Historia
ARNAULD, JACQUELINE MARIE (1591-1661)

por Philippe de Champaigne
Desde 1633 entregó al abad de Saint-Cyran la absoluta dirección de su espíritu y de su convento. Tenido como un oráculo, el ardoroso jansenista, enemigo de la recepción de los sacramentos en las condiciones de fervor ordinario, consiguió imbuir en aquellas almas un espíritu de misticismo autónomo. Hombres como Lancelot, Le Maître, de Sacy, de Sericourt, y varios miembros de la familia Arnauld fueron atraídos por el de Saint-Cyran a Port-Royal; llevaban vida mortificada y fueron llamados los "solitarios de Port-Royal". Por otra parte, la madre Angélica había reunido bajo su báculo a sus cinco hermanas y varias sobrinas. Había que poner freno a Port-Royal, por lo que el cardenal Richelieu encarceló a Saint-Cyran en Vincennes (1638). La madre Angélica le fue más afecta que nunca, y cuando murió, en 1643, le consideró un mártir. Al no tener su guía, vaciló no poco al hallarse sin aquel a quien consideraba su infalible maestro. A los veintidós años de abandonado el viejo Port-Royal, volvieron a ocuparlo la madre Angélica y su comunidad. La madre Angélica desplegó una actividad inusitada en la memorable campaña jansenista desde la condenación de las cinco proposiciones del Augustinus por Inocencio X, siendo uno de los más movidos y eficaces adalides de la causa. Excitó a la insumisión, condenó a quien no era jansenista (a Vicente de Paúl entre otros) y escribió cartas para iluminar y fortalecer a los que vacilaban. Con los heridos de la guerra de la Fronda se hizo admirar por su ardiente caridad. Se conservan de ella colecciones de Cartas, Conversaciones y Conferencias y algunos otros escritos, además de Mémoires pour servir à l'histoire de Port-Royal.