Historia
BASIRE, ISAAC (1607-1676)
Basire comenzó sus viajes visitando Rouen, donde tenía un pequeño patrimonio de alrededor de 8 libras anuales. Allí se le unieron tres alumnos, dos de los cuales llevaban los nombres aristocráticos de Lambton y Ashburnham, mientras que el tercero era un tal Andrews. Con estos tres comenzó sus viajes en el verano de 1647, yendo primero a París, donde tuvo una entrevista con la desafortunada reina de Inglaterra, Enriqueta María, quien le dio una recomendación para Sir Kenelm Digby, legado inglés en Roma. De allí viajó a Nápoles y Sicilia, llegando a Roma en 1649. Uno a uno, los alumnos le dejaron y no parece haber buscado otros.
Según se desprende de sus cartas a su esposa, tenía considerables dificultades en cobrar de sus alumnos y ahora tenía un objetivo más noble a la vista, siendo nada menos que difundir la fe anglicana en todo el este. A primera vista parecía una empresa quijotesca, para un hombre que no tenía conocimiento de ningún idioma oriental; pero tenía una convicción profunda de que la posición única y verdadera del anglicanismo solo necesitaba ser conocida, para lograr su aceptación seria e inteligente por los cristianos, demostrando el resultado que su idea era más que el sueño de un día. Basire visitó Messina, Zante, Morea, Esmirna, Alepo, Antioquía, Jerusalén, Transilvania, Constantinopla, Mesopotamia y muchos otros lugares, siempre con su objetivo por delante. En una muy interesante carta escrita en 1653 desde Pera a Sir Richard Browne, suegro de John Evelyn, y pilar de la iglesia inglesa en París, describe lo que había hecho. En Zante logró con gran éxito 'la difusión entre los griegos de la doctrina católica de nuestra iglesia', principalmente a través del catecismo. Hizo tal impresión que incurrió en la enemistad de los 'latinos', es decir, los miembros de la Iglesia católica en el este que realizaban sus cultos en latín. Por lo tanto, se vio obligado a pasar a Morea; donde el metropolitano de Acaya le permitió que predicara dos veces en griego, en una reunión de los obispos y el clero. En Alepo tuvo conversaciones frecuentes con el patriarca de Antioquía, que entonces residía allí, dejando copias del catecismo de la Iglesia traducido al árabe. De Alepo fue a Jerusalén, donde fue honrado tanto por los cristianos griegos como latinos. El patriarca griego 'le expresó el deseo de comunión con nuestra antigua Iglesia de Inglaterra', y le dio su bula o sello patriarcal; mientras que los latinos le recibieron en su convento, un raro honor para un hereje. 'Entonces', dice, 'pasé el río Éufrates y fui a Mesopotamia, país de Abraham, donde estoy intentando enviar nuestro catecismo en turco a algunos de sus obispos.' Esto fue en 1652; el invierno de 1652-3 lo pasó en Alepo. En la primavera de 1653 realizó una maravillosa proeza, al pasar de Alepo a Constantinopla por tierra, una distancia de unas 600 millas, sin la compañía de nadie que pudiera hablar alguna lengua europea. Había aprendido un poco de árabe en Alepo y se unió a un grupo de veinte turcos, una escolta aparentemente peligrosa; pero le trataron bien, porque ejerció como médico de ellos. Entonces disfrutó de un pequeño descanso. En Pera, cerca de Constantinopla, se propuso oficiar para los protestantes franceses, con la expresa condición de poder utilizar la liturgia inglesa en francés, a lo cual consintieron, prometiéndole 'un competente estipendio.' Allí conoció a Achatius Baresay, enviado del príncipe George Rákóczy II. Baresay le presentó al príncipe. 'En 1661', escribe, 'quedé honorablemente comprometido y con licencia real [de Carlos II], en el servicio de ese valiente Aquiles de la cristiandad, George Ragoczi II, príncipe de Transilvania, mi difunto amable maestro, que por espacio de siete años me había honrado con la cátedra de teología en la universidad de Alba Julia [Weissenburg], metrópoli de ese noble país, y me dotó (un mero extraño para él) con un muy amplio honorario hasta que en ese mismo año, ese príncipe murió por sus heridas en su última memorable batalla contra los turcos en Gyala, cuyas solemnes exequias me encomendó oficiar su viuda, la princesa Sofía, por lo que estuve un año más fuera de Inglaterra.' Basire todavía mantenía su única idea en Alba Julia, pues escribe a Sir Edward Hyde (posterior lord Clarendon) en 1658: 'En cuanto a mi mantenimiento es competente; pero mi carga especial ha sido la oportunidad en la cátedra de propagar la religión cristiana, tanto la disciplina como la doctrina.' Basire tuvo gran influencia con el príncipe Rákóczy, no teniendo temor de decirle abiertamente lo que tenía en mente. Cuando una invasión turca era inminente, escribió al príncipe, instándole a salvar su país o abdicar del trono. La apelación no fue en vano. Rákóczy realizó una heroica pero infructuosa batalla contra los turcos, en la batalla de Gyal, pero fue mortalmente herido y murió poco después (junio de 1660). En todo este tiempo, Basire no había cortado su relación con el otro amo real, Carlos II. En 1655 escribió una larga carta en latín al rey, exhortándolo a ser fiel a su religión; y en el mismo año, Carlos escribió al príncipe Rákóczy agradeciéndole por su bondad hacia Basire, y otra carta poco antes de la muerte del príncipe, rogándole que enviara a Basire de vuelta a Inglaterra. Rákóczy, 'poco dispuesto', ocultó esta carta a Basire durante un tiempo, y después de su muerte, su viuda le suplicó que se quedara en Transilvania y educara a su hijo, a lo que se negó.
