Anno, arzobispo de Colonia, nació probablemente en el año 1010 y murió en Colonia el 4 de diciembre de 1075.
Anno de ColoniaProcedía de una noble familia de Suabia, recibiendo su educación en Bamberg y por el favor del emperador Enrique III obtuvo las dignidades de deán de Goslar y arzobispo de Colonia (1056). Tras la muerte del emperador ese mismo año y la ascensión de su hijo Enrique IV, bajo la regencia de su madre Inés de Poitou, Anno ejerció considerable influencia en la corte, tomando parte en la disputa que estalló entre el imperio y Roma. La falta de capacidad para los deberes de gobierno mostrada por la regente, desembocó en una conspiración en 1062 bajo el liderazgo de Anno, quien ese año se hizo dueño de la persona del joven rey, convirtiéndose en el virtual gobernante del imperio. El deseo de engrandecimiento personal le impidió usar su poder para el interés de Alemania en su batalla con el papado, que ahora había entrado en una fase aguda. A la muerte del papa Nicolás II (1061) el bando hostil a la influencia alemana, bajo la dirección de Hildebrando, había escogido como sucesor a Anselmo de Lucca, que tomó el nombre de Alejandro II. En oposición, el partido imperial había elegido para el oficio papal a Cadalo de Parma, bajo el nombre de Honorio II. Un sínodo en Augsburgo, convocado en 1062 para decidir sobre el conflicto de los dos candidatos, tomó una decisión temporal a favor de Alejandro II, confirmando dos años más tarde un segundo sínodo en Mantua los derechos de Alejandro. Anno, que tenía completo control en Augsburgo, actuó de manera que pudiera seguir ostentando la capacidad de arbitraje entre las fuerzas imperiales y las papales. Pero cuando el concilio de Mantua se reunió, su influencia había sufrido una seria merma que le hizo imposible impedir la confirmación del papa italiano. Un fuerte rival apareció entonces en la persona de Adalberto, arzobispo de Hamburgo-Bremen, con quien Anno fue obligado a compartir su autoridad sobre el joven rey (1063). Dos años más tarde el arzobispo de Colonia estaba superado por las circunstancias. La caída de Adalberto en 1066 puso a Anno una vez más al frente por un breve plazo, pero ya no tuvo la autoridad que había tenido antes. Los últimos años de su vida se vieron perturbados por luchas con Roma y por acusaciones de traición, a causa de la correspondencia con Guillermo I de Inglaterra, que no parecen tener mucho fundamento. No faltó en el mundano prelado cierto ascetismo austero que las desgracias de los últimos años acentuaron, dándole póstuma reputación de gran santidad, siendo canonizado en 1183.