Martín Azpilcueta, teólogo y jurisconsulto español, llamado Doctor navarro por su nacimiento, nació en Barasoain, Navarra, en 1491 y murió en Roma en 1586.
Martín Azpilcueta
Pertenecía a la ilustre familia de Francisco Javier. Muy joven vistió el hábito de canónigo regular de la iglesia colegiata de Roncesvalles y después de haber estudiado en Alcalá pasó a Tolosa, cursando ambos derechos. A poco de haber terminado, fue nombrado profesor de dicha universidad y de la de Cahors, en la que explicó derecho con tanta aceptación que, a pesar de ser extranjero, se le concedió una plaza de consejero del parlamento de París, que él no aceptó. Regresó a España y obtuvo por oposición la cátedra de prima de cánones de la universidad de Salamanca, que ocupó durante catorce años. No obstante estar reciente la ejecución de los comuneros de Castilla, patrocinó el principio de la soberanía nacional. A ruego de Carlos V fue a regir la universidad de Coimbra, contando entre sus discípulos al célebre Covarrubias de Leiva. Permaneció 16 años en Coimbra y renunció a una mitra que le ofrecía el rey de Portugal, no queriendo tampoco aceptar el arzobispado de Santiago, pues por sus achaques y avanzada edad estaba más cerca para ir al cielo que para obispar en este mundo. No obstante, convencido de la inocencia de fray Bartolomé de Carranza, acusado por la Inquisición, tomó su defensa y aun le acompañó a Roma. En esa ciudad, donde desempeñó el cargo de penitenciario apostólico, permaneció 19 años, al cabo de los cuales murió.
Gozaba de un prestigio extraordinario y el rey, los ministros y los nobles le consultaban los más importantes asuntos. Su caridad era inagotable y cargado ya de años y de achaques, sólo dormía cinco horas, ayunaba toda la Cuaresma, sin tomar ningún alimento hasta la puesta del sol, y dedicaba largas horas al estudio, tantas como le dejaban las prácticas religiosas, fundó un hospital en Barasoain y llevó a cabo otras muchas obras de caridad. Entre sus escritos cabe mencionar: Manual de confesores y penitentes, que poco después de haber aparecido en España y Portugal se publicó en otras naciones; De redditivus ecclesiasticis, De musica et cantu figurato, Il silenzio necessario nell' altare, nel coro ed altri luoghi ove si cantono i divini uffizi y una carta dirigida a Felipe II desde Roma sobre la Reforma de los franciscanos claustrales.