Historia

BABINGTON, ANTHONY (1561-1586)

Anthony Babington, dirigente católico inglés de una conspiración contra la reina Isabel de Inglaterra, nació en Dethick en octubre de 1561 y murió ejecutado el 20 de septiembre de 1586. Era descendiente de una familia de gran antigüedad. John de Babington, quien remontaba su ascendencia a la era normanda, fue, en el reinado de Enrique III, el dueño del distrito alrededor de Mickle y Little Babington, o Bavington, en Northumberland. Por el matrimonio, a principios del siglo XV, de Thomas Babington, el quinto en descenso de John, con la heredera de Robert Dethick, de Dethick, la rama principal de la familia quedó identificada con Derbyshire, y por una serie de matrimonios con herederos vecinos, adquirieron propiedades adicionales en condados contiguos. Una rama septentrional de la familia continuó floreciendo hasta el siglo XVIII y vástagos de la rama de Derbyshire se establecieron en Leicestershire y Oxfordshire. Lord Macaulay fue nombrado según su cuñado, Thomas Babington, de la rama de Leicestershire, en cuya casa en Rothley Temple nació.

María Estuardo
María Estuardo
Anthony era el tercer hijo y el varón mayor de Henry Babington, de Dethick, y su segunda esposa, Mary, hija de George, Lord Darcy, de Darcy, y nieta de Thomas, Lord Darcy, quien fue decapitado en 1538 como responsable principal en la Peregrinación de la Gracia. Se dice que el padre de Anthony había estado 'inclinado al papismo' y 'tenido un hermano que era doctor en teología' de la misma profesión religiosa. Murió en 1571, a la edad de 41 años, dejando a Anthony como su pequeño heredero. A sus tres custodios, su madre, descendiente de un católico rebelde, el segundo marido de ella, Henry Foljambe, y Philip Draycot, de Paynsley, Staffordshire, Anthony estuvo en deuda por su educación. Aunque los tres estaban conformados externamente al protestantismo, fueron sin duda adeptos secretos de la fe católica, y en esa creencia Anthony fue criado. Permaneció en Dethick hasta aproximadamente 1577, diversificando solo su vida con visitas ocasionales a la casa de Draycot en Paynsley, donde sus predilecciones católicas fueron diligentemente alentadas. Allí, también, conoció a Margery, hija de Draycot, con la que parece haberse casado hacia 1579, con apenas dieciocho años. Durante un corto tiempo, probablemente antes de su matrimonio, sirvió como paje de la reina María de Escocia, cuando fue encarcelada en Sheffield bajo el cuidado del conde de Shrewsbury, quedando luego apasionadamente dedicado a ella y su causa. En 1580 Babington llegó a Londres, con la intención expresa de estudiar derecho, diciéndose que ingresó como estudiante en Lincoln's Inn. Pero pronto abandonó esas perspectivas por la vida de la ciudad. Su riqueza, cultivada inteligencia, encanto de modales y hermosas facciones le procuraron una buena recepción en la corte, encontrándose con muchos jóvenes de su creencia, infatuados admiradores de la reina María, a quien conspiradores jesuitas del continente estaban induciendo a prácticas traidoras. A principios de 1580, a la llegada a Inglaterra de los disfrazados jesuitas Edmund Campion y Parsons, Babington se unió a un número de jóvenes de buena familia para la formación de una sociedad secreta para la protección y el mantenimiento de los misioneros jesuitas en Inglaterra. Para la conversión de 'herejes' (es decir, protestantes) todos los miembros juraron dedicar sus personas, habilidades y riqueza. El 14 de abril de 1580 el papa Gregorio XIII envió un mensaje de bendición para la empresa. Babington y sus amigas, Lady Babington, de Whitefriars, Londres, y Lady Foljambe, de Walton, Derbyshire, hicieron todo lo posible para avanzar la causa de la sociedad y con frecuencia invitaron a Campion y Parsons a alojarse en sus casas, en sus viajes secretos a través de Inglaterra en 1580 y 1581. A principios de 1582, después de la captura y ejecución de Campion, Babington se retiró a Dethick. En el mismo año cumplió la mayoría de edad y asumió la administración de sus vastas propiedades de tierras. También aceptó el cuidado desinteresado con que su padrastro Foljambe había administrado sus propiedades durante su minoría, fijando para él una anualidad de cien marcos. En la misma fecha, los nombres de Babington y de su esposa aparecieron en una lista de recusantes de Derbyshire. Posteriormente Anthony viajó a Francia y conoció a Charles Paget y Thomas Morgan, emisarios de María Estuardo en París, que estaban activamente conspirando con España en favor de su señora. De acuerdo con un pasaje en Vita di Sisto V de Leti (iii. 103, ed. 1821), Babington extendió su viaje a Roma, siendo acompañado por muchos compañeros miembros de la sociedad secreta católica. Los amigos de la reina María en el extranjero señalaron evidentemente a Babington, mientras estuvo en el continente, como digno dirigente de una insurrección católica en Inglaterra. Después de su regreso, en 1585, le enviaron cartas para que se las entregara a la encarcelada reina. Pero no fue hasta abril de 1586 que fue inducido a tomar la dirección en la tarea de organizar la famosa conspiración llamada por su nombre, que procuraba un levantamiento de los católicos en Inglaterra, el asesinato de Isabel y sus principales consejeros y la liberación de María Estuardo. John Ballard, un sacerdote católico de Reims, había realizado muchas visitas secretas a Inglaterra en 1585 por instigación de los partidarios de la reina en Francia y había conseguido promesas de ayuda de la alta burguesía católica en todo el país para un vigoroso ataque contra el orden existente. A él, Babington buscó principalmente como guía. Ballard afirmaba que la trama ya había recibido la aprobación del embajador español en París y que debía ser complementada por una invasión extranjera. Babington consintió en hacerse cargo del asesinato de Isabel y la liberación de María, escogiendo ayudantes entre una serie de jóvenes católicos, todos miembros de la sociedad secreta formada en 1580. El 12 de mayo de 1586 Don Bernardino de Mendoza, embajador español en París, que tenía plena confianza en Babington, escribió a su gobierno que se esperaba pronto la noticia de la muerte de Isabel. A lo largo de junio de 1580, los conspiradores se encontraron en las tabernas de la ciudad o en St. Giles Fields casi todas las noches. A seis de ellos se les delegó la tarea de asesinar a Isabel; a Babington, que también hablaba de saquear Londres, se le reservó el deber de liberar a María de la custodia de Sir Amyas Paulet en Chartley. Antes de finales de julio todo estaba finalmente determinado. Babington era muy optimista, agasajando con frecuencia a sus asociados en tabernas en Londres y en su casa en Barbican, teniendo un retrato, rodeado de sus amigos, y con el verso:

