Historia

ANTONIO EL ERMITAÑO (c. 251-356)

Antonio nació hacia el año 251 en Koma, cerca de al-Minya en Egipto y murió el 17 de junio del año 356 en la ermita de Dayr MariAntonios, cerca del Mar Rojo.

Las tentaciones de San Antonio, por Salvador Dalí, 1946,
Bruselas, Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica
Considerado el padre del monasticismo cristiano, Antonio fue uno de los primeros monjes. Su regla representa uno de los primeros intentos de codificar las líneas maestras de la vida monástica. Discípulo de Pablo de Tebas, Antonio comenzó a practicar una vida ascética a la edad de veinte años y quince después se retiró a la más absoluta soledad en una montaña cerca del Nilo llamada Pispir (la actual Dayr al-Maymun), donde vivió desde el año 286 hasta el 305 aproximadamente.

Durante su retiro comenzó un legendario combate contra el diablo, resistiendo una serie de tentaciones famosas en la teología e iconografía cristianas. Hacia el año 305 sale de su retiro para enseñar y organizar la vida monástica de los eremitas que le imitaban y que se habían establecido en las inmediaciones. Cuando terminó la persecución contra los cristianos tras el Edicto de Milán (313) se trasladó a una montaña en el desierto oriental, entre el Nilo y el Mar Rojo, donde todavía pervive el monasterio Dayr MariAntonios. Aquí se quedó, recibiendo a visitantes y en ocasiones cruzando el desierto de Pispir. Dos veces visitó Alejandría, la última vez (c. 350) para predicar contra el arrianismo. Los primeros monjes que siguieron a Antonio al desierto se consideraban la vanguardia del ejército de Dios y mediante el ayuno y otras prácticas ascéticas intentaron alcanzar el mismo estado de pureza espiritual y libertad de la tentación que veían realizados en Antonio.

Los combates espirituales de Antonio contra las fuerzas del mal hicieron de su vida una larga batalla contra el diablo. Según Atanasio, obispo de Alejandría, los asaltos del diablo contra Antonio tomaban la forma de visiones, ya fueran seductoras u horribles, como cuando el diablo aparecía disfrazado de monje trayéndole pan durante sus ayunos, o en la forma de bestias salvajes, mujeres o soldados, a veces golpeándolo y dejándolo en un estado maltrecho.

Antonio soportó muchos ataques y quienes testifican de los mismos están convencidos de que eran reales. Cada visión usada por Satanás era repelida por Antonio mediante la oración y los actos penitenciales. Tan avasalladoras eran sus tentaciones y tan firme la persistencia suya que el tema ha sido usado en la literatura y el arte, especialmente en los cuadros del Bosco, Matthias Grünewald, y Max Ernst. De esas batallas físicas emergió Antonio como el padre sensible y sensato del monasticismo cristiano. La regla que lleva su nombre fue compilada de escritos y discursos que se le atribuyen en la Vida de San Antonio de Atanasio y en los Apophthegmata patrum, siendo todavía observados por los monjes armenios y coptos. La popularidad de Antonio alcanzó su culminación en la Edad Media. La orden de los Hospitalarios de San Antonio fue fundada cerca de Grenoble (c. 1100), constituyéndose en un centro de peregrinaje para personas que sufrían el llamado fuego de San Antonio o ergotismo.

El siguiente pasaje está extraído de la Vida de San Antonio de Atanasio:

Mapa de los antiguos monasterios en Egipto
Mapa de los antiguos monasterios en Egipto
'Antonio, que había aprendido de las Escrituras que muchas son las insidias del enemigo, se entregaba continuamente a la ascesis, pensando que, si aquél no pudo seducir su corazón con el placer del cuerpo, sin duda lo intentaría con otra trampa, pues el demonio es amigo del pecado. Más y más sometía su cuerpo y lo reducía a la servidumbre, para que, habiendo vencido en algunos combates, no sucumbiese en otros. Y decidió así acostumbrarse a una gran austeridad. Muchos quedaban admirados, pero él soportaba esta prueba fácilmente. Pues el ardor de su alma, durante mucho tiempo perseverante, había producido en él una buena disposición, de manera que, si recibía de otros una pequeña ocasión, mostraba gran celo en esto. Vigilaba tanto que a menudo pasaba la noche entera sin dormir. Y suscitaba la admiración porque esto lo hacía no una vez sino muchas. Comía una vez al día tras la puesta de sol; algunas veces probaba el alimento cada dos días, muchas veces cada cuatro. Su comida era pan y sal, y bebía sólo agua. Es superfluo hablar de la carne y el vino, porque tampoco otros hombres llenos de celo probaban este tipo de alimentos. Para dormir le bastaba con una estera, pero la mayoría de las veces dormía sobre la tierra. No quería ungirse con óleo y decía que a los jóvenes les conviene más dedicarse con ardor a la ascesis y no buscar lo que relaja el cuerpo, sino más bien acostumbrarse a las fatigas, meditando las palabras del santo Apóstol: Cuando soy débil, entonces soy fuerte. Pues Antonio decía que la inteligencia del alma se hace fuerte cuando se debilitan los placeres del cuerpo. Y tenía este pensamiento realmente admirable: pensaba que no era justo medir el camino de la virtud ni el retiro del mundo, que ha sucedido por causa suya, por el paso del tiempo, sino por el deseo y el buen propósito. Por esto no recordaba el tiempo transcurrido, sino que cada día, como si empezara la ascesis, se esforzaba más por progresar.'
(Vida de Antonio 7,3-11).