Historia

BACONTHORPE, JOHN (c. 1290-1346)

John Baconthorpe, teólogo y filósofo inglés, también llamado John Bacon, Johannes de Baconthorpe o Johannes de Anglicus, apodado Doctor Resolutus, nació hacia 1290 en Baconthorpe, Norfolk, y murió en Londres en 1346. De acuerdo con la elaborada genealogía de la familia Bacon entre los manuscritos del Museo Británico (Add. MS. 19116) era el tercer hijo de Sir Thomas Bacon de Baconsthorpe y sobrino nieto del famoso Roger Bacon. En los primeros años de su vida fue criado en el monasterio carmelita recién fundado de Blakeney o Snitterley, no muy lejos de Walsingham, un establecimiento que contó con Sir Robert Bacon entre sus primeros patrones. Con el tiempo John Baconthorpe se trasladó a Oxford, donde la orden carmelita poseía sus propias escuelas desde 1253. Según Pits, estuvo allí solo el tiempo suficiente para completar su preparación en filosofía y para pasar por las primeras etapas del curso teológico; mientras, para perfeccionarse en esta rama central del estudio medieval, se trasladó a París. En esta universidad recibió su título en derecho civil y eclesiástico, esforzándose por dominar todos los campos del saber. La amplia gama de sus investigaciones está probada por los títulos de sus obras, que, además de los temas teológicos y lógicos acostumbrados del tiempo, abarca tratados sobre astronomía o astrología, cánones pontificios, generación, el movimiento de animales e innumerables otros asuntos. En París parece haber manifestado esa marcada adherencia a las doctrinas de Averroes, que le ganó el título de 'Princeps Averroistarum'. Pero M. Renan es explícito al declarar que Baconthorpe no mantuvo todos los principios de Averroes en su esfuerzo por paliar su heterodoxia. Su posición era que los argumentos de Tomás de Aquino y otros tenían poco que fuera contradictorio con los sentimientos del filósofo árabe. Averroes, de acuerdo con su campeón del siglo catorce, sólo avanzó cuestiones desde un punto de vista intelectual puramente, campo en el que desarrolló las facultades de razonamiento de los hombres, sin comprometerse a una plena aceptación de las teorías que discutió. Al mismo tiempo M. Renan agrega que Baconthorpe fue cuidadoso en suavizar las más peligrosas de las doctrinas de su maestro.

En su regreso de París, Baconthorpe probablemente residió una vez más en Oxford, pudiendo ser a este período de su vida al que Wood se refiere cuando habla de él como un firme oponente de las órdenes mendicantes en esa universidad. Casi hacia el mismo tiempo Baconthorpe fue el instructor de Oxford y amigo de Richard Fitzralph, posterior arzobispo de Armagh († 1360). Según Bale, los dos amigos comenzaron hacia el año 1321 a predicar las doctrinas que Wycliffe inculcó tan vigorosamente medio siglo después, esto es, que el poder sacerdotal debía estar subordinado al real, una declaración que está de acuerdo con las palabras de Walden cuando escribe contra los lolardos sobre el mismo tema: 'El gran defensor de esta opinión es Richard de Armagh, y él sigue a John "Bacon-town" (Joannem Baconis oppidi) el carmelita.' Pero Baconthorpe no parece haber permanecido solamente en Inglaterra, ya que su nombre se dice que aparece en el relato de la junta general de los carmelitas celebrada en Albi en 1327; y nuevamente, en el capítulo general de la orden en Valence (1330), aparece una vez más como 'John de Baconstop, provincial de Inglaterra.' La denominación de 'provincial' se debe a que en el año anterior, en una reunión de la hermandad carmelita en Londres, fue unánimemente elegido cabeza de la orden en Inglaterra (1329), cargo que retuvo hasta 1333, cuando fue citado a Roma. Parece haber dado algún quebradero de cabeza a los cabezas de su orden, al asignar demasiada autoridad al papa en la anulación de matrimonios. Se dice que en Roma incluso fue silbado durante uno de sus discursos, pero no, asegura Leland, por cualquier falta de poder argumentativo o elocuencia. Fuller, sin embargo, aunque evidentemente sin autoridad, dice que fue la pobreza de su latín y su pronunciación lo que dio pretexto a ese trato. Baconthorpe parece haber visto el error de sus caminos, haciendo una retractación y probando muy concluyentemente que el papa no tenía poder de dispensación en los grados prohibidos. Dos siglos después, dice Bale, James Calcus Papiensis hizo uso de la autoridad de Baconthorpe en su obra sobre el divorcio de Enrique VIII. Desde ese momento, la fama de Baconthorpe parece que quedó establecida. Incluso después de 150 años el general de su orden, Spagnuoli, pudo ensalzarlo como la gran gloria de los carmelitas, agregando que nadie había conocido la mente de Averroes mejor que él y que siguiendo sus pasos un hombre se convertiría en un segundo Aristóteles. Los mismos versos lo presentan demoliendo las 'huellas del escocés nublado', Duns Escoto, el orgullo casi contemporáneo de los franciscanos. Cuando fue convocado a Roma, Baconthorpe dejó de ser el provincial de Inglaterra, para que tuviera más tiempo libre para la predicación y el estudio de las Escrituras (Bale, Heliad. i. 28). Probablemente fue a su regreso de Roma que Baconthorpe participó en el capítulo general celebrado en Nimes o en Narbonne en 1333. La Bibliotheca Carmelitana, basando la declaración en Annales Sacri de John Baptist de Lezana (iv. 555), afirma que fue el dirigente de los carmelitas parisienses opuestos a las ideas heréticas de Juan XXII sobre el estado de los muertos; y, de hecho, Baconthorpe parece haber escrito dos de sus obras, De Beatorum Visione y Quod sit laus vocalis, directamente en contra de los principios peculiares de este papa. Si se depende de Lezana, este incidente encajaría muy bien con los últimos días de Juan XXII († 1334), cuando la cuestión era la que más apelaba las mentes de los hombres, y con el viaje de regreso de Baconthorpe desde Roma y Nimes. Se dice que regresó a Inglaterra, donde murió en 1346, siendo enterrado en la iglesia carmelita de Londres. Leland, sin embargo, asegura que buscó su tumba allí en vano. Otros relatos dan Blakeney y Norwich como lugar de sepultura.