Hi mihi sunt comites, quos ipsa pericula ducunt

un lema que fue posteriormente prudentemente cambiado al enigmático Quorsum haec alio ibus properantibus? Los conspiradores escuchaban misa regularmente en una casa en Fetter Lane, siendo ampliamente conocidos entre los católicos como 'los hijos blancos del papa por diversos servicios que le hacen a Roma contra este mundo.'

Anthony Babignton con los conspiradores en St. Giles Fields. A la derecha su ejecución
Anthony Babignton con los conspiradores en St. Giles Fields. A la derecha su ejecución
La conducta de Babington estaba marcada por mucha 'vanidad tonta.' Desde el principio estuvo deseoso de que a María se le informara de sus planes, estando ansioso de recibir sus especiales signos de favor. Según aseveró el 29 de abril de 1586, Morgan le escribió a ella desde París que Babington estaba celoso de otra persona, cuyos servicios ella había preferido a los de él y que sería conveniente que le enviara una expresión de agradecimiento por carta. El 28 de junio, María envió una nota amistosa a Babington. El 12 de julio, el joven conspirador envió a la reina escocesa una respuesta que describía todas las medidas a tomar para el asesinato de Isabel y su propia liberación. Cinco días después María escribió en respuesta una crítica favorable de la trama y exigió más información. El 3 de agosto Babington le informó que un criado de Ballard se había convertido en un traidor, pero le suplicaba que no flaqueara, comprometiéndose a llevar a cabo la empresa o morir en el intento. Mientras tanto, Mendoza observaba desde París todos los movimientos de Babington y sus asociados con la mayor ansiedad y envió a Felipe II el 13 de agosto un largo relato de sus métodos y sus esperanzas y temores. Tenían, escribió, apoyo en todo el país; querían una garantía definitiva de que les llegaría ayuda de los Países Bajos y España sin demora; no confiaban en ningún príncipe extranjero, salvo Felipe. Los detalles estaban tan previstos que tan pronto como la reina fuera asesinada, los barcos en el Támesis debían ser capturados, y Cecil, Walsingham, Hunsdon y Knollys serían capturados o asesinados. Mendoza finalmente señalaba que se trataba de la más seria de todas las conspiraciones católicas hasta ahora intentadas, pero que todo dependía del éxito del asesinato de la reina. El original de esta interesante carta se conserva en los archivos de Simancas y su margen está marcado con notas en el título del propio Felipe. En respuesta, el rey alabó con admiración el ánimo de Babington y anunció su determinación de que la 'santa empresa' no fracasara por falta de ayuda en dinero y tropas.

