Jakob Balde, jesuita alemán y distinguido erudito, nació en Ensisheim, a 88 kilómetros al sudoeste de Estrasburgo, Alsacia, el 4 de enero de 1604 y murió en Neuburgo, a 46 kilómetros al nordeste de Augsburgo, Baviera, el 9 de agosto de 1668.
Jakob BaldeEstaba destinado a una carrera legal, siendo educado por los jesuitas en su localidad natal, en Molsheim e Ingolstadt. En 1624 renunció a todo e ingresó en los jesuitas, aunque continuó con sus estudios clásicos y enseñó retórica en Munich e Innsbruck. En 1633 fue ordenado, siendo de 1635 a 1637 profesor de retórica en la universidad de Ingolstadt y desde 1638 a 1640, tras la muerte de Jeremias Drexel, predicador de la corte de Maximiliano I en Munich. Allí permaneció como historiógrafo del ducado durante diez años, aunque el renombre que ganó fue por las composiciones poéticas de los años 1637-46. Su obra en este periodo fue lírica (Lyrica, Munich, 1638-42; Sylvæ, 1641-45), pero después de 1640 se volvió a la sátira y la elegía. Su salud le obligó a dejar Munich en 1650 y tras tres años en Landshut y uno en Amberg, se asentó en Neuburgo sobre el Danubio, donde pasó los últimos años de su vida en la pacífica dignidad del oficio de capellán del conde palatino Felipe Guillermo. Su memoria, que en gran manera se había perdido, se reavivó a comienzos del siglo XIX por Herder, Orelli y otros, creciendo el honor de su nombre, especialmente por los esfuerzos de la sociedad de Munich fundada en 1868. Se trata de un renombre que tiene merecido por más de una razón. Fue un gran erudito clásico, una especie de reencarnación positiva de la antigüedad romana. Como poeta latino (su pequeño conjunto de obra vernácula es muy inferior) muestra un despliegue de excelentes cualidades, vívida imaginación, profundidad de pensamiento y sentimiento, invención y composición brillante y dominio de las formas más difíciles. La erudición característica universal de su época se aprecia mejor en su Urania Victrix (1663), que toca cada rama del conocimiento. Además de las obras ya mencionadas y algunas piezas pertenecientes a su primer periodo, se pueden mencionar su Philomela (1645), llena de devoción al crucificado, su Elegiæ variæ (1663) y sus divertidas sátiras sobre médicos charlatanes y otros impostores en Medicinæ gloria (1649).