Historia

APOLONIO DE TIANA († 98)

Apolonio de Tiana, filósofo neo-pitagórico, elevado por los no cristianos a la altura de Cristo, nació en Tiana, Capadocia, la actual Kiz-Hissar y murió en Éfeso, probablemente el año 98. Fue educado en Éfeso y Tarso, pero disgustado por la inmoralidad de esta última ciudad fue a Ægææ (la actual Ayas en el golfo de Iskenderun, a 80 kilómetros al sudeste de Adana). En su templo de Esculapio estudió medicina y filosofía, siendo un ardiente defensor de Pitágoras. Observó los cinco años de absoluto silencio de los pitagóricos y luego comenzó sus memorables y extensos viajes que hizo a todas las partes del mundo conocido, poniéndose en contacto con muchas personas prominentes y dándole gran reputación de sabiduría. Parece que fue un virtuoso ejemplo y un reformador religioso. Cayó bajo sospecha de Domiciano y tuvo que ir a Roma a juicio, siendo absuelto tras soportar un largo encarcelamiento (año 94). Los últimos diez años de su vida los pasó en Grecia, donde tuvo muchos discípulos.

La importancia de Apolonio como reformador religioso fue más y más magnificada y poco después de su muerte se erigieron estatuas e incluso templos en su honor por los emperadores, siendo adorado como dios. Entre sus admiradores importantes estuvo la aventajada Julia Domna, esposa del emperador Severo, quien solicitó a uno de sus literatos, Flavio Filostrato, escribir para ella una biografía de Apolonio, supliéndole a tal fin con muchos datos, incluyendo los del diario de viajes de su compañero, el asirio Damis, y una colección de cartas. Basándose en ello y con la adición de material legendario y noticias de toda índole preparó el libro, que no fue publicado hasta después de la muerte de la emperatriz (217). Tiene toda la evidencia de ser una novela histórica y sus milagrosos detalles no son merecedores de análisis, aunque los no cristianos siempre han pretendido desde entonces ver un Cristo pagano en Apolonio y las historias sobre su vida la contraparte de las relacionadas con Cristo y sus apóstoles.

La primera persona nombrada que hizo uso de la novela de Filostrato fue Hierocles, gobernador de Bitinia durante la persecución diocleciana (303), quien escribió una obra contra los cristianos en la que estableció una comparación entre Apolonio y Cristo. Esto estimuló al historiador Eusebio a escribir una refutación en la que muestra que como fuente no es confiable la novela de Filostrato. El deísta Charles Blount y Voltaire reavivaron este uso de Filostrato en interés de su paganismo, mientras que en el siglo XIX Ferdinand Christian Baur llamó la atención de nuevo sobre la obra de Filostrato y elaboró la tesis de que modeló su narrativa de acuerdo a los evangelios. Edward Zeller fue de la misma opinión y también el francés Albert Reville. Pero no hay evidencia de que Filostrato tuviera conocimiento de los evangelios y de los Hechos, siendo la vida del apóstol Pablo un paralelo más cercano a Apolonio que Cristo.