Pero Babington estaba lleno de temores en cuanto a ser traicionado, en lo cual estaba totalmente justificado. Casi desde el primer momento los espías de Walsingham habían conocido la conspiración; por medio de Godfrey Gifford, uno de los adherentes de Ballard ganado para el servicio del gobierno, cada acción de Babington y sus asociados fue conocida por el gobierno durante los meses de junio y julio, y todas sus cartas, que siempre estaban cifradas y en francés, fueron interceptadas y descifradas antes de que fueran entregadas. En julio, se prepararon órdenes de arresto contra Ballard y Babington; pero Walsingham no tenía prisa por arrestar a los conspiradores, y esperaba nuevas revelaciones de sus espías. Las cartas que finalmente pasaron entre Babington y la reina María le demostraron que era innecesario un mayor retraso y el 4 de agosto Ballard fue repentinamente capturado, después de una reunión de los conspiradores en Londres. No se dio ninguna pista en el momento de que el gobierno tuviera información de cualquier otro miembro de la banda, pero Babington quedó alarmado durante algunos días, y ya había solicitado a Walsingham un pasaporte a Francia, donde prometió actuar como espía de los enemigos de Isabel. Le había dicho a sus amigos al mismo tiempo que su visita a Francia era necesaria para supervisar los preparativos finales para una invasión extranjera. Pero no se le dio ningún pasaporte y con una cobardía imperdonable posteriormente envió un mensaje a Walsingham de que podía revelar, si lo deseaba, una peligrosa conspiración. Sin embargo, Walsingham no hizo ninguna señal, pero a sus emisarios les ordenó mantener una cuidadosa vigilancia sobre Babington. Una noche el joven fue invitado a cenar con ellos, pero mientras estaba en su compañía, vio un memorando sobre él de puño y letra de Walsingham. Salió apresuradamente de la estancia con una excusa trivial, se cambió la ropa con un amigo que vivía en Westminster y se escondió en la parte más espesa de St. John's Wood. Allí se le unieron algunos de sus socios. Babington se disfrazó cortándose el pelo y untando su piel con aceite de nuez, viajando a Harrow, donde fue protegido por un tal Jerome Bellamy, un converso reciente al catolicismo. Pero antes de finales de agosto fue descubierto y llevado a la Torre. Todos los demás conspiradores fueron capturados unos días después. Los días 13 y 14 de septiembre Babington, Ballard y otros cinco jóvenes (Chidiock Titchbourne, Thomas Salisbury, Robert Barnewell, John Savage y Henry Donn) fueron juzgados ante una comisión especial. Babington no intentó ocultar su culpabilidad; declaró todo 'con semblante apacible, gesto serio y maravillosa gracia', pero culpó a Ballard. Ballard reconoció la justicia de la acusación y le dijo a Babington, ante el tribunal, que deseaba que el derramamiento de su sangre pudiera salvar la vida de su joven compañero. Dos días después, siete de los conspiradores (Edward Abington o Habington, Charles Tilney, Edward Jones, John Charnock, John Travers, Jerome Bellamy y Robert Gage) fueron procesados. Las sentencias de ahorcamiento y descuartizamiento se dieron a conocer a todo el grupo. El 19 de septiembre Babington le escribió a Isabel, implorando que obrara 'un milagro de misericordia', si no por su propio bien por el de su angustiada familia. A un amigo le ofreció, el mismo día, 1.000 libras si podía conseguir su liberación. A la mañana siguiente, en el día señalado para su ejecución, explicó el cifrado que había utilizado en las cartas a María.

