Historia

BARING, CHARLES THOMAS (1807-1879)

Charles Thomas Baring, obispo de Durham, nació en 1807 y murió en Wimbledon en septiembre de 1879.

Charles Thomas Baring
Charles Thomas Baring
Era el cuarto hijo de Sir Thomas Baring, de la firma bancaria Baring Brothers. Su madre era Mary Ursula, hija de Charles Sealy, abogado, Calcuta. Charles Thomas Baring fue educado en privado hasta que ingresó en Christ Church, Oxford, en 1825. En la universidad se distinguió grandemente y recibió un galardón de primera clase en clásicas y matemáticas en su examen final en 1829. En 1830 se casó con su prima Mary Ursula Sealy, recibiendo las órdenes sagradas. Al principio se dedicó a la obra clerical en Oxford y luego obtuvo el pequeño beneficio de Kingsworthy en Hampshire. En 1840 su esposa murió y se casó en 1846 con Caroline, hija de Thomas Read Kemp de Dale Park, Sussex. En 1847 fue designado para el importante beneficio de All Souls, Marylebone, haciéndose famoso como ferviente y sencillo predicador de la línea evangélica. En 1850 fue hecho capellán en ordinario de la reina y elegido predicador en Oxford. En 1855 dejó Londres para la rectoría de Limpsfield en Surrey, donde, sin embargo, no se quedó mucho tiempo. En 1856 fue elegido para suceder al doctor Monk como obispo de Gloucester y Bristol. Acometió con energía los deberes de su cargo episcopal, pero no se le permitió quedarse en Gloucester el tiempo suficiente para dejar una decidida huella en esa diócesis. En 1841 fue trasladado a la sede de Durham, en sucesión al doctor Villiers.

El nombre del obispo Baring está principalmente asociado con la obra de extensión de la iglesia en la diócesis de Durham. Encontró un distrito en el que una población manufacturera y minera había aumentado con gran rapidez, superando en mucho la disposición establecida para su bienestar espiritual. Un movimiento ya se había puesto en marcha para suplir la deficiencia. El obispo Baring se entregó para continuar la obra. Tan fructífero fue su episcopado de diecisiete años, que vio la formación de 102 nuevas parroquias, la construcción de 119 iglesias y un aumento de 186 en el número del clero parroquial. En su última misiva a su clero en 1878 afirmó que se había alcanzado el límite de la formación de nuevos distritos y que el futuro progreso debía hacerse erigiendo capillas misioneras.

El obispo Baring se dedicó exclusivamente al trabajo de su diócesis. Rara vez aparecía en la Cámara de los Comunes o hablando de cualquier asunto que no concerniera a su inmediata responsabilidad. Era implacable consigo mismo en sus esfuerzos por cumplir con sus deberes hasta lo más absoluto. Sin embargo, fue impulsado a regañadientes a confesar que el trabajo de la diócesis era más de lo que un hombre podría soportar. En 1876 admitió la necesidad de dividir la sede de Durham y a petición suya se hizo una provisión en el acta para la división del episcopado (1878), por la formación de la diócesis de Newcastle.

El obispo Baring fue un hombre de profunda piedad y gran bondad. Aunque rico, vivió con gran simplicidad y devolvió a la diócesis, en donaciones para propósitos de la iglesia, más de lo que recibió como ingresos de su sede. Sus obras personales de caridad, aunque hechas en secreto, fueron muy numerosas. En opiniones teológicas fue un vigoroso evangélico y en sus declaraciones públicas no disimuló el hecho. Aquellos que no estaban de acuerdo con él, se quejaron de que en el desempeño de sus funciones oficiales seguía demasiado exclusivamente sus propias preferencias individuales. Dio un paso más decidido que cualquier otro obispo al negarse a dar licencia a los clérigos cuyo ritual pensó que era contrario a su interpretación del Libro de Oración, lo que dio lugar a mucha controversia, pero no perjudicó el respeto en el cual fue tenido personalmente. En 1877 los laicos principales del condado le pidieron que posara para un retrato, que deseaban presentar en Auckland Castle. El obispo Baring, con una grave modestia que le era característica, se negó.

En 1878 sintió que su salud cedía. Trabajó bajo una dolorosa enfermedad que sabía era incurable. Al final del año efectuó una fatigosa visitación episcopal, e inmediatamente después anunció su renuncia. Rechazó la jubilación que podría haber reclamado y prefirió dejar el ingreso intacto a su sucesor. Dejó su sede en febrero de 1879, pero no sobrevivió mucho a su retiro.