Historia
ANTOINE, PÈRE (1748-1829)

Tras regresar a España desapareció durante cinco años, pero en agosto de 1795 reapareció portando el título de predicador honorario de su Majestad, siendo reinstalado en su parroquia de Nueva Orleáns por orden del rey. Durante la confusión tras la rápida transferencia de Louisiana primero a Francia y luego a Estados Unidos, Antoine fue acusado con frecuencia de intrigas políticas y eclesiásticas. Las acusaciones fueron creídas por el arzobispo Carroll de Maryland, quien estaba al cargo de Nueva Orleáns, del secretario de Estado Madison y del gobernador Clairborne. Pero la jurisdicción de Carroll sobre Nueva Orleáns, aunque fue después confirmada, era en ese tiempo dudosa y la legalidad de sus disposiciones pudo ser sinceramente cuestionada por Antoine. El fraile era evidentemente un hombre fogoso, poco dispuesto a la concordia. Parece que consideraba el bienestar de su propia parroquia más que la armonía con sus colegas eclesiásticos. En 1805 surgió una disputa entre él y el reverendo Patrick Walsh, vicario general de Louisiana, quien suspendió al fraile de sus cargos y señaló al convento de las monjas ursulinas como único lugar en la parroquia donde los sacramentos podían administrarse. Antoine desafió la autoridad de Walsh y afirmó que la iglesia era propiedad de los ciudadanos de Nueva Orleáns, celebrando los católicos de la ciudad una reunión que eligió un grupo de responsables que a su vez escogió a Père Antoine como párroco. Antoine además apeló al rey de España, quien respaldó sus pretensiones. Tras la muerte de Walsh sus sucesores continuaron atacando al fraile, pero Antoine mantuvo su posición. Desde 1813 a 1816 ejerció como agente político secreto del gobierno español, comunicando a su departamento de guerra sobre varias conspiraciones filibusteras contra México.
Si en esas actividades políticas y eclesiásticas Antoine fue innecesariamente enérgico, el registro de sus relaciones con sus parroquia nos muestra una total devoción y generosidad. Cuando en 1819, con su posición definitivamente establecida, Du Bourg le ofreció el obispado de Nueva Orleáns, modestamente declinó por causa de la edad e incapacidad. Continuó llevando una vida de pobreza en una pequeña choza de madera en la parte trasera de la iglesia. Durante las frecuentes epidemias de fiebre amarilla siempre se quedó en la ciudad y ministró a los enfermos. Dedicó al cuidado de los pobres todos los donativos que recibió de los 3.500 matrimonios que ofició. En 1816 estableció una confraternidad para enseñar a los negros la fe católica. Su funeral en 1829 fue más ocasión de triunfo que de tristeza, pues las cámaras legislativas, de acuerdo con el sentimiento público, aplazaron sus sesiones y asistieron al entierro. Los tribunales suspendieron sus sesiones y los jueces se unieron a la comitiva. A los masones de todas las logias se les pidió que se unieran a la marcha y una nota especial se expidió a los miembros de la logia L'Etoile Polaire para que tomaran parte. La palmera que daba sombra a la cabaña en la que Antoine vivió y murió se convirtió, en memoria del fraile, en un famoso emblema de Nueva Orleáns.