Historia
AYMER DE VALENCE († 1260)
El obispo electo de Winchester asistió a la asamblea de obispos celebrada en Londres el 18 de octubre de 1352 para deliberar sobre la donación del papa al rey de una décima parte de los ingresos del clero durante tres años. Robert Grosseteste, obispo de Lincoln, se opuso a la demanda. Aymer argumentó que, como el papa y el rey estaban unidos, el clero no tenía otra opción; y que como los franceses habían aceptado una demanda similar, los ingleses debían hacer lo mismo. Sin embargo, parece haber dicho esto como abogado del rey, porque estaba de acuerdo con Grosseteste y la mayoría de los otros obispos al negarse a estar atado por la concesión. El rey se airó con él y cuando Aymer se despidió de él con las palabras: 'Te encomiendo al Señor Dios', respondió: 'Y yo al diablo', reprochándole amargamente su ingratitud. Poco después, Aymer disputó con Bonifacio de Saboya, arzobispo de Canterburyy, tío de la reina. Durante la ausencia del arzobispo de Inglaterra, instituyó un cierto oficial como prior del hospital de St. Thomas the Martyr, en Southwark. El oficial del arzobispo, viendo que los derechos de Canterbury habían sido infringidos, pidió al prior que renunciara y al negarse lo excomulgó. El prior fue contumaz y el oficial le confiscó la propiedad del arzobispo de Maidstone. Cuando Aymer supo esto, reunió una banda de hombres y con la complicidad de William, su hermano y John de Warrenne, su cuñado, los envió para capturar al oficial. Lo buscaron en Southwark y luego en Maidstone y no encontrándolo prendieron fuego a la casa. Por fin lo encontraron en la casa solariega de Lambeth y lo trajeron con muchos insultos a Farnham. Aymer no se atrevió a retenerlo y lo echó del castillo. El arzobispo excomulgó a todos los envueltos en este ultraje. Pero Aymer ordenó al deán de Southwark y a otros que declararan la sentencia sin efecto. Los extranjeros en la corte estaban divididos, los poitevinos contra los provenzales y los hombres del rey contra los hombres de la reina, mientras que los ingleses deseaban que se destruyeran unos a otros. El arzobispo logró instigar el sentimiento popular contra el obispo electo al presentar su caso ante la universidad de Oxford. Para la festividad de Epifanía, al año siguiente, el rey, como de costumbre, estaba en Winchester por Navidad, arreglándose una reconciliación, jurando Aymer que la violencia se había hecho sin su conocimiento y voluntad. En el parlamento celebrado en Londres en abril de 1253, el obispo electo, con otros dos, fue enviado por los obispos al rey para pedirle que permitiera a la iglesia libertad de elección. Enrique dijo que los obispos de su designación era mejor que renunciaran al nombramiento y, volviéndose hacia Aymer, le recordó que había ganado su obispado por amenazas y ruegos, cuando, debido a su juventud e ignorancia, debería haber estado en la escuela. Al año siguiente, Aymer parece haber prometido unirse al rey, quien entonces estaba peleando en Gascuña.
