Historia

ANTONINO PÍO (86-161)

Antonino Pío, emperador romano, nació en Lanuvium, a 29 kilómetros al sudeste de Roma, el 19 de septiembre del año 86 y murió en Lorium el 7 de marzo del 161.

Busto de Antonino Pío en mármol.
Gliptoteca Nacional. Mónaco
En el año 120 fue nombrado cónsul, siendo adoptado por Adriano en el 138 tras distinguirse por su administración de la provincia de Asia. Al ascender al trono tomó el nombre de Tito Elio Adriano Antonino Pío, habiendo sido su original Tito Aurelio Fulvio Boionio Arrio Antonino. Bajo su gobierno, justo y moderado, el imperio disfrutó de paz casi ininterrumpida. Ya emperador, pocos hechos importantes ofrece a la historia su reinado. En el exterior, vigiló cuidadosamente las fronteras. En el interior, mejoró la administración cuanto pudo. Religioso, justo y benéfico, fue el más amado de todos los emperadores y uno de los mejores príncipes de que hace mención la historia. El respeto que profesó siempre a sus padres, a los ancianos y a los dioses, le valió el calificativo de Piadoso o Pío, sobre todo desde que defendió la memoria de Adriano, frente al senado que pretendía infamarla. Prohibió que a los acusados se les persiguiera dos veces por el mismo delito y que se despojara de su herencia, en beneficio del tesoro público, a los hijos de los ciudadanos romanos. Sencillo en su porte y en sus costumbres, ni rehuía los honores de su dignidad, ni los echaba de menos cuando por ignorancia o descuido dejaban de tributárselos. No quiso servirse sino de esclavos, al contrario de los demás emperadores, que admitían ciudadanos en su servicio. Instituyó asilos para los huérfanos. Fijó sueldos a los profesores que envió a las provincias. Fue el primero que dio una ley en favor de los esclavos, por la cual quedaba garantizada su vida. Escogió con gran cuidado las personas que habían de gobernar fuera de Roma, y a la que se conducía bien la mantenía en el mismo gobierno, para no privar a los pueblos de un buen magistrado. Autorizó a las mujeres acusadas de adulterio para pedir que se examinase la conducta de sus maridos y sufrió con resignación los desórdenes de su esposa Faustina. En sus últimos años dejó el gobierno más y más en las manos de su asociado, Marco Aurelio, con quien le unía la más estrecha amistad. Para el cristianismo su gobierno estuvo marcado por el florecimiento de Marción y las escuelas gnósticas, por la Apología de Arístides y los escritos de Justino, probablemente por la Oratio de Taciano y por la edición final del Pastor de Hermas. En el mismo periodo está el comienzo de la controversia oriental, la visita de Policarpo y Hegesipo a Roma, el surgimiento del episcopado monárquico en esa ciudad y las primeras etapas de la consolidación de la iglesia de Roma contra el gnosticismo. Los magistrados civiles observaron la misma política de tolerancia hacia los cristianos que bajo Trajano y Adriano. Al prohibir o poner trabas a la delación de los cristianos por el cargo de ateísmo ante la excitada población de Asia Menor y por sus edictos dirigidos "a los pueblos de Larissa, Tesalónica, Atenas y todos los griegos", Antonino los protegió, siendo considerado, por muchos escritores cristianos, como un amigo de la nueva fe. Sin embargo, su prohibición de denuncias fanáticas por ciudadanos privados no debe considerarse como una sanción oficial a la práctica del cristianismo.