Historia
ARNALDO DE BRESCIA († 1155)
Vida hasta 1139.
A temprana edad quería ser sacerdote y como muchos jóvenes italianos de su tiempo estudió en Francia, siendo alumno de Abelardo. Su cultura científica es particularmente ensalzada y sin duda la influencia de la crítica corrosiva de Abelardo fue un factor determinante en la ruptura con los lazos que le ataban a la autoridad de la Iglesia. Unos años más tarde volvió a su ciudad natal habiendo sido ordenado sacerdote. La Historia pontificalis lo denomina canonicus regularis y abbas apud Brixiam. Las ideas a las que estuvo aferrado hasta su muerte ya estaban asentadas en su mente. La Iglesia debía renunciar a su poder y posesiones terrenales, los sacerdotes que tenían posesiones terrenales perdían la salvación, debiendo obtener su apoyo de los diezmos y el laicado que retenía de los sacerdotes lo que les pertenecía, también era objeto de la crítica de Arnaldo. Su austero ascetismo y poderosa elocuencia le ganó gran autoridad, lo que desembocó en su formidable oposición a Manfredo, obispo de Brescia. Éste le acusó por carta ante un sínodo celebrado en Roma el año 1139. Arnaldo fue desterrado de Italia y tuvo que prometer solemnemente no regresar sin el permiso papal.
Destierro de Italia.
En Brescia tenía lugar una revolución, con la expulsión de la ciudad de 'cónsules de mentes malignas y hombres hipócritas y heréticos' por parte de los nobles. Arnaldo mientras tanto se había ido a Francia donde ayudó a Abelardo contra Bernardo de Clairvaux, por lo que la condena emitida por Inocencio II contra el primero también iba dirigida contra él, por la que serían separados y encerrados en prisiones monásticas. Sin embargo, Arnaldo no fue molestado durante ese tiempo por un conflicto desatado entre el rey y la curia. Bernardo al principio se puso contra el rey pero después actuó como mediador, por lo que tras un lapso de tiempo Arnaldo tuvo que salir de Francia. Fue a Zurich, pero una carta de Bernardo (cxcv) al obispo Herman de Constanza, escrita en 1140, motivó su expulsión; no obstante, Arnaldo encontró un refugio seguro con el cardenal Guido, probablemente el cardenal-diácono Guido que ejerció como legado papal en Bohemia y Moravia entre 1142 y 1145, quien le protegió y le hizo parte de su séquito. Por sus gestiones Arnaldo volvió a Italia poco después de la muerte de Inocencio II (1143), recibiendo Eugenio III (1145-53) al fugitivo de nuevo a la comunión de la Iglesia tras imponerle una penitencia.
Actividad política en Roma.
Roma era en aquel momento escenario de grandes luchas. Hacia el final de la vida de Inocencio II la comunidad había creado un senado y designado un patricio en lugar del prefecto de la ciudad dependiente del papa. Eugenio eludió esas desagradables relaciones yéndose a Francia y Arnaldo comenzó su actividad pública. Atacó a los cardenales e incluso al papa. Según la Historia pontificalis Arnaldo afirmó que no había que tolerar a los que querían esclavizar a Roma, la prostituta del mundo, la fuente de lo licencioso. Entonces proclamó que Roma debía tomar su antigua posición de poder en el mundo. Entró en estrecho contacto con la comunidad romana que se había convertido en República y había prometido protegerlo contra cualquiera. Eugenio buscaba ocasión para capturar Roma por la fuerza de las armas y en su dificultad los romanos buscaron la ayuda del rey Conrado, quien no tenía la intención de suplir sus necesidades, aunque tampoco podía ayudar al papa de manera efectiva. Se llegó a un acuerdo en noviembre de 1149 según el cual Roma reconocería la supremacía del papa, pero el gobierno de la ciudad quedaría en manos del senado. Arnaldo seguía ejerciendo su influencia como antes. Cuando Federico I llegó al trono, Eugenio obtuvo su promesa de organizar una campaña contra Roma. Pero los seguidores de Arnaldo también le escribieron una carta en la que se afirmaba que los clérigos que contrariamente al evangelio y los cánones eclesiásticos reclaman el derecho de confirmar al emperador son sucesores de Juliano el Apóstata, que la Donación de Constantino es una fábula herética que hasta los romanos ridiculizan y que si el imperio pertenece a los romanos ¿quién puede impedirles que elijan al nuevo emperador? Es posible que estos planteamientos repelieran a los elementos más moderados. En las elecciones del 1 de noviembre de 1152 los arnaldistas fueron derrotados, entrando el senado en negociaciones con el papa, quien pudo regresar en diciembre. Un poco más tarde Federico prometió someter a los romanos.

Condenación y muerte.
Cuando Adriano IV ascendió al trono papal el 5 de diciembre de 1154 exigió que el senado expulsara a Arnaldo, orden que no fue atendida. Pero un ataque contra un cardenal proporcionó la oportunidad, poco antes del Domingo de Ramos del año 1155, para pronunciar un entredicho contra Roma. La atmósfera de pesadumbre que ya existía en la ciudad se agravó por esta medida y el miércoles el senado se presentó ante el papa para obtener la anulación del entredicho, jurando expulsar a Arnaldo y sus partidarios. El destino de Arnaldo estaba decidido. Desterrado de Roma encontró refugio todavía con los vizcondes de Campagnatico, pero ante la insistencia del papa, Federico les indujo a entregar a Arnaldo a Adriano. El prefecto de la ciudad, como juez de Roma, lo ahorcó, siendo su cuerpo quemado y las cenizas arrojadas al río Tiber. Murió siendo lamentado incluso por hombres como Gerhoh de Reichersberg, que en ninguna manera concordaban con él. La gran causa de su muerte fue, sin duda, su oposición al poder temporal del papado. Pero también fue considerado hereje. Que sostuviera falsas doctrinas sobre el bautismo no está fundamentado, si bien lo que él declaró es que los sacramentos administrados por sacerdotes que no llevan una vida apostólica son inválidos, lo cual suponía un rechazo de la Iglesia oficial y por tanto algo susceptible de ser condenado como herejía. Que Arnaldo dejó muchos seguidores es evidente según la Historia pontificalis y en la bula de excomunión de Lucio III (1184) se menciona a los arnaldistas. A partir de ahí solo hay noticias aisladas sobre ellos.