda mitad del siglo XV y se le considera como uno de los predecesores de Lutero. Enviado por el emperador Federico III ante el papa Sixto IV, se escandalizó del desenfreno que vio en la corte de Roma, atreviéndose a demostrar al papa la necesidad de reformar las costumbres y la disciplina eclesiástica. El papa, lejos de irritarse, alabó en un principio el piadoso celo del arzobispo y aun le prometió que estudiaría con detenimiento aquel importante asunto; pero como Andreas insistiese demasiado, Sixto IV, resuelto a atajar su importunidad, le mandó prender en 1482. Puesto muy en breve en libertad, gracias a la activa intervención del emperador, se puso inmediatamente en camino y en Basilea trató de reunir un concilio que pusiera coto a los escándalos de la corte pontificia, fundándose en un decreto del concilio de Constanza que ordenaba la reunión de asambleas eclesiásticas periódicas para corregir los abusos. Su proposición no fue atendida, pero él no dándose por satisfecho envió una protesta a todas las cortes de cristiandad, en la que no sólo pintaba con vivísimos colores la corrupción de Roma, sino que acusaba al papa de simonía, de nepotismo y de corrupción del rito por la introducción en él de ceremonias paganas. En vista de esta actitud, el clero le hizo pasar por loco, mientras la opinión pública y las universidades simpatizaban con el atrevido reformador. El papa le excomulgó, así como a todo aquel que le diera asilo.

En tal estado de cosas, la ciudad de Basilea pidió consejo al emperador, el cual invitó a Andreas a que presentara sus escusas a Sixto IV mientras trataba de ganar a los habitantes por la vía de la persuasión. Pero el legado del papa acabó de exacerbar los ánimos poniendo en entredicho la ciudad, y mientras el excomulgado arzobispo persistía en su resolución ofreciendo defenderla en público, el entredicho sólo era observado por los carmelitas descalzos, que desamparados de todos, estuvieron a punto de perecer de hambre. Después de un largo procedimiento en que el emperador disputaba al papa el derecho de juzgar al presunto delincuente, al corte de Roma triunfó al fin y condenó a Andreas a una retractación pública. Éste, a quien se concedieron tres días para decidirse, se negó en absoluto a obedecer la intimación, por lo cual fue encarcelado. Algunos meses después se le encontró ahorcado en la prisión, según algunos, el mismo día en que nació Lutero. Su cuerpo encerrado en una barrica, fue arrojado al Rin por el verdugo.