Historia

ANTONINO DE FLORENCIA (1389-1459)

Antonino de Florencia (Antonino Pierozzi), arzobispo de Florencia, nació en Florencia en 1389 y murió allí el 2 de mayo de 1459.

Antonino Pierozzi
En 1404 ingresó en los dominicos y en 1436 fue nombrado prior del monasterio de San Marco, en Florencia. En 1439 tomó parte en las negociaciones para la unión con los griegos. En 1446, contra su voluntad, fue designado arzobispo por el papa Eugenio IV. Por su virtuosa vida y entrega al deber fue canonizado por Adriano VI en 1523, lo que fue considerado el reconocimiento a un incansable, humilde y ejemplar obispo. Antonino fue tema favorito del arte florentino.

La tendencia humanista de su tiempo no tuvo influencia en él. Escribió ciertas obras en el espíritu escolástico, como Summa theologica (4 partes, Venecia y Nuremberg, 1477; edición P. y G. Ballerini, Verona, 1740), basada en Tomás de Aquino, el primer libro de texto de ética, todavía estimado en Italia; Summa confessionalis o Summula confessionum (Mondovi, 1472); y Summa historialis o Chronicon ab orbe condita bipartitum (3 volúmenes, Venecia, 1480; edición de P. Maturus, S. J., Lyón, 1587), una crónica del mundo hasta 1457, falta de crítica y llena de leyendas fabulosas, pero que muestra esfuerzo y arreglo sistemático. Aquí y allá, como al juzgar el Cisma de Occidente, se aventura a dar su propia opinión, cuestionando la autenticidad de la Donación de Constantino. Una edición completa de las obras de Antonino, en cuatro volúmenes, fue publicada en Venecia (1474-75) y una segunda edición en Florencia en 1741.

El siguiente texto es una muestra de sus escritos:

'Había en el convento de los dominicos de Espoleto cierto novicio de nacimiento noble y gran sencillez y pureza. Un día, al repetir en el himno de la Virgen «el que rige el mar, la tierra y el cielo», y fijarse en las palabras «teniendo el mundo entre sus dedos», se quedó asombrado al ocurrírsele que la estatura de Dios era tan alta que le podía caber el orbe entero en las manos. Pero le dio vergüenza consultar la cuestión, de manera que dio en rezar continuamente pidiendo a Dios que le iluminara para entender la verdad de la misma. Una tarde se quedó dormido mientras estaba rezando de esa manera, y le pareció que era arrebatado súbitamente a los cielos. Allí vio una multitud de ángeles que acarreaban un gran trono y lo colocaban en un amplio espacio abierto, y después a otros que llevaban otro trono y lo colocaron frente al primero. En tercer lugar, vio una muchedumbre de los ejércitos celestiales que llevaron a Cristo como juez justo y le sentaron en el primer trono, en el segundo vio enfrente a la gloriosa Virgen, y después la multitud de todos los santos cada uno en su propia orden. Entonces se oyeron en el cielo unos temblores que daban tanto miedo como nunca se había conocido desde el principio del universo. Después de estas ceremonias, el Juez mandó que se abrieran los libros y se vieran las obras buenas del mundo, las cuales eran pocas. Entonces mandó leer las malas, pero eran tantas que no terminó de escucharlas, y cayendo en una cólera súbita, apuñó el mundo como si fuera una pelota, lo estrujó violentamente y dijo: «Cuando esto se juzgue será condenado y echado fuera». El sorprendido novicio se aterró al ver ese espectáculo, y en voz baja imploró a la Virgen: «Santa María, socórrenos en nuestra pequeñez». A cuyo sollozo la bienaventurada Virgen se levantó de su sillón, tomó en su mano el mundo que había sido arrojado fuera, y dijo: «¡Oh, Hijo, toma este mundo que tú has redimido con tu propia sangre, y júzgalo otra vez, pues yo acabo de enviar a tus Frailes Predicadores para que le pongan a tus pies!». Maravilloso y estupendo relato, pues fue además el caso que cuando el novicio estaba implorando misericordia ya en voz alta, tuvo lugar un terremoto en la ciudad y en toda la comarca, siendo arrasados muchos edificios y torres, y los hombres y las mujeres huyeron de ella esa noche.'
(Chronicon, Roma, 1586; III, 686.)