Historia
ANDRÉS DE CIRENE
Andrés de Cirene, fanático judío, vivió a comienzos del siglo II. En el reinado de Trajano exaltó los ánimos de sus compatriotas, persuadiéndoles a levantarse en armas y asegurándoles que con muy escasos esfuerzos les haría entrar triunfantes en Jerusalén. El entusiasmo que produjo no sólo le hizo verse seguido de considerable número de prosélitos, sino que le aseguró grandes ventajas sobre Lupus, prefecto de Egipto, a quien obligó a encerrase en Alejandría. Este general, queriendo vengar las derrotas sufridas, mandó pasar a cuchillo a cuantos judíos habitaban en aquella ciudad, conducta que a su vez fue imitada por Andrés de Cirene, el cual asoló Libia e hizo degollar a más de 2.000 personas. Estos terribles desmanes se extendieron hasta la isla de Chipre, donde los judíos, capitaneados por un aventurero llamado Artemión, mataron a cuantos griegos y romanos hallaron a su paso. Según Dión Casio, los tormentos que sufrieron las víctimas de aquellas represalias exceden a cuanto puede imaginar la crueldad más refinada. Según él, a unos se les hacía serrar por medio del cuerpo, a otros se les entregaba al furor de las fieras y a muchos se les desollaba vivos para que su piel sirviera de trofeo a los vencedores. Eusebio, sin embargo, no confirma estos repugnantes hechos. Después de muchos y muy empeñados combates, según unos Marco Turbio, y según otros Adriano, general de la tropas romanas, consiguió someter a los rebeldes, siendo de suponer que Andrés de Cirene fuera condenado a muerte. Eusebio distingue a este con el sobrenombre de Lucuas y Abul-Faradji con el de hombre de las luces.