Simón bar Kochbá, dirigente de la segunda revuelta judía contra los romanos, murió en el año 135.
Mapa de la revuelta de Bar Kochbá
Ante las medidas tomadas por el emperador Adriano para integrar a los judíos en el imperio, por las que se proscribió la circuncisión, se fundó una colonia romana (Aelia) en Jerusalén y se erigió un templo a Júpiter Capitolino sobre las ruinas del templo judío, los judíos se rebelaron. Bar Kochbá fue aclamado como Mesías por el rabino más grande de la época, Akiba ben Yosef, quien también le dio el título de Bar Kochbá (Hijo de la Estrella), una alusión mesiánica procedente de Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no cerca; una estrella saldrá de Jacob, y un cetro se levantará de Israel que aplastará la frente de Moab y derrumbará a todos los hijos de Set.[…]Números 24:17. Era un hombre de gran estatura y valor, quien comenzó una guerra de desgaste contra los romanos en el año 131, logrando liberar Jerusalén y controlar parte de Judea. Los judíos tomaron Aelia por asalto y derrotaron a la legión romana, la XXII Deiotariana. Bar Kochbá aumió el título de nasi (príncipe) y acuñó sus propias monedas, con la leyenda 'Año 1 de la libertad de Jerusalén'. Como el prestigio de Roma estaba en juego, Adriano llamó al gobernador de Bretaña, Cayo Julio Severo, con 35.000 hombres de la X Legión. Tras atacar con éxito Galilea, los romanos descendieron hacia el sur y en la primavera del año 134 avanzaron hacia Hebrón y pusieron en jaque a Bar Kochbá en Herodium, la fortaleza donde estaba su cuartel general. Entonces el dirigente judío, con el sumo sacerdote Eleazar y el grupo principal del ejército rebelde, se refugió en Bethar, donde perdió la vida. Judea fue desolada, el resto de la población judía aniquilada o exiliada, prohibiéndosele a los judíos el acceso a Jerusalén a partir de entonces. Todavía hubo algunos grupos de rebeldes que resistieron en cuevas próximas al Mar Muerto, pero terminaron pereciendo a manos de los romanos o del hambre. Las medidas que Adriano tomó en represalia fueron extremas, pues Jerusalén, a la que cambió el nombre por el de Aelia Capitolina, fue repoblada por gentes extranjeras, edificándose un teatro, un circo y templos con estatuas a los dioses. El mismo nombre de Judea fue cambiado por el de Palestina.