John Barrett, vicerrector y profesor de lenguas orientales de Trinity College, Dublín, nació en 1753 y murió en 1821.
John Barrett, por John Kirkwood
Era hijo de un clérigo irlandés e ingresó en Trinity College en 1767, cuando tenía catorce años. Se graduó en 1775, obteniendo la maestría en 1778, la licenciatura en teología en 1786 y el doctorado en 1790, siendo miembro pleno en 1791. Habiendo sido sub-bibliotecario y bibliotecario, fue elegido en 1807 vice-rector. Su primera publicación fue un delgado volumen, Queries to all the Serious, Honest, and Wellmeaning People of Ireland, presentado en 1754 bajo el seudónimo de Phil. Hib. (Brit. Mus. Cat.) En 1800 publicó An Enquiry into the Origin of the Constellations that compose the Zodiac, and the Uses they were intended to promote, en el que se dice haber sido más feliz oponiéndose a las hipótesis de Macrobius, La Pluche y La Nauze, que en el establecimiento de la suya propia, 'que consistía en las más extrañas y fantasiosas conjeturas' (London Monthly Review). Fue uno de los últimos escritores sobre astrología, siendo el libro un ejemplo extraordinario de ingenio entendido. En 1801 Barrett editó una publicación mucho más importante, Evangelium secundum Matthaeum, conocido como Codex Z Dublinensis Rescriptus. En 1787, mientras examinaba un manuscrito en la biblioteca de Trinity College, Dublín, se dio cuenta de algunos escritos antiguos en griego reciente, que resultaron ser parte de Isaías, algunas oraciones de Gregorio de Nacianzo y una gran porción del evangelio de Mateo. Barrett se entregó con gran asiduidad a descifrar las porciones de Mateo, siendo grabadas para su publicación a expensas del colegio. Barrett asignó el códice al siglo VI, a más tardar, y esa fecha ha sido adoptada por la mayoría de los críticos posteriores. Sus razones las da en detalle en Transactions of the Irish Royal Academy, vol. i. En 1853 S. P. Tregelles obtuvo, por restauración química del manuscrito, algunas adiciones valiosas que eran ilegibles para Barrett, y las publicó como suplemento; y en 1880 apareció una edición de J. R. Abbott, sacando a la luz algunas otras importantes omisiones de sus dos antecesores en la obra. Abbott intenta distinguir un caso de más remota antigüedad del Codex Z. En 1808 Barrett publicó An Essay on the earlier part of the Life of Swift, que contiene algunos datos interesantes sobre la carrera universitaria del deán.
Barrett fue tan notable por sus excentricidades y porte personal, como por la amplitud y profundidad de su saber filológico y clásico. Fue un hombre de grandes talentos y su memoria era tan extremadamente tenaz que podía recordar casi todo lo que había visto o leído y sin embargo era tan ignorante de las cosas de la vida común que literalmente no distinguía un pato de una perdiz o la carne de cordero de la de oveja. Podía hablar y escribir latín y griego con fluidez, pero casi nunca pronunció una oración gramatical inglesa. Era amable y de buen carácter, pero nunca supo dar un centavo en caridad, permitiendo que su hermano y hermanas vivieran casi en necesidad, dejando a su muerte unas ochenta mil libras para varios fines caritativos y una mera miseria a sus familiares. No usaba lumbre para calentarse, incluso en el clima más frío y sólo una vela cuando estaba leyendo. En una noche muy cruda, algunos compañeros lo encontraron sentado acurrucado, muy ligeramente vestido, aparentemente leyendo su conferencia griega, rígido por el frío, con una vela pegada al respaldo de su silla, afirmando que salvaron su vida vertiendo ponche de ron caliente por su garganta. A veces bajaba a la cocina para calentarse, pero los criados objetaban a causa de su sucia y desigual condición. Era muy atento a sus deberes religiosos, pero libremente complacido en maldecir y jurar. Las anécdotas sobre él son infinitas. En una cena en el salón de Trinity College, el estudiante de la semana (que estaba muy lejos de la mesa alta para ser oído claramente), en lugar de la bendición de la mesa en latín, repitió con la longitud adecuada: 'Jackey Barrett cree que estoy dando la bendición, Jackey Barrett cree que estoy dando la bendición', a cuya terminación Barrett pronunció un muy pomposo y gran 'amén.' A un estudiante que le deslumbró con un espejo, el doctor le multó con cinco chelines por 'echar reflejos sobre los jefes del colegio.'