Historia

ARIAS MONTANO, BENITO (1527-1598)

Benito Arias Montano, erudito español, nació en Fregenal de la Sierra, Extremadura, el 12 de noviembre de 1527 y murió en Sevilla el 6 de julio de 1598.

Benito Arias Montano, por Esme de Bolonois
Hizo sus estudios en Sevilla, en donde, además de gramática, retórica y filosofía, llegó a dominar varias lenguas orientales; al morir su padre, fue protegido por el canónigo de Badajoz, Cristóbal de Valtodano, y así pudo ampliar sus estudios en la universidad de Alcalá, en donde fue el primer poeta laureado por dicho centro docente; pasó después a León, y allí se ordenó de sacerdote, ingresando en la Orden de Santiago, tras lo que acompañó al obispo Martín Pérez Ayala de Segovia al concilio de Trento, en donde brilló singularmente por su erudición y talento. Al volver a España, se retiró a la ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, próxima a Aracena. El rey Felipe II lo sacó de una vida de retiro, nombrándolo profesor de lenguas orientales del monasterio de El Escorial y enviándolo a Bélgica en 1568 para supervisar la preparación de la Políglota de Amberes. Cuando acabó la obra (1572) fue a Roma para presentarla al papa. A su regreso a España el rey le recompensó con una pensión y otras remuneraciones, tales como capellán del rey y bibliotecario de El Escorial. Corrigió la versión interlineal de Santes Pagnino y formó un verdadero aparato bíblico con sus numerosas disertaciones sobre la Massorah. Cansado y lleno de achaques se retiró a Sevilla, después de haber renunciado a un obispado y otras dignidades eclesiásticas que el rey le ofreció. Fue denunciado por León de Castro, profesor de lenguas orientales de Salamanca, a la Inquisición, porque al texto de la Vulgata latina había opuesto el texto bíblico hebreo y dado excesiva autoridad a las paráfrasis caldeas; pero Juan de Mariana, a quien se le encargó instruir su proceso, se declaró favorable a Arias, y el Santo Oficio lo declaró exento de toda sospecha de herejía. La controversia se ciñó a impugnar la Biblia de Amberes, de Arias Montano, contraponiéndole la Biblia de Vatablus. León de Castro, que era ingenio nada vulgar, según demostró con su Apologeticus pro lectione christiana (1585), no dio su brazo a torcer persiguiendo a los hebraizantes españoles, y entre ellos a fray Luis de León. Arias Montano, además de la sentencia del Santo Oficio en su favor, tuvo también la del insigne teólogo fray Diego de Estrada, que publicó (1583) su Aprobación de la Biblia Regia.

Benito Arias Montano, grabado por Ballester
Benito Arias Montano, grabado por Ballester
De Arias Montano deben citarse: Sagrada Biblia (en hebreo, caldeo, griego, latín, 4 tomos, 1572); Antigüedades judías (9 tomos, ley de 1593), comprenden: Nombres caldeos, hebreos, griegos y latinos de los varones, hembras, razas, ídolos, ciudades, ríos, montes, etc., citados en la Biblia; Humana solutis monumenta (Amberes, 1571); Retórica (4 libros, 1569); Salmos de David y otros profetas (versos latinos, 1574); Historia naturae (1601); Cartas, publicadas en la Colección de documentos inéditos para la Historia de España, etc. Se le atribuye, sin fundamento alguno, la Mónita secreta qae observaban los padres de la Compañía de Jesús (libro original de un polaco, según prueba Sommervögel en su Bibliothéque d'auteurs de la Compagnie de Jésus, y el P. Uriarte en sus Escritos anónimos y seudónimos de la Compañía de Jesús (Madrid, 1906). Tradujo del latín El itinerario de Benjamín de Tudela, y compuso el no menos famoso Liber generationis Adam seu de historia generis humani (1592). Además del mérito de humanista insigne, consumado teólogo y filósofo, y de la pericia con que dominaba las lenguas hebrea, árabe y griega, hay que poner de relieve el valor de Arias Montano como hombre de ciencia. En relación al estado en que se hallaban en su tiempo los conocimientos en las ciencias físico-naturales, su labor supone un ingenio nuda común y un método y constancia verdaderamente singulares. En su Naturae Historia se muestra exento de casi todas las preocupaciones en que tanto abundan, no sólo los autores coetáneos suyos, sino también los posteriores. Forma varios grupos, establece y observa analogías entre animales diversos, y los distingue apreciando los caracteres más importantes. Presintió Arias Montano la necesidad de las clasificaciones, y no se contenta con admitir la división de la Biblia en animales acuáticos, terrestres y volátiles, sino que subdivide los primeros en cetáceos, peces y testáceos, y todavía intenta dividir a estos últimos según que se adhieren o no a los cuerpos sumergidos y teniendo en cuenta la naturaleza de su dérmato-esqueleto. Como si todo esto no fuera suficiente, forma grupos tan naturales como el Canis y el Felis; los distingue por caracteres de la mayor importancia, como son la forma de la cabeza, disposición de las uñas y de los dientes, añadiendo que del mismo modo se podrían formar otros grupos para llegar a conocer con más facilidad los diversos animales.