Historia

APOLINAR DE LAODICEA (310-392)

Vida.
Bajo el nombre de Apolinar hay dos personajes, padre e hijo, que han pasado a la historia de la Iglesia, aunque el hijo ha superado con creces al padre. Apolinar el Viejo fue un alejandrino que enseñó gramática en Berito y después en Laodicea y Siria, siendo hecho presbítero en este último lugar. Lo que Sócrates (Hist. eccl., ii, 46) dice sobre su actividad literaria pertenece probablemente a su hijo (comp. Sozomeno, Hist. eccl., v, 18). Apolinar el Joven fue maestro de retórica, entrando en contacto con Atanasio en el año 346 de quien fue amigo a pesar de las diferencias teológicas que los separaban. Atanasio se refiere a él como obispo en una alusión del año 362 y como al principio era un enérgico representante de los homoousianos en Siria, presumiblemente fue el anti-obispo homoousiano de Pelagio de Laodicea, quien pertenecía al ala conservadora de la facción media. La fecha cuando proclamó su peculiar concepción doctrinal no se puede fijar con nitidez. El sínodo de Alejandría del 362 parece que se declaró contra él, siendo considerado un hereje al principio de la década siguiente. Los sínodos romanos del 377 y 382 y otro de Antioquía del 378 testificaron contra su doctrina. El segundo concilio ecuménico del 381 en Constantinopla condenó a los apolinaristas como herejes surgidos de la controversia trinitaria, estampando el emperador Teodosio su sello de condenación en el año 388. Murió cuando Jerónimo escribió su Viri Illustres en el año 392.

Escritos.
Si grande es la confusión sobre su vida lo es más sobre su actividad literaria, lo que es más lamentable porque fue uno de los más prominentes escritores eclesiásticos del siglo IV. La alta estima en que fue tenido durante su vida se aprecia por los elogios de contemporáneos y escritores posteriores. Según Filostorgio (Hist. eccl., viii. 11; comp. xii. 15) Atanasio era un niño teológicamente hablando en comparación con Apolinar, dándole la preferencia también en el conocimiento del hebreo antes que a Gregorio y Basilio. Además de ser famoso como teólogo también lo fue como poeta, pues escribió comedias al estilo de Menandro, tragedias al de Eurípides y odas según el modelo de Píndaro. Solo queda una de ellas, "Paráfrasis sobre el Salterio", que no hace justicia a la fama que tenía el autor. De sus esfuerzos exegéticos solo quedan fragmentos sobre Proverbios, Ezequiel, Isaías y la carta a los Romanos, siendo su exégesis sobria, sensible y evitando alegorías. Como apologista se dice que superó a sus predecesores en sus treinta libros contra Porfiriro (Filostorgio viii. 4; Jerónimo, De vir. ill., civ; idem, Epist., xlviii. 13, lxx. 3; Vicente de Lérins, Commonitorium, xi). Escribió una obra, "Sobre la verdad", contra Juliano y los filósofos de su tiempo, oponiéndose a los arrianos en una obra contra Eunomio de Cícico. También escribió contra Marcelo de Ancira, pero todos estos trabajos se han perdido. Todo lo que se ha transmitido directamente son siete largos y algunos cortos fragmentos de la "Exposición de la Divina Encarnación en semejanza de hombre", en la réplica de Gregorio de Nisa a Apolinar. Se sabe que obras de Apolinar circularon bajo los nombres de Gregorio el Taumaturgo, Atanasio y Julio de Roma, a fin de engañar a los lectores sobre su verdadero origen y naturaleza. Por ejemplo, la "Confesión de fe" atribuida al Taumaturgo en realidad es de Apolinar y lo mismo puede decirse del tratado "Sobre la encarnación del Verbo de Dios", atribuida a Atanasio y de las epístolas atribuidas a Félix de Alejandría y Julio de Roma dirigidas a Dionisio de Alejandría.

Cristología.
La tendencia de la doctrina atanasiana de la redención deificadora de la humanidad, poca ya que Atanasio mismo dudó que el Logos hubiera asumido una perfecta humanidad, no era apta para revivir el interés en la personalidad humana del Redentor. Por eso no es extraño que un celoso campeón del homoousios como Apolinar, con su preparación lógica y dialéctica, abrigara dudas sobre esta cuestión. Perfecto Dios y perfecto hombre era para Apolinar una monstruosidad que contradecía todas las leyes de la razón. De ese modo se originaría un 'hombre-dios', un 'caballo-ciervo', una 'cabra-venado', seres fabulosos como el minotauro. No solo iba esta noción contra toda lógica sino que también imponía sobre el Redentor una exigencia imposible de cumplir. Suponiendo que fuera hombre perfecto ¿cómo pudo Cristo ser sin pecado? Si el hombre está compuesto de espíritu (mente), alma y cuerpo, no puede atribuirse a Cristo la mente humana porque es mudable, pero el Redentor ha de tener una mente inmutable. Como no puede estar compuesto de cuatro partes, ello significa que ha asumido un cuerpo y alma humanos, pero no un espíritu humano. El Logos homoousios ha reemplazado al espíritu. La consecuencia es obvia: todas las condiciones pasivas (la susceptibilidad de sufrir) del Jesús histórico se refieren al Logos y consecuentemente a la Deidad, aunque Apolinar y algunos de sus seguidores rehuyeron esa conclusión. La cristología apolinarista que siempre va dirigida principalmente a lo divino en Cristo y que parecía alejarse del pensamiento generalmente detestado del 'mero hombre' (Pablo de Samosata) ha ejercido gran influencia en el desarrollo posterior de la cristología en la Iglesia oriental. Se puede afirmar con Harnack (Dogmengeschichte, p. 314) que la idea de Apolinar, cuando se compara con las presuposiciones y objetivos de la concepción griega del cristianismo, es perfecta. El problema es que si la humanidad de Cristo es incompleta y no tiene libre albedrío para actuar, comportándose su humanidad como un mero instrumento pasivo de su divinidad, quedamos abocados a una conclusión más inquietante todavía: ¿Cómo puede ser nuestro sustituto si su humanidad es incompleta? En resumen, Apolinar quiso salvar el escollo de la impecabilidad de Cristo, que no solo no pecó sino que tampoco podía pecar, pero al hacerlo provocó un insuperable obstáculo al negar su plena humanidad. Que Apolinar, junto con Pablo de Samosata y Arrio, llegara a ser conceptuado como un archihereje, más aún, en cierto sentido el archihereje, es totalmente entendible. Los tres con sus teorías entraron en conflicto con los postulados esenciales de la piedad cristiana de la Iglesia: Pablo de Samosata destruyó totalmente la Deidad, Apolinar la humanidad completa y Arrio ambas. El piadoso conocimiento cristiano exige en la persona de Cristo la humanidad ideal y la Deidad absoluta, contentándose con contemplar la unión de ambas como un misterio, esto es, algo que trasciende la comprensión de la mente humana.