Historia

APELES

Apeles, hereje gnóstico, de la mitad del siglo II, fue discípulo de Marción, de cuya doctrina se diferencia en algunos puntos. En el año 145 se hallaba en Roma. Alcanzó una edad que le merece el nombre de Senex. Alimentó su espíritu con las revelaciones que una mujer, llamada Filomena, decía recibir en visión, en que se le presentaba el niño Jesús y San Pablo. Su doctrina halló eco en algunos partidarios, los apelianos, a quienes imponía la continencia. Enseñaba la existencia de un solo principio de poder sin límites y de bondad absoluta. Los males del universo se deben al ángel ígneo, que produjo las almas seductoras, en tanto que el ángel indytus formó los espíritus. El cuerpo de Jesús fue formado de la materia pura, originada en la combinación de los elementos, que dejó acá abajo al dirigirse a los cielos. Escribió Phaneròseis, Syllogismoi y un Evangelio del orden de los apócrifos, obras que se han perdido. Se aprecia de distinto modo la personalidad moral de Apeles según se juzgue por los imparciales juicios de Rodón o por las descripciones exageradas que hace Tertuliano de los escándalos que dio en su juventud el antiguo heresiarca.