Historia
ANSGAR (801-865)
Pasó dos años en Suecia, volviendo a su patria el año 831 para informar al emperador. El tiempo estaba maduro para acometer un plan de gran importancia para las misiones septentrionales, plan que Carlomagno tuvo en mente y para el que su hijo había encontrado a la persona ideal, consistiendo tal plan en el establecimiento de un obispado en Hamburgo. Además de una diócesis formada por las de Bremen y Verden, el nuevo metropolitano tendría el derecho de enviar misioneros a todas las tierras septentrionales y consagrar obispos para ellas. Ansgar fue consagrado en noviembre del año 831 y, habiendo recibido la aprobación de Gregorio IV, fue a Roma para recibir el palio directamente de manos del papa. Esta comisión le había sido previamente otorgada a Ebo, arzobispo de Reims, pero se llegó a un amistoso acuerdo dividiendo la jurisdicción, quedándose Ebo con la de Suecia. Durante un tiempo Ansgar se dedicó a las necesidades de su propia diócesis, que era todavía territorio de misión con algunas pero pocas iglesias. Fundó en Hamburgo un monasterio y una escuela, sirviendo esta última para la misión danesa, aunque sus logros no fueron muchos.
Tras la muerte de Ludovico Pío (840), Ansgar perdió la abadía de Turholt, que le había sido otorgada como una donación para su obra, y en 845 Hamburgo fue destruida por los daneses, por lo que Ansgar era un obispo sin sede ni ingresos. Muchos de sus colaboradores lo abandonaron, quedando su obra al borde de la desaparición. El nuevo rey, Luis el Germánico, vino en su ayuda, pero al no poder recuperar Turholt para él, planeó otorgarle la diócesis vacante de Bremen. Había muchas dificultades canónicas y de otras clases, pero tras prolongadas negociaciones Nicolás I accedió a la unión de las dos diócesis (864). Desde el año 848 Ansgar residió en Bremen, haciendo todo lo que pudo para reavivar la misión danesa. Desde su posición tuvo éxito en obtener el permiso del rey Haarik para construir una iglesia en Sleswick, logrando que el cristianismo fuera una religión tolerada. No olvidó la misión sueca, pasando dos años allí (848-50) en el preciso momento en el que la amenazaba una reacción pagana. En su propia diócesis demostró ser un modelo de obispo, destacando en sus obras caritativas y en una vida de oración. Su humildad era notoria y cuando la gente quiso venerarlo como hacedor de milagros se lo prohibió, diciendo que el mayor de los milagros sería que Dios lo hiciera digno de hacer de él un hombre auténticamente devoto. Poco después de su muerte fue canonizado por Nicolás I. Existe una colección de breves alocuciones suyas titulada Pigmenta, atribuyéndole erróneamente Adam de Bremen la Vita et miracula de Willehad, primer obispo de Bremen.