Baconthorpe fue un hombre de estatura extremadamente pequeña, como Zaqueo, según la frase de Pits, cuyo cuerpo nunca podría haber soportado, sin morir aplastado, el peso de los enormes volúmenes que su intelecto produjo. Fuller agrega que su pluma, navaja, tintero, una hoja de papel y una de sus obras juntas conformarían su altura. Fue también un escritor muy voluminoso. Zedler lista el número de sus libros en más de 120 y Alegre de Casanate ha conservado una anécdota de que en una ocasión los alumnos de Baconthorpe enterraron a su maestro dos veces en sus propias obras y les sobró un gran número. Además de las cuestiones mencionadas, Baconthorpe escribió comentarios sobre el Antiguo y Nuevo Testamento, sobre los Apócrifos, sobre 'Ética', 'Metafísica' y 'Política' de Aristóteles, sobre el tratado de Anselmo Cur Verbum sit homo, y la Ciudad de Dios de Agustín; diatribas contra los judíos, idólatras (queriendo decir con toda probabilidad musulmanes) y magos; y una obra sobre una cuestión completamente típica de la mente escolástica, Quod in coelo sit laus vocalis. Bale, que era anglo oriental y carmelita, habla de él en los términos más elevados: 'He encontrado en sus escritos pensamientos más profundos ​​que en los de cualquier otro autor de su tiempo.' De hecho, Bale hizo una colección de estas gemas, que, sin embargo, nos dice, perecieron cuando estaba en Irlanda.

Casi tres siglos después de su muerte, Baconthorpe todavía se leía en la universidad de Padua, donde las doctrinas averroístas perduraron mucho después de que se extinguieran en el resto de Europa. Fue, según M. Renan, el autor clásico de esta escuela de pensamiento y también el doctor de la orden carmelita, como Tomás de Aquino lo fue de los dominicos o Duns Escoto de los franciscanos. Zabarelli, que fue profesor en Padua pocos años antes de que Galileo fuera nombrado catedrático de matemáticas en la misma universidad, fue un entusiasta estudiante de Baconthorpe, y su nombre reaparece a principios del siglo XVII en relación con el nombre memorable de Lucilius Julius Caesar Vaninus. Aunque Baconthorpe había muerto casi doscientos cincuenta años antes del nacimiento de Vaninus, este desafortunado filósofo afirmó haber tenido al gran averroísta como su maestro, y profesó seguir su ejemplo al no poner otras obras que las de Averroes en las manos de sus alumnos. Con respecto al gran campo de batalla de los campeones escolásticos, M. Hauréau resume la frase de Baconthorpe en las palabras: 'Él es un realista capitulador, que se enreda en el nominalismo lo menos posible.'

Hay muchas teorías para explicar el epíteto de Baconthorpe de 'doctor resolutus.' Pits ve muy plausible que se deba a la tenacidad con que mantuvo sus principios averroístas. Otros lo explican por su disposición a decidir sobre todos los casos expuestos ante él; pero su conducta en Roma parece desmentirlo, pues antes de dejar la ciudad se retractó de sus opiniones.

No se ha publicado ninguna edición completa de los escritos de Baconthorpe, aunque su obra comenzó a editarse varios años antes de finales del siglo XV, con sus Commentaries on the Master of the Sentences, impresa en París en el año 1484. Los estudiantes continentales han sido intérpretes de sus enseñanzas y entre los numerosos tratados dedicados a su filosofía, se puede hacer una mención especial de los siete voluminosos folios de Joseph Zagalia (Ferrara y Parma, 1696-1706) y los tres volúmenes más pequeños de H. Aymers (Turín, 1667-9). Su Quodlibeta se publicó en Venecia, 1527.