La Iglesia de Inglaterra fue de nuevo restaurada y la señora Basire y sus cinco hijos estaban todavía en Inglaterra. Allí volvió Basire hacia finales de 1661 por Hamburgo y Hull. En los archivos del capítulo de Alba Julia hay una lista de sus bienes y manuscritos (incluyendo enseñanzas, disputaciones e itineraria), que le iban a ser enviados. Una lista similar, manuscrita suya, 'Bona relicta in Transylvania anno 1660', está entre los manuscritos Hunter en Durham Chapter Library. El resultado de sus variadas experiencias, por lo que lo que respecta a la religión, lo declaró él mismo: 'La Iglesia de Inglaterra es la más apostólica y pura de las iglesias de toda la cristiandad. Durante quince años de peregrinación eclesiástica (durante mi destierro voluntario por mi lealtad religiosa), he estudiado la mayoría de las iglesias cristianas, tanto orientales como occidentales y he declarado sobre la Iglesia de Inglaterra lo que David dijo de la espada de Goliat: "Ninguna como ella", tanto por la doctrina primitiva, el culto, la disciplina y el gobierno.' Aunque Basire habla tanto de las iglesias orientales como occidentales, fue con las primeras con las que tuvo más que ver. 'Ha sido mi constante plan', escribe en su carta a Sir R. Brown, 'disponer e inclinar a la Iglesia griega a una comunión con la Iglesia de Inglaterra, junto con un reforma canónica de algunos errores groseros.' Los que están familiarizados con la historia de Ia iglesia del siglo XVIII, observarán que Basire se adelantó a su época; pues lo que él intentó fue, medio siglo más tarde, asunto de muchas negociaciones en las que los no juramentadores tomaron parte.
Al regresar Basire a Inglaterra, fue reinstalado en su puesto en la catedral de Durham, en su rectoría de Egglescliffe y en la archidiaconía de Northumberland. El obispo Cosin también persuadió al intruso ministro de Stanhope, Andrew Lamar, a tomar Long Newton en lugar de Stanhope, con el fin de que Basire pudiera ser reintegrado. Ahora era un hombre rico, pero aún tenía sus problemas, siendo uno de los principales la defección de su hijo Peter por Roma. Sus manos estaban más que llenas de trabajo. 'La archidiaconía de Northumberland', escribe, 'ocupará a un hombre entero, (1) en reformar a las personas y (2) en reparar las iglesias.' Visitó diligentemente las iglesias en su archidiaconía y encontró 'muchas de ellas escandalosamente ruinosas'; pero tuvo un apoyo generoso y vigoroso en sus intentos de reforma en el obispo Cosin, con quien parece haber estado tan estrechamente asociado como con su predecesor, el obispo Morton. Los últimos quince años de su vida fueron comparativamente tranquilos. Evelyn menciona en su Diary (10 de noviembre de 1661) que 'predicó en la abadía [Westminster] el doctor Basire, ese gran viajero, o más bien apóstol francés, que había estado plantando la Iglesia de Inglaterra en diversas partes del Levante y Asia'; pero ya no hay noticias suyas en otras fuentes. 'Fue enterrado en el cementerio perteneciente a la catedral de Durham, cerca de un atiguo siervo suyo, que había vivido muchos años con él y no al lado de su esposa en la catedral.' (Wood, Fasti Oxon.) Fue su propio 'deseo' que su cuerpo fuera 'enterrado en el cementerio, no por ninguna singularidad... sino por veneración a la casa de Dios.'
En 1646 Basire publicó una interesante obra titulada Deo et Ecclesiee Sacrum. Sacriledge arraigned and condemned by St. Paul, Rom. ii. 22. No había mucha demanda para este tipo de obra durante la rebelión, pero en 1668 Basire reeditó y amplió una 'composición', dice, 'que había sido ásperamente tallada entre la trompeta y el tambor' (es decir, durante el asedio de Oxford). En 1648 escribió un breve tratado en latín, titulado Diatriba de Antiqua Ecclesiarum Britannicarum Antiquitate, que fue publicado en 1656 en Brujas por Richard Watson, capellán de Sir R. Brown, y también traducido al inglés en 1661. En 1659 apareció History of the English and Scotch Presbytery, written in French by an eminent divine [Isaac Basire] of the Reformed Church, and now Englished, que alcanzó una segunda edición en 1660. En 1670 publicó la breve Oratio Privata; pero la más interesante de sus obras es Brief of the Life, Dignities, Benefactions, Principal Actions and Sufferings of the Bishop of Durham, que se adjunta al sermón (The Dead Man's real Speech) predicado por Basire en el funeral del obispo Cosin, 29 de abril de 1672. Brief es una pequeña biografía muy ágilmente escrita, dando en el espacio de 100 páginas todo lo que es necesario saber sobre Cosin. Muchos de los manuscritos de Basire están en la colección Hunter de la biblioteca del capítulo de Durham. Una lista completa se imprime en Catalogue of Durham Chapter MSS. de Rud. Incluyen un itinerario por Francia e Italia durante 1647-8 y las notas de viajes en 1667-8. Los manuscritos dejados por Basire en Transilvania no aparecen entre ellos.