Antonio de Padua, el más celebre de los seguidores de Francisco de Asís, nació en Lisboa de una distinguida familia hacia el año 1195 y murió en Padua el 13 de junio de 1231.
Milagro de San Antonio de Padua, 1798, detalle, fresco de Francisco de Goya. Ermita de San Antonio de la Florida, MadridCuando tenía quince años de edad se unió a los canónigosagustinos en Lisboa, yéndose después a Coimbra y por su celo en el estudio de la teología de su tiempo se convirtió en un experto en ella. El traslado de los huesos de los primeros mártiresfranciscanos de Marruecos a Coimbra despertó en Antonio el deseo por el martirio. Para cumplir su propósito se unió en 1220 a los franciscanos y zarpó para África, pero al quedar postrado en su cama por enfermedad durante el invierno, tuvo que regresar a su punto de partida. En el camino de vuelta pasó por Mesina, asistiendo al capítulo de Asís en 1221, de donde se fue a una ermita en la Romaña. Sus dones oratorios se dieron a conocer por accidente, cuando fue ordenadosacerdote en Forli, siendo nombrado predicador de la orden. De su actividad pública poco se sabe. Durante un tiempo fue lector de los minoritas en Bolonia aunque Francisco de Asís, influenciado por Elías de Cortona, que deseaba introducir el estudio científico en la orden, accedió muy indecisamente. Antonio fue a Francia, siendo guardián en Puy y Limousin. Al igual que en la Romaña, destacó por ser un infatigable perseguidor de herejes en la lucha contra los cátaros. En Rímini convirtió a algunos de ellos por su persuasivo poder, congregando a los conversos en Padua en una fraternidad de penitentes. Finalmente fue nombrado provincial y en 1229 fue a Padua.
En 1230 tomó parte en el capítulo general en Asís, siendo liberado de su cargo como provincial de la orden para que se pudiera dedicar enteramente a la predicación. Sin embargo, tomó parte activa en la controversia que surgió entre los franciscanos, alineándose con Elías y siendo uno de los delegados enviados a Roma para presentar las diferencias al papa, quien emitió la bulaQuo elongati, el 28 de septiembre de 1230.
San Antonio de Padua predicando a los peces, por Arnold Böcklin
La fama de Antonio descansa enteramente en su capacidad como predicador, que produjo una gran impresión especialmente en el distrito de Treviso. Los bosquejos latinos de sus sermones muestran que era un estricto predicador del arrepentimiento y el desprecio del mundo, exhortando infatigablemente al uso de los medios de gracia administrados por la Iglesia. Se dice que 30.000 oyentes le escucharon al aire libre en cierta ocasión en Padua. Su incansable actividad le afectó seriamente, sufriendo hidropesía, por lo que buscó alivio, aunque en vano, retirándose a la soledad y haciendo su morada en un árbol. Fue canonizado por razones políticas por Gregorio IX el 30 de mayo de 1232.
Existe una curiosa historia de que en una ocasión, ante la indiferencia de sus oyentes, Antonio se fue a la orilla del mar y comenzó a predicar a los peces, que se acercaron en gran número a escucharle.