Historia
BACON, FRANCIS (1561-1626)

Vida.
Era hijo de Sir Nicholas Bacon (1509-1579), custodio del Gran Sello bajo la reina Isabel I, y de Ann, su segunda esposa, hija de Sir Anthony Cooke. Estudió en Trinity College, Cambridge, entre 1573-75 y en 1576 fue admitido a Gray's Inn para cursar la carrera de derecho. Al poco tiempo fue agregado a la embajada inglesa en París, desempeñada por Paulet. A los dos años (1579) murió su padre, regresando a Inglaterra donde acabó sus estudios en 1582. En 1584 comenzó su etapa parlamentaria, siendo uno de los principales legisladores de Inglaterra y ascendiendo en diversos cargos públicos hasta alcanzar la cima de Lord Canciller en 1618. Ese mismo año fue elevado a la dignidad de barón de Verulam y tres años más tarde fue hecho vizconde de St. Albans. En 1621 fue acusado de aceptar sobornos, siendo encontrado culpable y desposeído de sus cargos y sentenciado a una multa de 40.000 libras, a encarcelamiento a discreción del rey, incapacidad para ejercer en el parlamento y prohibición de aproximarse a menos de doce millas de la corte. Acongojado, se retiró y dedicó el resto de su vida al estudio y el trabajo literario. Sin embargo, la sentencia parlamentaria no se ejecutó, pues el rey Jacobo I prácticamente le perdonó la multa y en 1626 le fue permitido volver a Londres. Habiendo ido a comer en Highgate (Londres), salió del carruaje para rellenar de nieve una gallina con el fin de estudiar los efectos retardadores de la corrupción. Por esta causa contrajo un catarro que acabó con él al cabo de una semana, en el palacio del conde de Arundel. Fue enterrado, por deseo propio, en St. Albans, en la iglesia de San Miguel.
Bacon fue un hombre dominado por la ambición, amigo de intrigas, no siendo la probidad ni el reconocimiento a los beneficios recibidos las notas distintivas de su carácter. Siendo abogado de la corona, fue sentenciado el conde de Essex, su antiguo favorecedor, acusado de traición contra Isabel y de favorecer a Jacobo de Escocia. Perdió la amistad de la reina Isabel, a la que en 1538 había dirigido una Carta de consejo acerca de la conducta que debía observar con el partido papista, cuyo trato opinaba no debía ir acompañado de medidas de severidad. Al ser acusado de prevaricación en el desempeño en el cargo de canciller, se reconoció culpable en la totalidad de los 28 puntos de que era acusado en la carta del parlamento, confesando, empero, que recibía los regalos después de resueltos los negocios, y aun obrando para complacer al rey Jacobo I y a su favorito, el duque de Buckingham.
La filosofía de Bacon.
Como filósofo y hombre de letras, la fama de Bacon está en agudo contraste con su fracaso en la vida pública. Así como Descartes es el fundador del racionalismo metafísico, Bacon es el precursor de la filosofía empírico-positivista. Su filosofía se contiene principalmente en varias partes y fragmentos de una obra que tituló Instauratio magna y que dejó incompleta. La parte más importante de esa obra es Novum organum (publicada en 1620). Su filosofía es un método más que un sistema, pero la influencia de este método en el desarrollo del pensamiento británico no puede ser infravalorada. Igual que Lutero sería reformador de la religión, Bacon fue reformador de la filosofía. Lutero había afirmado que la Escritura había de ser interpretada por el juicio privado, no por la autoridad. El problema de Bacon fue encontrar un método de interpretar la naturaleza. El antiguo método no daba resultados. 'Huye de las sensaciones y detalles' a las leyes más generales y luego aplica la deducción. Esto es 'la anticipación de la naturaleza'. A ello Bacon opone la 'interpretación de la naturaleza'. La naturaleza ha de ser interpretada no por el uso del silogismo deductivo sino por la inducción de los hechos, por un gradual ascenso a partir de los hechos, a través de leyes intermedias llamadas 'axiomas', hasta las formas de la naturaleza. Antes de empezar esta inducción, el pensador ha de liberar su mente de ciertas nociones o tendencias falsas que distorsionan la verdad. A éstas denomina 'ídolos' (idola) y son de cuatro categorías: 'Ídolos de la tribu' (idola tribus), que son comunes a la raza; 'ídolos de la caverna' (idola specus) que son peculiares al individuo; 'ídolos del mercado' (idola fori) que proceden del mal uso del lenguaje e 'idolos del teatro' (idola theatri), que son el resultado del abuso de la autoridad. El propósito de la inducción es el descubrimiento de las formas, de los caminos en los que los fenómenos naturales ocurren y de las causas de las que proceden. La naturaleza no ha de ser interpretada mediante una investigación según sus causas últimas. 'Para dominar la naturaleza hay que obedecerla'. Entonces la filosofía será fructífera. La fe se muestra por las obras. La filosofía se conoce por sus frutos. De su obra Novum organum procede el siguiente pasaje:
'Los prejuicios y las falsas nociones que penetraron en el intelecto humano fijándose profundamente dentro de él, no sólo obstaculizan la mente en un sentido que dificulta el acceso a la verdad, sino que incluso (una vez que este acceso es concedido) resurgirán de nuevo y serán causa de molestias también en la misma creación de las ciencias: a menos que los hombres, advertidos, no se preparen cuanto les sea posible contra ellos. Cuatro son los tipos de prejuicios que asedian la mente humana.
Los prejuicios de la tribu están basados en la propia naturaleza humana y en la propia tribu o el género humano. Por lo tanto, se afirma falsamente que los sentidos son la medida de todas las cosas. Al contrario, todas las percepciones, sean de los sentidos o de la mente, derivan de la analogía con el hombre, y no de la analogía con el universo.