Aymer hizo que los monjes de Winchester se arrepintieran de su complicidad con la orden del rey para elegirlo, porque los presionó enormemente, manteniéndolos encerrados en la iglesia durante tres días sin alimento. Escaparon de su violencia y se refugiaron en otros monasterios. Él desposeyó al prior y llenó el convento de hombres de menor extracción, a quienes hizo monjes de su casa. Incluso el rey reprobó su violencia. El prior apeló a Roma. Enrique advirtió a su hermano de la sed insaciable de la corte papal por el oro y en respuesta Aymer se jactó de que la fuente de su riqueza no se secaría. Sus dones excedieron los dones del prior y ganó la demanda. El prior que él había establecido mantuvo su puesto, pero sus falsos monjes se cansaron de su vida y abandonaron el convento, haciendo que los antiguos monjes regresaran a su casa de nuevo. Se las arregló para sacar algún beneficio incluso de su demanda con el prior. Para ganar dinero para continuar con su caso, el convento recurrió a los Caursins (o Caorsini), los grandes prestamistas del momento. Aymer pagó la deuda a condición de recibir la isla de Portland y algunos otros lugares del convento. Después de que muriera, los monjes le suplicaron al rey que les devolviera estos lugares, porque dijeron que les habían sido arrebatados ilegalmente. Aymer no simpatizaba con el sentimiento inglés en ninguna forma y cuando en 1255 los obispos estuvieron en dificultades por las exigencias de Rustand, el enviado papal, sospecharon que su corazón no estaba con ellos, y por eso no le pidieron consejo. En 1256 estuvo en Poitou del 25 de enero al 17 de septiembre. Tras la muerte de Walter Gray, arzobispo de York, el rey se negó a confirmar la elección de Sewall de Bovill, porque esperaba obtener el arzobispado para Aymer. Sin embargo, Sewall no perdió tiempo en postularse ante Roma, siendo la elección confirmada por el papa y el plan del rey fracasó. En enero de 1267 Aymer fue enviado a una embajada a Francia para obtener una prolongación de la tregua. Más tarde en ese año fue enviando de nuevo con otros embajadores a la corte francesa, para exigir los derechos ingleses, pero él y sus compañeros no obtuvieron más que duras palabras. La idea principal era convencer a Ricardo de Cornualles para que aceptara la corona de Alemania que se le ofreció ese año. Cuando en 1258 el parlamento de Oxford creó un comité de veinticuatro para la reparación de los agravios en una petición de los barones, Aymer y sus hermanos, Guy y William, estuvieron entre los doce propuestos por el rey. Se negaron a jurar las disposiciones elaboradas para la reforma del Estado y no renunciaron a los castillos reales que tenían. Por temor al conde Simon, William, Guy y Geoffrey abandonaron Oxford de repente y huyeron a Aymer en Wolvesey. El castillo fue atacado por los barones. En las negociaciones que siguieron se propuso al principio que William y Aymer permanecieran en el país, pero finalmente se decidió que todos los hermanos deberían marcharse con sus seguidores. Su propiedad fue incautada y no se les permitió llevarse más que 6.000 marcos. El sentimiento contra Aymer era muy fuerte. No mucho antes, sus hombres habían engañado y matado a un oficial que había sido designado por John Fitz Geoffrey para una iglesia de la que él reclamaba el patrocinio y cuando se presentó una queja al rey, Enrique lo excusó. En general, se creía que antes de que él y sus hermanos dejaron Inglaterra, envenenaron al conde de Gloucester y a otros en una casa de Aymer en Southwark.
Al llegar a Francia, se encontraron con una recepción fría. Aymer pidió permiso para quedarse en París. Pero como la reina francesa se quejó de que los poitevinos habían insultado a su hermana, la reina de Inglaterra, Luis no pudo tenerlos en su capital. Casi tan pronto como desembarcaron fueron seguidos por Enrique de Montfort, ansioso de vengar las vejaciones que habían hecho a su padre. Él enemistó a los franceses contra ellos. Aymer y sus hermanos se encerraron en Bologne y se quedaron allí casi en una especie de bloqueo. Por fin, el obispo electo pudo pasar a Poitou. El condestable de Dover interceptó 1.000 marcos que le fueron enviados de Inglaterra. Parte de esta suma fue empleada por los barones para sufragar los gastos de una embajada a Roma para quejarse de su conducta. Los embajadores llevaron cartas en las que exponían el mal y la perversidad de que había sido culpable, instando al papa a anular su nombramiento y declarando que los barones estaban decididos a no permitirle regresar y que aunque ellos pensaran de otro modo, el pueblo de Inglaterra nunca lo soportaría. Al año siguiente, 1259, el capítulo de Winchester eligió a Henry Wengham, el canciller, para el obispado y el rey concedió la elección condicionalmente, declarando su aprobación en el caso. Aymer fue incapaz de obtener la consagración. Pero Alejandro IV no estaba inclinado a escuchar las propuestas del partido de los barones y el 16 de mayo de 1200 consagró a Aymer en Roma. El obispo se embarcó en su viaje a Inglaterra, con la intención de imponer un entredicho en el caso de que no fuera recibido. Pero murió en París el 4 de diciembre, para gran alegría de los ingleses. Fue enterrado en esa ciudad y su corazón enviado a la catedral de Winchester, donde aún se puede ver su tumba, y donde, por extraño que pareza, se lee que se realizaron muchos milagros.