Historia
ATANASIO (293-373)
- Vida
- Primera etapa. Escogido obispo en 326
- La controversia arriana. Primer exilio
- Segundo y tercer exilio
- Cuarto y quinto exilio
- Relaciones con el monasticismo
- Escritos
- Su enseñanza
Vida.
Las principales fuentes para la biografía de Atanasio son los numerosos documentos que sobre la controversia arriana se produjeron y han sido preservados, así como sus propias obras, que son ricas en material biográfico, especialmente sus "Apologías", ("Contra Arrianos", "a Constantino" y "de su Huída"), pero también su "Historia de los arrianos para monjes".
La oración sobre Atanasio de Gregorio de Nacianzo es un mero panegírico sin gran valor biográfico. Las biografías prefijadas a la edición benedictina de sus obras son posteriores al siglo V y de poco valor. De mayor importancia son dos fuentes desconocidas hasta el siglo XVII, siendo una la "Historia acéfala", de la que Maffei (1738) publicó un fragmento, escrita entre los años 384 y 412 y el prefacio a las "Cartas Festales" que se ha preservado en una versión siríaca. Ambas proceden de una sola fuente, siendo muy cuidadosas en su cronología, hasta el punto de que los datos de Sócrates y Sozomeno han tenido que ser corregidos tras salir a la luz.
Primera etapa. Escogido obispo en 326.
Casi con toda seguridad es posible establecer la fecha de la consagración episcopal de Atanasio el año 326 y con la ayuda de un fragmento copto del Encomium, escrito por un contemporáneo del obispo Teófilo de Antioquía († 412), fijar su fecha de nacimiento en el año 293. Sin embargo, de su vida hasta el 326 sabemos muy poco. Parece haber sido alejandrino, pero que sus padres fueran cristianos no es seguro. El relato tradicional de jugar a la "iglesia" cuando era niño y, en el carácter de un obispo, bautizar tan correctamente a algunos catecúmenos que el obispo Alejandro (313-326) reconoció la validez del bautismo, tomando al muchacho bajo su cuidado, es digno de su primer narrador, Rufino, pero la cronología es suficiente para condenarlo. Se consagró a la vida clerical y sirvió, según el Encomium copto, seis años como lector; era diácono en el momento de la irrupción de la controversia arriana, teniendo una relación estrecha con el anciano obispo Alejandro, tal vez como secretario suyo. Esto explicaría que le escogiera para que le acompañara al concilio de Nicea y haría justicia a la afirmación de Sozomeno de que le designó sucesor suyo. En cualquier caso, Atanasio fue elevado a la dignidad episcopal a la muerte de Alejandro (326), siendo recibido con entusiasmo por la gran mayoría de su grey. Sus oponentes afirmaron que fue escogido por una minoría, siendo consagrado secretamente. Pero este argumento no concuerda con la evidencia de los obispos egipcios reunidos en asamblea el año 339.
La posición no era nada fácil. El cisma meleciano había partido la Iglesia egipcia en dos y aunque las decisiones de Nicea habían despejado el camino para la terminación del cisma, eso no significaba el fin de la batalla en cuanto a la validez de las ordenaciones del clero meleciano. Apenas Atanasio fue consagrado cuando esos disturbios surgieron de nuevo, complicándose la situación por su decidida actitud antiarriana.
La controversia arriana. Primer exilio.
