Historia

ATENÁGORAS

Atenágoras es el reputado autor de dos tratados griegos en el tiempo de los Antoninos, uno sobre la resurrección y el otro una apología a favor de los cristianos. Es enteramente desconocido a la tradición de la Iglesia. Eusebio, Jerónimo y sus sucesores guardan silencio y en la relación que Eusebio da de la literatura apologética del siglo II, que es muy completa, su silencio es significativo. Muy pronto se puso en duda la existencia de un apologista de ese nombre, siendo la obra atribuida a Justino (comp. Baronio, Annales, ii, ad an. 179, cap. xxxix). Esta suposición, sin embargo, es por razones internas insostenible. El primer testimonio, y el único del siglo III, de la existencia de la apología y el nombre de su autor es una cita de Metodio encontrada (1) en la antigua traducción búlgara (edición de Bonwetsch, i, 293); (2) en Epifanio, Hær., lxiv, 20, 21; (3) en Focio, Bibl. cod. 234 (comp. Atenágoras, Supplicatio, xxiv, p. 27 B). Ciertas noticias de un escriba desconocido (Cod. Barocc. 142, fol. 216) citando de la 'Historia Cristiana' de Felipe de Side (a principios del siglo V), señalan que Atenágoras era ateniense de nacimiento y primer director de la escuela catequética de Alejandría; vivió en el tiempo de Adriano y Antonino Pío; igual que Celso, estuvo ocupado en la investigación de las Escrituras, buscando argumentos contra el cristianismo, pero fue súbitamente convertido. La mayoría de esas noticias, sin embargo, son palpablemente erróneas. Sin embargo, a pesar de la total ausencia de tradición y el estrecho parecido con la apología de Justino, la fecha de la obra debe situarse en el siglo II. Va dirigida a los emperadores Marco Aurelio y Lucio Aurelio Cómodo, señalando varios pasajes al periodo entre los años 176 y 178. Tras una introducción (1-3), el autor refuta las principales calumnias urdidas contra los cristianos, como que eran ateos (4-30), que comían carne humana y cometían los más horribles crímenes en sus asambleas (31-36). En el tratado sobre la resurrección, Atenágoras aduce en su favor la bondad, sabiduría y poder de Dios, junto con la constitución natural del hombre.

Mapa de los Padres de la Iglesia - Atenágoras