Historia

ARNAULD, JACQUELINE MARIE (1591-1661)

Jacqueline Marie Arnauld (conocida como la madre Angélica) nació en París el 8 de septiembre de 1591 y murió el 6 de agosto de 1661.

Jacqueline Marie Arnauld (madre Angélica),
por Philippe de Champaigne
Fue la tercera hija de los veinte hijos de Antoine Arnauld. Su abuelo Marión anhelaba que fuera religiosa, y a los ocho años la vistieron el hábito en el noviciado de benedictinas de San Antonio en París; al año siguiente (1600) fue trasladada a la abadía de Maubuisson, donde tomó el nombre de Angélica. En 1602, por un fraude, consiguió su familia del papa que se la nombrara coadjutora de la abadesa de Port-Royal. Educada en el regalo, entre lecturas frívolas siempre profanas y fuera de toda disciplina, no dejó de emitir los votos a los diecisiete años, sólo por el orgullo de no retroceder. Mas después de haber oído aquel mismo año un sermón de un franciscano, quedó profundamente transformada. Era ya abadesa, y su nuevo espíritu de rigor pensó infundirlo en su abadía. A una gran penetración de inteligencia unía una inquebrantable firmeza de carácter, dotes que le permitieron superar las no pocas dificultades que en la reforma se le ofrecían. Aun a su mismo padre y hermanos llegó a cerrar las puertas del monasterio a pesar de los ruegos y amenazas. Tal hecho se le conoce por la Journée du guichet (26 de septiembre de 1609). Espinosa era la empresa de llevar la reforma a la abadía de Maubuisson, llegando a imprimirle una disciplina que bien necesitaba. Port-Royal adquirió un señalado prestigio por la ejemplaridad de su observancia. Apreciando aquel valle de condiciones de vida nada saludables, la madre Angélica se trasladó (1625) con la comunidad al arrabal de Saint-Jacques, de París, en el local que luego sirvió de hospicio de la maternidad, el llamado Port-Royal de París.

Desde 1633 entregó al abad de Saint-Cyran la absoluta dirección de su espíritu y de su convento. Tenido como un oráculo, el ardoroso jansenista, enemigo de la recepción de los sacramentos en las condiciones de fervor ordinario, consiguió imbuir en aquellas almas un espíritu de misticismo autónomo. Hombres como Lancelot, Le Maître, de Sacy, de Sericourt, y varios miembros de la familia Arnauld fueron atraídos por el de Saint-Cyran a Port-Royal; llevaban vida mortificada y fueron llamados los "solitarios de Port-Royal". Por otra parte, la madre Angélica había reunido bajo su báculo a sus cinco hermanas y varias sobrinas. Había que poner freno a Port-Royal, por lo que el cardenal Richelieu encarceló a Saint-Cyran en Vincennes (1638). La madre Angélica le fue más afecta que nunca, y cuando murió, en 1643, le consideró un mártir. Al no tener su guía, vaciló no poco al hallarse sin aquel a quien consideraba su infalible maestro. A los veintidós años de abandonado el viejo Port-Royal, volvieron a ocuparlo la madre Angélica y su comunidad. La madre Angélica desplegó una actividad inusitada en la memorable campaña jansenista desde la condenación de las cinco proposiciones del Augustinus por Inocencio X, siendo uno de los más movidos y eficaces adalides de la causa. Excitó a la insumisión, condenó a quien no era jansenista (a Vicente de Paúl entre otros) y escribió cartas para iluminar y fortalecer a los que vacilaban. Con los heridos de la guerra de la Fronda se hizo admirar por su ardiente caridad. Se conservan de ella colecciones de Cartas, Conversaciones y Conferencias y algunos otros escritos, además de Mémoires pour servir à l'histoire de Port-Royal.