Las súplicas de Babington para ser perdonado no fueron atendidas y el martes 20 de septiembre él y Ballard, con cinco de sus compañeros, fueron llevados en cañizos 'desde Tower Hill, por la ciudad de Londres, hasta un campo en el extremo superior de Holborne, muy cerca de S. Giles, donde se erigió un patíbulo para la ejecución.' Una gran multitud se reunió para ver morir a los conspiradores. Babington declaró que fines no privados le habían influenciado, pero que creía sinceramente estar involucrado en 'un hecho legítimo y meritorio.' Ballard sufrió primero, siendo Babington testigo de su bárbara muerte. De acuerdo con un testigo presencial, mostró hasta el final 'una señal de su antiguo orgullo' estando de pie, en vez de orar de rodillas, 'con el sombrero en la cabeza como si fuera un observador de la ejecución.' Siguió a Ballard y sufrió torturas diabólicas. Estaba todavía vivo cuando le quitaron la cuerda tras ser ahorcado y exclamó: 'Parce mihi, Domine Jesu', mientras el verdugo empleaba el cuchillo contra él (véase el relato de Mendoza enviado a Felipe II el 20 de octubre en Papiers d'Etat, iii. 481). Cuando se informó a Isabel de la repugnante crueldad de su muerte, ordenó que los otros conspiradores, que iban a ser ejecutados al día siguiente, fueran ahorcados hasta que murieran.

Babington mostró en el cadalso temor por el destino de su propiedad. Por ley la corona lo confiscaba todo, pero los terrenos de Dethick, Derbyshire y Kingston, Nottinghamshire, sus mayores feudos, pudieron pasar a sus hermanos Francis y George. Algunas de sus tierras y casi todas sus pertenencias personales, fueron otorgadas por Isabel a Sir Walter Raleigh. La propia Isabel se quedó con un valioso reloj. En Dethick se encontraron muchos libros sobre controversias teológicas y 'documentos de profecías' que preanunciaban la muerte de Isabel. Según el testimonio de algunos de los detenidos, interrogados antes de su muerte, Babington había sido un duro propietario y había aumentado sistemáticamente sus rentas. Poco antes de su arresto vendió una gran casa en Derby, llamada Babington Hall, que fue demolida hacia 1822. Su sitio todavía está marcado por Babington Lane. Un cenotafio en Kingston Church, Nottinghamshire, entre las tumbas de otros miembros de la familia de Babington, no lleva ninguna inscripción, y se cree localmente sobre evidencia dudosa que fue erigido a la memoria del conspirador. Con su esposa Margery, Babington tuvo solo una hija, que murió a la edad de ocho años, con toda probabilidad, antes que su padre.

El descubrimiento y muerte de Babington fueron el tema de muchos libros contemporáneos. Uno de ellos, lleno de valiosos detalles biográficos, titulado The Complainte of Anthonie Babington, por Richard Williams, se encuentra entre los MSS. Arundel (418, art. 3) en el Museo Británico. Otro, titulado A proper new ballad, breefely declaring the Death and Execution of fourteen most wicked Traitors, que vituperaba 'al joven orgulloso Babington', fue reimpreso en Broadside Ballads (1868) de J. P. Collier. Un tercer extracto poético se titula A short discourse; expressing the substance of all the late pretended treasons against the Queenes Maiestie, y un cuarto, por William Kempe, que ha de distinguirse del actor del mismo nombre, lleva el título A dutiful invective against the moste haynous treastms of Ballard and Babington, 1587. Una descripción completa de la ejecución se encuentra en The Censure of a Loyall Subiect, por G[eorge] W[hetstone], 1587. El doctor George Carleton da cuenta de la conspiración en su Thankfull Remembrance (1609), y reproduce allí la imagen de Babington y sus cómplices dibujada en 1587. Una traducción holandesa de la correspondencia entre Babington y la reina María se distribuyó en Holanda y los Países Bajos en 1587.

La importancia histórica de la conspiración descansa en la complicidad de María Estuardo. El descubrimiento de la carta enviada que envió Babington, aprobando el asesinato de Isabel en julio de 1580, la llevó al patíbulo. Los apologistas de María en vano niegan la autenticidad de esta carta y la presentan como una falsificación de Walsingham. Babington nunca dudó de su autenticidad, y, como hemos visto, el día de su muerte explicó completamente el código en la que fue escrita. Y Mendoza, el embajador español en París, escribiendo a Felipe II el 10 de septiembre, declara que María le había escrito una carta que dejó en su cabeza la duda de si estaba completamente al tanto de todo el asunto. Ante la presencia de pruebas de este tipo, es imposible atribuir ninguna credibilidad a la indignada negativa de María en Fotheringay de todo conocimiento de Babington y su conspiración. Pero es innecesario, por otro lado, dar crédito al rumor que circuló, como se dijo, sobre la autoridad de Cecil, de que la reina María había resuelto casarse con Babington.