A petición de Eusebio de Nicomedia, dirigente de los antiarrianos, el emperador demandó la readmisión de éstos en la Iglesia, pero Atanasio rehusó vehementemente dar su consentimiento, lo cual provocó el estallido de la tormenta. Fue citado ante el emperador que en ese momento estaba en Nicomedia, siendo acusado de conspiración por impedir la exportación de grano de Egipto a Constantinopla. Tras pesadas y largas luchas pudo probar su inocencia. Inmediatamente tras su retorno se levantaron nuevas acusaciones contra él, entre la que se encontraba la de haber matado al obispo meleciano Arsenio, de quien habría usado sus huesos para hacer magia. Se ordenó una investigación, reuniéndose un sínodo en Cesarea el año 334, pero Atanasio no se presentó al mismo y la investigación siguió su curso, hasta que se supo que Arsenio estaba vivo. Eusebio, sin embargo, todavía tenía influencia sobre el emperador y Atanasio fue citado a declarar ante un sínodo en Tiro. Dejó Alejandría el 11 de julio del año 335, pero cuando llegó a Tiro encontró que el concilio ya tenía preparada la sentencia de condenación contra él, por lo que regresó a Constantinopla donde logró convencer al emperador de la injusticia del sínodo. No obstante, Constantino vio en Atanasio un obstáculo para la paz, lo cual era lo que más deseaba, de manera que lo envió al exilio en Tréveris, hacia finales de ese año. El emperador murió el 23 de mayo de 337 y el primer exilio de Atanasio acabó con su regreso a su diócesis el 23 de noviembre de ese año. Su entrada, según palabras de Gregorio de Nacianzo, fue 'más triunfal que la que nunca hubiera tenido un emperador'.
Segundo y tercer exilio.
Pero la oposición y las intrigas no cesaron; sus enemigos le acusaron de haber vendido y empleado para su propio uso el maíz que el difunto emperador había destinado para las viudas pobres de Egipto y Libia. Un sínodo de obispos africanos declaró en su favor, pero como Constancio estaba bajo la influencia de Eusebio de Nicomedia y el prefecto de Egipto, Filagrio, quería en la sede de Alejandría a Gregorio de Capadocia, Atanasio fue exiliado por segunda vez el 19 de marzo del año 339, ocupando Gregorio, por la fuerza militar, la sede de Alejandría. Atanasio fue a Roma, donde fue recibido por Julio, yendo posteriormente a Galia para encontrarse con Osio, acompañándolo a Sárdica para tomar parte en el famoso concilio que allí se reunió en el año 343. Tras pasar algún tiempo en Naïssus en Dacia, en Aquileya y en la Galia, donde se encontró con Constante, quien influenció a su hermano, finalmente se presentó una vez más ante Constancio obteniendo permiso para regresar. Gregorio murió el 25 de junio de 345 dejando su lugar vacante, que fue ocupado por Atanasio el 21 de octubre del año 346. Tras la muerte de Constante, en junio de 350, la posición de Atanasio fue una vez más crítica, como demuestra el hecho de que la noche del 8 de febrero del año 356 fuera rodeada la iglesia de San Teonas por 5.000 soldados con el fin de arrestarlo. Atanasio pudo escapar, encontrando refugio entre los monjes y eremitas del desierto, en este su tercer exilio. Desde allí continuó escribiendo a los fieles de Alejandría. El 24 de febrero del año 357 fue elevado al obispado de la ciudad Jorge de Capadocia, ocupando los arrianos la mayoría de los puestos eclesiásticos. Sin embargo, Jorge sólo pudo mantenerse en el puesto dieciocho meses, estando tres años ausente tras los cuales regresó a la ciudad. Pero tres días después de su regreso fue arrestado y asesinado en los disturbios que siguieron a la muerte de Constancio. El nuevo emperador, Juliano el Apóstata (361-363), promulgó un edicto permitiendo el regreso a sus sedes de los obispos exiliados, esperando con esa medida añadir confusión en la Iglesia, con el propósito de beneficiar al paganismo que era su intención restaurar. El tercer exilio de Atanasio acabó el 21 de febrero del año 362.
Cuarto y quinto exilio.
