Historia

AURELIANO (c. 212-275)

Aureliano fue emperador romano desde el año 270 al 275. Era de origen humilde pero por su talento ascendió desde soldado raso hasta una alta posición bajo los emperadores Valeriano y Claudio, siendo por éste último respaldado como candidato a César según la voluntad del ejército. A la muerte de Claudio (270), Aureliano le sucedió en un momento en el que la integridad del imperio estaba amenazada por los bárbaros y la aparición de numerosos pretendientes dentro de sus fronteras. Su talento y energía para restaurar el orden y repeler la invasión le ganó el título de Restaurador del Imperio. Obtuvo victorias en el Danubio y en Italia, pero es mejor conocido en relación a la derrota del reino sirio de Palmira y de su reina Zenobia. Fue asesinado por uno de sus oficiales mientras estaba preparando una campaña contra los persas.

Según una antigua tradición eclesiástica, Aureliano promovió la novena de las diez grandes persecuciones contra los cristianos, pero esta tradición parece basarse en un mal entendimiento de los textos. Orosio habla de Aureliano como perseguidor de los cristianos, pero le atribuye sólo la invención de un plan de persecución, sin señalar que fuera puesto en práctica. El autor del De mortibus persecutorum (vi) afirma que se promulgó un edicto hostil contra los cristianos, pero antes de que pudiera llegar a las provincias fronterizas le sobrevino la muerte al emperador. Eusebio (Hist. eccl., vii, 30), a quien todas las otras fuentes citan como referencia, dice que hacia el final de su reinado, Aureliano experimentó un cambio hacia los cristianos para peor, pero antes de que pudiera proceder a sus designios fue vencido por la venganza divina. Eusebio no menciona ni la publicación de un edicto ni su ejecución, lo que concuerda con el carácter del emperador y las condiciones prevalecientes en el Imperio. Aureliano fue antes de nada un soldado ocupado casi enteramente de los asuntos militares durante su reinado. Es muy improbable que en un momento en el que había peligro extranjero y gran conmoción interna añadiera un riesgo más organizando una persecución contra los cristianos. Aunque fue un pagano devoto y a pesar de sus supersticiones, reconocía que el cristianismo había mantenido, desde el tiempo de Galieno, una posición pública fiable dentro del Estado.