Historia

BALLARD, JOHN († 1586)

John Ballard, sacerdote católico, murió ejecutado el 20 de septiembre de 1586. Debe su fama únicamente a su relación con la conspiración de Anthony Babington. Fue educado en Reims y enviado por primera vez en misión a Inglaterra en 1581. Tuvo varios apodos, primero Turner, luego Thompson y después ya siempre Foscue o Fortescue. Se ha dudado si su verdadero apellido no fue Thompson. El objeto de su llegada a Inglaterra era 'reconciliar' a los católicos dudosos o recalcitrantes con la Iglesia de Roma y sin duda afirmar sus disposiciones políticas. Estaba bien equipado con dinero, siendo comúnmente llamado capitán, y parece haber sido aficionado a la ropa fina y buena compañía. Entre las personas que conoció estuvo Anthony Tyrrell, jesuita, cuya confesión, si pudiera ser aceptada como confiable, proporciona más hechos de la carrera de Ballard. Pero Tyrrell se retractó de la confesión, luego se reafirmó y después nuevamente se retractó, estando al menos tan abierta a la sospecha como el testimonio de cualquier otro informante. Tyrrell conoció a Ballard en la Gatehouse, Westminster, donde ambos estuvieron encerrados temporalmente en 1581. En 1584 viajaron a Rouen y después a Reims, donde tuvieron una conferencia con el cardenal Allen, y de Reims, fueron a Roma, donde llegaron el 7 de septiembre de 1584. Fue entonces cuando Tyrrell, en su confesión, afirma que tuvieron una entrevista con Alfonso Agazzari, rector del Colegio Inglés, en la que preguntaron sobre la legalidad de intentar el asesinato de Isabel, recibiendo garantías afirmativas y posteriormente la bendición de Gregorio XIII para su empresa. Este relato, aunque aceptado como un hecho indudable por algunos historiadores, no descansa en ninguna autoridad mejor que la confesión de Tyrrell. Dejaron Roma en octubre y regresaron a Inglaterra a través de Francia. En los últimos meses de 1585 Ballard, disfrazado de oficial militar y haciéndose pasar por el nombre de capitán Fortescue, viajó a través de casi todos los condados de Inglaterra, visitando a cada familia católica o semi-católica. En mayo de 1586 Ballard fue a París, donde informó a Charles Paget, adherente de la reina María, y al ministro español Mendoza, que la nobleza católica en Inglaterra estaba dispuesta, con la ayuda de España, a levantarse en insurrección contra Isabel y sus consejeros. Mauvissière, embajador francés en Londres, se negó a aprobar el plan. Chateauneuf, otro enviado francés a Inglaterra, creía que Ballard había sido en un tiempo espía de Walsingham. Pero Paget y Mendoza confiaban en él y a su regreso a Inglaterra, a finales de mayo de 1586, instigó a Anthony Babington a organizar sin demora su famosa conspiración. Llegó a Inglaterra, con una carta de presentación de Charles Paget para María de Escocia (fechada el 29 de mayo de 1586). Le informaba sobre el estado de la nación y ella lo envió de nuevo a Francia para apresurar la cooperación activa del rey de España y del papa. Mientras tanto Ballard imaginó que había encontrado un aliado útil en sus negociaciones en el extranjero y en Inglaterra en Gilbert Gifford, católico, comunicándole muchos detalles de la trama; pero Gifford desde 1585 había estado en secreto al servicio de Walsingham, informando al gobierno inglés del progreso de la conspiración. Debido principalmente a las revelaciones de Gifford, de quien Ballard sospechó demasiado tarde, Ballard fue repentinamente arrestado en Londres el 4 de agosto, bajo una orden de arresto de principios de julio. Fue encerrado en la Torre y severamente atormentado, pero sin que el gobierno pudiera sacarle más que una confesión general de su culpa. Antes de terminar agosto, todos los dirigentes de la conspiración habían compartido la fortuna de Ballard. El juicio de Ballard, con Babington y otros cinco conspiradores, tuvo lugar el 13 y 14 de septiembre, siendo todos condenados. En el juicio, Babington acusó a Ballard de haberle puesto en esta peligrosa situación y Ballard reconoció la justicia de la reprimenda. Ballard fue ejecutado el 20 de septiembre, siendo llevado a cabo el castigo completo de la ley, que suponía el destripamiento del condenado antes de que muriera, con toda crueldad. Se dice que Ballard, que fue el primero de los conspiradores en ser ejecutado, soportó sus sufrimientos con notable fortaleza.