Sin embargo, pronto comenzaría el cuarto exilio. Los consejeros del nuevo emperador veían en Atanasio a un hombre peligroso para sus planes y Juliano promulgó una orden por la que debía abandonar Alejandría, ya que había regresado sin recibir permiso específico. De esta manera, una vez más, Atanasio partía para el exilio el 24 de octubre del año 362. Permaneció escondido en el desierto de Tebaida hasta que supo que Juliano había muerto (26 de junio del 363), volviendo a Alejandría el 5 de septiembre de ese mismo año. Pasó por Antioquía para ver al nuevo emperador, Joviano, quien le recibió cálidamente, dando por concluido así su cuarto exilio el 20 de febrero del año 364. Pero la prematura muerte de Joviano, sólo ocho meses después, despertó la inquietud otra vez en el lado niceno, pues su sucesor, Valente, emitió un edicto el 5 de mayo del año 365 anulando el de Joviano que restauraba a sus sedes a los obispos exiliados. El día 5 de octubre del mismo año el prefecto de la ciudad, Flaviano, irrumpió en la iglesia de San Dionisio obligando a Atanasio a exiliarse una vez más. Permaneció en una localidad cercana a la ciudad hasta que Valente cambió de parecer, al darse cuenta del descontento generalizado que había provocado la medida en una ciudad tan importante como Alejandría. El 31 de enero del año 366 Atanasio regresaba de su quinto exilio, al haber hecho el emperador una excepción especial hacia él. Los siguientes siete años de su episcopado los pasó sin alteración en Alejandría.
Todos sus destierros y rehabilitaciones quedarían resumidos de esta manera:
Desterrado por Constantino (335)
Rehabilitado por Constantino II (337)
Desterrado por Constantino II (339)
Rehabilitado por Constante (346)
Desterrado por Constancio (356)
Rehabilitado por Juliano (361)
Desterrado por Juliano (362)
Rehabilitado por Joviano (364)
Desterrado por Valente (365)
Rehabilitado por Valente (366)
Relaciones con el monasticismo.
El refugio de Atanasio entre los monjes y ermitaños del desierto durante su tercer y cuarto exilio supuso que se convertiría en el primer obispo en el este que tomaba parte activa en el impulso de la vida monástica. Desde un periodo temprano tuvo estrechas relaciones con el monasticismo egipcio. Cuando los obispos convocados en el año 339 lo denominaron 'uno de los ascetas' (refiriéndose a uno de los motivos para su elección) significa que Atanasio formaba parte del número de cristianos que practicaban la vida ascética en diversos grados, aunque sin retirarse del mundo. No sabemos si su encuentro con Antonio el Ermitaño († 356) tuvo lugar por primera vez antes de ser obispo o después de serlo, pero nada más ser consagrado estuvo en contacto con Pacomio († 345), quien vino con sus hermanos de comunidad para saludar al nuevo obispo durante una visita a Tebaida entre las Pascuas de 328 y 329. Las relaciones con esta comunidad permanecieron con el paso del tiempo, por medio de las visitas anuales que delegaciones de monjes hacían a Alejandría para comprar avituallamiento. Se dice que Pacomio afirmó que había tres cosas especialmente agradables a los ojos de Dios en el Egipto de su tiempo: Atanasio, Antonio y su propia comunidad de monjes. Atanasio conoció a Teodoro, el sucesor de Pacomio, visitándolo en su retiro del desierto en Phboou, probablemente el año 363, cuando también viajó hasta Antino y Hermópolis. Fueron tan buenas esas relaciones que un oficial del emperador Constancio que tenía la orden de apresarlo lo buscó en el año 363 en Phboou, pero no pudo hallarlo. Cuando Teodoro murió (368), Atanasio escribió una carta de cálida simpatía a su sucesor. Estas prolongadas y profundas relaciones con el monasticismo egipcio apoyan la afirmación de Jerónimo (Epist., cxxvii) de que la dama romana Marcela supo en el año 341 de Antonio, Pacomio y las comunidades ascéticas de Tebaida por Atanasio. El servicio que hizo al monasticismo no sólo fue por llamar la atención del mundo occidental hacia el mismo, sino también por combatir con éxito la tendencia que lo mostraba al principio como una casta aparte, en rivalidad con el clero. Fue el primero también, al menos en la etapa de la Iglesia imperial, en promover monjes al episcopado, lo que sería un punto de gran importancia para el desarrollo de la Iglesia oriental.
Escritos.
