Historia

ANGILBERTO († 814)

Angilberto o Engelberto, amigo y consejero de Carlomagno, a cuya hija Berta se dice que desposó y con la que tuvo dos hijos, Harnid y Nithard (el historiador), murió el 19 de febrero del año 814. Gozó de la confianza de Carlomagno hasta el final de sus días, siendo comisionado en muchas difíciles negociaciones. Que entrara en el monasterio de Centula, a 40 kilómetros al noroeste de Amiens, en el año 790 no es probable, pero sí fue abad del monasterio más tarde, reedificándolo con mucho esplendor. No obstante, todavía a instancias de su antiguo señor, salió de su retiro más de una vez para prestar importantes servicios. Con este carácter fue sucesivamente encargado de conducir a Roma a Félix de Urgel, convicto de herejía; de llevar al papa Adriano las actas del concilio de Francfort y los Libros Carolingios, y por último de ir a felicitar a León III con motivo de su exaltación al solio papal. Además el año 800 asistió a la coronación de Carlomagno en Roma y en 811 firmó el testamento del emperador, a quien sólo sobrevivió veinte días. Como escritor, Angilberto ocupa también un distinguido puesto en la historia de su siglo. Alcuino, con el cual mantuvo siempre estrechas relaciones de amistad, le dirigió varias cartas y a su instancia retocó su Vida de Saint-Riquier. El obispo de Orleáns, Teodulfo, dedicó al ministro de Carlomagno uno de sus poemas, dirigido a un poeta que se sentaba a la mesa de Angilberto, pero que a decir del obispo le deshonraba con sus malos versos. Se supone que ese poeta era Clemente, irlandés, llamado a Francia por Carlomagno para contribuir al renacimiento de las letras.

Fue denominado el "Homero" del círculo literario de la corte del emperador, existiendo unas pocas poesías en latín y fragmentos épicos atribuidos a él (en MPL, xcix. 825-854; MGH, Script., xv. 1, 1887, 173-181; Poetæ Latini ævi carolini, i, 1881, 355-381). Un poema en 78 versos elegíacos, dedicado a Pipino, rey de Italia, que volvió a Francia en 796, después de una señalada victoria sobre los hunos. El poeta, que volvía por tercera vez a Italia, había encontrado a Pipino en Langres y cumplimenta en su poema al príncipe por la alegría que su vuelta causaría al rey su padre y a su familia. Una poesía de treinta versos, igualmente elegíacos consagrada a celebrar las virtudes de San Eloy y de San Riquier, y compuesta con motivo de la consagración de la iglesia de su monasterio. Está comprendida en la colección de poesías de Alcuino. Dos inscripciones en verso, la primera grabada en la torre principal de la iglesia de San Riquier y la otra en el pavimento der dicho templo. Dos epitafios, también en verso, dedicados a San Caidoc y San Fricorio, recogidos por Arnulfo y reimpresos en la continuación de Bolland. Una historia de la administración de la abadía de San Riquier, publicada completa en Bolland y Henschenius. En ellos no se encuentran, por ejemplo, ciertos reglamentos relativos a la celebración del oficio divino y a la distribución de la eucaristía, que un manuscrito del cardenal Ottoboni, que había pertenecido a la reina de Suecia, salvó del olvido merced a las diligencias de Mabillon.