El intelecto humano se parece a un espejo que refleja irregularmente los rayos de las cosas, que mezcla su propia naturaleza con la de las cosas, las deforma y las tergiversa.
Los ídolos de la caverna son ídolos del hombre en cuanto individuo. Cada cual, de hecho (aparte de las aberraciones propias de la naturaleza humana en general), tiene una especie de cueva o caverna propia que refracta y deforma la luz de la naturaleza, sea a causa de la naturaleza propia y singular de cada individuo, o a causa de la educación y de las conversaciones con otros, o de la lectura de libros y de la autoridad de aquellos que son admirados y honrados, o a causa de la diversidad de las impresiones según sean recibidas por un ánimo ya condicionado y prevenido, o libre y equilibrado.
Porque el espíritu humano (tal y como se presenta en los individuos) es muy diferente y muy fácilmente modificable y casi sujeto al azar. Por ello precisamente afirmó Heráclito que los hombres buscan las ciencias en sus pequeños mundos privados, y no en el mundo mayor y común a todos.
Los ídolos del foro. Después están los ídolos que derivan prácticamente de un contrato y de las recíprocas relaciones entre losseres humanos: los llamamos ídolos del foro a causa del comercio y de los acuerdos de los hombres. Los hombres, de hecho, se relacionan por medio de los discursos, pero los nombres se imponen a través del entendimiento del vulgo y tal error e inoportuna imposición estorba extraordinariamente al intelecto.
Por otra parte, las definiciones y explicaciones de las que se han proveído los hombres instruidos y con las que se han protegido en algunas ocasiones, de ningún modo poseen remedio. Aún peor: las palabras violentan el intelecto y lo confunden y conducen a los hombres a innumerables y vanas controversias e invenciones.
Los ídolos del teatro. Encontramos, por último, los ídolos que penetraron en el ánimo de los hombres a través de los antiguos sistemas filosóficos y de las equivocadas leyes de demostración. Los llamamos ídolos del teatro porque consideramos que todas las filosofías que han existido fueron creadas y acogidas como fábulas presentadas sobre un escenario y recitadas, produciendo así mundos ficticios desde la escena.'
En la aplicación de este método al mundo físico y espiritual, Bacon no logró gran cosa. Su sistema de moral, si sistema puede llamarse, está expuesto en los libros séptimo y octavo de su De augmentis scientiarum (1623, una traducción al latín y expansión de una obra anterior en inglés, Advancement of Learning, 1605) y de sus Essays (primera edición, diez ensayos, 1597; edición con treinta y ocho ensayos, 1612, y edición final con cincuenta y ocho ensayos, 1625). La acción moral significa acción de la voluntad humana. La voluntad está gobernada por la razón. Su estímulo es la pasión. El objeto moral de la voluntad es el bien. Bacon, como los antiguos moralistas, fracasó en distinguir entre lo bueno y lo recto. Él encuentra en los pensadores griegos y romanos un fallo al disputar sobre el bien principal. Es una cuestión de religión, no de ética. Su doctrina moral tiene repercusión únicamente para este mundo. El deber es sólo lo que uno debe a la comunidad. El deber para con Dios es un asunto de religión. El cultivo de la voluntad en la dirección de lo bueno se consigue por la formación de un hábito. Para ello Bacon establece ciertos preceptos. No se pueden aplicar normas generales para una acción moral bajo determinadas circunstancias. Las personalidades de los hombres difieren, como difieren sus cuerpos.
Relación entre filosofía y religión.
Bacon separa nítidamente la filosofía de la religión. La una no es incompatible con la otra, pues 'un poco de filosofía inclina la mente del hombre al ateísmo, pero la profundidad en la filosofía acerca la mente del hombre a la religión.' Bacon ha sido juzgado como defensor de la incredulidad, porque se opuso a la investigación de la causa última en la interpretación de la naturaleza. Pero una cosa es no estimular la investigación de la causa final y otra negarla. 'Antes creería en todas las fábulas de la Leyenda, del Talmud y del Corán, que pensar que esta realidad universal no tiene una mente.' (Essay on Atheism). El objeto de la investigación científica debería ser la 'forma', no la causa última.
Aunque la filosofía no es atea, no modela la religión. Tertuliano, Pascal y Bacon concuerdan en proclamar la separación de los dos dominios. Tertuliano y Pascal salvan la religión del racionalismo; Bacon salva la filosofía de los 'ídolos'. Credo quia absurdum se expresa en las siguientes palabras: 'Pero esa fe que fue contada a Abraham como justicia, fue de tal naturaleza que Sara se rió de la misma, quien por lo tanto es una imagen de la razón natural. Cuanto más discordante y por tanto increíble es el misterio divino, más honor se le da a Dios al creerlo y más noble es la victoria de la fe.' (De augmentis, ix). La religión procede, por tanto, no de la luz de la naturaleza sino de la revelación. 'Primero él infunde luz en el rostro de la naturaleza, o caos, luego infunde luz en el rostro del hombre y aún la infunde e instila en el rostro de sus escogidos.' (Essay on Truth). Se puede emplear la razón para separar lo revelado de la verdad natural y extraer conclusiones de lo primero, pero no debemos ser, por exceso de conocimiento, demasiado curiosos en los misterios divinos ni atribuir la misma autoridad a las conclusiones que a los principios. Si Bacon era ateo, como algunos afirman, sus escritos ciertamente no lo son. En todo caso sería un hipócrita para ser un adulador y si fuera un adulador el mayor necio. Sin embargo, el método inductivo ha proporcionado a la teología natural los hechos que señalan específicamente a Dios.