Atanasio alcanzó un alto rango como autor, especialmente debido a su lucha contra el arrianismo. Sus obras no tienen un carácter especulativo, pues lo que le importa son los problemas surgidos en su tiempo. Sus libros más importantes surgen en el fragor del momento, debiendo ser considerados cronológicamente y no bajo otro criterio. Las obras "Contra los paganos" y "De la encarnación del Verbo" han sido fechadas en el tiempo de su exilio en Tréveris, pero como no hay en ellas rastros de la controversia arriana, algunos las consideran producto de la primera etapa de su vida, tal vez hacia el año 318. De las "Cartas Festales" (329-335 y 338-339), que se han preservado, aunque no todas, en griego y siríaco, destaca la número 39, donde hay una lista del canon del Nuevo Testamento. Hasta el año 348 los únicos escritos que pueden ser fechados con seguridad son la "Carta Encíclica" escrita poco después de la Pascua del 339 y la discusión sobre Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.[…]Mateo 11:27 (probablemente incompleta) escrita antes de la muerte de Eusebio de Nicomedia. Pero con la colección de documentos conocidos como "Apología contra arrianos", entre los años 347 y 351, comienza una larga serie de obras más importantes para la historia del periodo y al mismo tiempo fechadas con más seguridad. Entre ellas están la "Defensa del concilio niceno", del año 351, la "Defensa de Dionisio", poco después, la "Carta a Draconcio", Pascua del 354 o 355, "Carta a los obispos de Egipto y Libia", entre febrero del 356 y el mismo mes del 357, la "Apología a Constantino", probablemente del verano del 357, la Apología por su huída, un poco después, la "Historia de los arrianos para los monjes", de finales del 357 o principios del 358, la "Carta a Serapión sobre la muerte de Arrio", 358, las cuatro "Cartas a Serapión", decisivas para la doctrina de la consustancialidad del Espíritu Santo y escritas durante el tercer exilio, "Sobre el sínodo de Arimino y Seleucia", a finales del 359, el "Libro de los antioquenos", 362, la "Carta a Joviano", 364, la "Carta a los africanos", probablemente del 369, y sobre el mismo tiempo después del sínodo romano del 369 o 370 las "Cartas a Epicteto", "Adelfo" y "Máximo el filósofo", tan influyentes para las controversias del siglo V. Aparte hay un buen número de cartas, sermones y fragmentos que son difíciles de fechar. A estos documentos pertenece la "Vida de Antonio", los "Cuatro discursos contra arrianos", que pueden ser considerados la obra maestra de Atanasio, que fueron fechados en el tercer exilio pero que son anteriores a ese acontecimiento, tal vez el 338 o 339, el fragmentario "Sermón sobre la fe" y la "Declaración de fe", que pueden ser fechados en el periodo temprano de Atanasio. Dada su fama no es extraño que muchas obras le hayan sido atribuidas, cuya autoría es dudosa o totalmente falsa.
Su enseñanza.
Atanasio hizo suya la doctrina de su obispo Alejandro, construyendo a partir de la misma su propio sistema teológico. Su terminología, en cuestión de cristología, muestra cambios a medida que pasa el tiempo. En las primeras obras, como en las de Alejandro, no aparece el término que llegaría a ser crucial para la ortodoxia: homoousios. Incluso en la "Declaración de fe" aparece homoios toi patri, si bien homoousios sí aparece en las explicaciones, aunque con una palabra de cautela contra un significado sabeliano. La misma impresión se obtiene del "Contra arrianos", escrita mientras estaba en el exilio en Tréveris. Probablemente ya se nota el efecto de su contacto con el pensamiento occidental en una ligera diferencia de terminología, pero la influencia de las antiguas frases, que posteriormente abandonó, es todavía muy señalada; emplea la palabra homoousios, que sus enemigos rechazaban por no ser bíblica, sólo una vez de pasada, usando varias veces homoios para denotar la identidad genérica de sustancia entre el Padre y el Hijo. En resumen, en "Contra arrianos" la terminología de Atanasio se halla en una fase transicional, no libre de incertidumbre. Más tarde supera su temor escondido al término homoousios, aunque sin dejar la asimilación de ousia e hipóstasis, tal como se aprecia en "Contra arrianos". De hecho su posterior homoousios es apenas distinguible del monoousios y el anterior homoios ya no le satisface. Si nos preguntamos por el origen de este cambio, que tuvo lugar entre el año 339 y 343-352, es obvio que no podemos dejar de tener en cuenta el viaje que hizo al oeste desde el 339 al 346 y su encuentro con Marcelo. Se pueden encontrar evidencias añadidas en su enseñanza sobre la humanidad de Cristo. Si este cambio de actitud hacia los homoousianos, su condenación de Basilio de Ancira, etc., muestra que Atanasio era capaz de desarrollar sus ideas, no es necesario tomarlo como un reproche. Sabía mejor que muchos de sus contemporáneos cómo separar la verdad, de la que nunca se movió, de las fórmulas empleadas para describirla. Sus convicciones se fijaron con anterioridad, pero hasta el final de su vida nunca se obstinó en pretender el absolutismo de las frases que había escogido para expresarlas.
La teología de Atanasio sobre la Trinidad la expone en su Primera carta a Serapión, afirmando sin rodeos la unidad y consustancialidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo:
'Existe, pues, una Trinidad, santa y completa, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tienen mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora; es consistente e indivisible por naturaleza, y su actividad es única. El Padre hace todas las cosas por el Verbo en el Espíritu Santo. De esta manera se salva la unidad de la santa Trinidad. Así en la Iglesia se predica un solo Dios, «que está sobre todos (un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.[…]Efesios 4:6), por todos y en todos» : «sobre todos», en cuanto Padre, principio y fuente; «por todos», por el Verbo; «en todos», en el Espíritu Santo. Es una Trinidad no sólo de nombre y por pura apariencia verbal, sino en verdad y realidad. Pues así como el Padre es el que es, así también su Verbo es el que es, y Dios sobre todos. El Espíritu Santo no está privado de existencia real; existe y tiene verdadero ser. Menos que estas [Personas] la Iglesia católica no sostiene, so pena de caer al nivel de los modernos judíos, imitadores de Caifás, y al nivel de Sabelio. Pero tampoco inventa nuevas personas, por no caer en el politeísmo de los paganos.'
'Porque son uno, no como una cosa que se divide en dos partes y estas dos partes son una sola cosa, ni como una cosa que se nombra dos veces, de suerte que el mismo es una vez Padre y otra vez su propio Hijo; por pensar así, Sabelio fue juzgado hereje. Mas son dos, porque el Padre es Padre y él mismo no es el Hijo, y el Hijo es Hijo y él mismo no es el Padre, pero la naturaleza (physis) es una (pues la prole no es diferente de su progenitor, ya que es su imagen), y todo lo que es del Padre es del Hijo. Por lo tanto, ni el Hijo es otro Dios, puesto que no fue producido desde fuera, en ese caso hubieran sido varios (dioses), si es que se hubiera producido una divinidad extraña a la divinidad del Padre. Porque, si bien el Hijo es otro en cuanto engendrado, sin embargo es el mismo en cuanto Dios. Él y el Padre son uno en propiedad y particularidad de naturaleza y en la identidad de la única Divinidad, como ya se ha dicho. Porque el resplandor es también luz, no posterior al sol, ni una luz distinta, ni por participación de aquélla, sino su propia y total producción. Y tal producto es por fuerza una sola luz, y nadie diría que son dos luces; sin embargo, el sol y su resplandor son dos, pero una sola luz, la luz del sol, que en su resplandor ilumina el universo. Así también la divinidad del Hijo es la divinidad del Padre; por tanto, es también indivisible, y así hay un solo Dios y ninguno más que él. De esta manera, puesto que son uno y la misma Divinidad es una, las mismas cosas que se dicen del Padre se dicen también del Hijo: fuera de llamarse Padre.'
(Or. Arian., 3,4)
'¿Cómo puede ser uno de tantos y pertenecer al número de los que de él participan, uno que no es santificado por otro ni participa en la santificación, sino que él mismo hace a otros partícipes y en El se santifican todas las criaturas?
Si nosotros nos hacemos «partícipes de la divina naturaleza» (por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia.[…]2 Pedro 1:4) por comunicación del Espíritu, sería insensato quien afirmara que el Espíritu tiene una naturaleza creada y no la naturaleza de Dios. Pues es por él por quien son divinizados precisamente aquellos en quienes está El. Si él diviniza, no cabe duda de que su naturaleza es divina.'
(Carta a Serapión, 1, 23-24)
