Historia
BASSET, FULK († 1259)
El año siguiente, Fulk fue probablemente suspendido, junto con los otros obispos pertenecientes a la provincia de Canterbury, por su negativa a pagar el primer año de ingresos de todos los beneficios vacantes al nuevo arzobispado. En 1250 el obispo de Londres pasó al continente, casi al mismo tiempo que Grosseteste también salió de Inglaterra en su famoso viaje al papa en Lyón. Matthew Paris no conocía la causa del viaje, pero según los anales de Tewkesbury (Annales Monastici, i. 141), que, sin embargo, pueden en esta declaración ser ligeramente incorrectos, fue en relación con el siguiente incidente. En la primera parte de ese año Bonifacio, arzobispo de Canterbury, había determinado para copiar el ejemplo de Grosseteste, hacer una visitación no sólo a los abades y clero, sino incluso a los obispos en su provincia. Las intolerables exigencias impuestas por el arzobispo y sus seguidores en esas visitaciones, parecen haber sido la principal causa de su impopularidad y la conducta de Benedicto en esta ocasión bien puede haber sido más flagrante que de costumbre. El 13 de mayo procedió a visitar al obispo de Londres. Los canónigos de San Pablo se negaron a recibirlo, siendo excomulgados; pero en St. Bartholomew, donde fue recibido con cortesía, golpeó tres veces al subprior con el puño, y en la refriega se dejó ver bajo su pacífico atuendo, el brillo de una cota de malla. En su impotencia, los agraviados canónigos apelaron a su propio obispo Fulk, quien les aconsejó que fueran a Westminster y presentaran su denuncia ante el rey. Pero Enrique se negó a recibirlos, apoyando al arzobispo, que acto seguido procedió solemnemente en Lambeth a renovar su sentencia contra los canónigos recalcitrantes, yendo incluso tan lejos como para involucrar al obispo de Londres, por ser el defensor de su propio linaje. Entonces ambas partes se prepararon para hacer una apelación final a Roma; pero al reconocer Basset la fuerza de la oposición contra él, no tardó en procurar el apoyo de los amigos más poderosos que pudo, conservando Matthew Paris la carta que escribió en esta ocasión al abad de St. Albans. En el curso del mismo año, el obispo de Londres llevó a cabo una conferencia en Dunstable con Grosseteste y varios otros obispos, en la que firmaron un documento por el que resistían las pretensiones de Bonifacio para visitar sus diócesis. Los anales de Burton contienen un decreto de Inocencio IV respecto a este asunto, en el que escribe a Grosseteste, Fulk Basset y al obispo de Wells, limitando los gastos de todos los dignatarios eclesiásticos en sus visitaciones y facultando a esos tres prelados para que su edicto no se convirtiera en letra muerta (julio de 1252). Antes de finales del año siguiente, Bonifacio había logrado suprimir las reclamaciones de los canónigos de St. Bartholomew, prosperando su causa en Roma. Al ver esto, Fulk, que comenzó a temer que la ira del rey se descargara a la primera oportunidad no sólo sobre él sino sobre todo el clero, y resultara en la pérdida de todas sus posesiones, decidió someterse al arzobispo, y, al hacerlo, fue absuelto de la sentencia de excomunión (1251). Pero hay que destacar que el año anterior, el papa había anulado la sentencia de Benedicto contra el deán y el capítulo de San Pablo; y las palabras de Matthew Paris parecen implicar que el ataque de Bonifacio contra el obispo de Londres había asumido, por esta vez, mucho de carácter personal ('quem -scilicet Fulconem-... nuper enormiter injuriando archiepiscopus excommunicaverat et excommunicatum longe lateque fecit denuntiari'). Hacia el mismo tiempo (1251) Henry de Bathe, magistrado, fue acusado de traición al rey, quien estaba tan enfurecido que se negó a aceptar ninguna garantía clerical en tan importante caso, quedando solo apaciguado por la intervención personal del obispo de Londres, al confiar al infractor al cuidado de veinticuatro caballeros, quienes se comprometieron a que compareciera en el tiempo señalado. Es probable que algunos rumores de este inminente percance determinaran a Fulk a hacer las paces con el arzobispo, y así, hasta cierto punto al menos, pacificar también al rey; pues Henry de Bathe se había casado con una Basset, y a su caída envió a su esposa con sus parientes, pidiéndoles a cada uno que le ayudaran en este momento de peligro. Dispensó donativos a manos llenas y finalmente Henry de Bathe, viendo la peligrosa posición en la que estaba, tomó a Fulk y Philip Basset, como compañeros en una entrevista con el hermano del rey, el conde de Cornualles. En el curso de la conversación, el magistrado amenazó con provocar una insurrección en todo el reino si el rey amenazaba su vida, o incluso la pérdida de sus propiedades. Fulk parece haber permancido con su pariente en todos sus problemas, hasta que Enrique, en el parlamento de Londres, declaró su precipitado deseo de que alguien matara a su enemigo, advirtiéndole John Mansel que el obispo de Londres estaba preparado para ejercer sus poderes espirituales contra los infractores.
En 1252 Fulk estaba entre los obispos que apoyaron la oposición de Grosseteste al diezmo de los ingresos eclesiásticos concedidos a Enrique III por el papa. Al año siguiente su nombre aparece de nuevo, cuando la petición del rey fue concedida a cambio de la confirmación de la Carta Magna (abril de 1253). Matthew Paris cuenta un curioso relato que en ese año, en la noche de la muerte del obispo Grosseteste, Fulk oyó el sonido de las campanas, anunciando lo que acababa de ocurrir (9 de octubre de 1253). La muerte de Grosseteste dejó a la Iglesia inglesa sin un dirigente a la cabeza contra las demandas papales y en una ocasión al menos (octubre de 1255) Fulk parece haber asumido esta posición, cuando hizo su valiente declaración de que prefería perder su cabeza antes que someterse a la intolerable opresión sobre sus colegas prelados sobre las demandas recién traídas por Rustand, quien se quejó al rey de que toda la resistencia en esta ocasión se debía a la influencia del obispo de Londres. Fue por la amenaza de Enrique y el desagrado del papa que Fulk pronunció su famosa respuesta: 'El papa y el rey pueden de hecho quitarme mi obispado, porque son más fuertes que yo; que me quiten la mitra, que mi yelmo permanecerá.' Dos años más tarde (Cuaresma de 1257), cuando Ricardo de Cornualles dejó Inglaterra para disputar la corona imperial, nombró a Fulk supervisor jefe de todas sus posesiones en Inglaterra. Este hecho puede indicar cierto grado de reconciliación con la casa real, especialmente cuando se combina con que durante el transcurso del mismo año el obispo se convirtió en uno de los jurados consejeros del rey, en cuya capacidad prestó juramento especial de no traicionar los consejos del rey. Cuando los barones se reunieron en Oxford (junio de 1258) y obligaron al rey y su hijo Eduardo a jurar que concederían sus peticiones, Fulk parece haberse mantenido más o menos al margen de la batalla y Matthew Paris afirma que al hacerlo ennegreció su justa fama, por cuanto era de más noble linaje que los otros obispos. La base exacta para esta acusación parece ser que Fulk fue el inglés más destacado en negarse rotundamente al asentimiento a las disposiciones de Oxford; de hecho, los anales de Tewkesbury no distinguen entre su conducta y la de los favoritos extranjeros, que se retiraron de Oxford a Winchester. De hecho, cualquiera que haya sido la conducta seguida por él en esta ocasión, al menos logró romper con la facción popular y la de los barones, de la que había sido uno de los más prominentes miembros. Su nombre a partir de entonces aparece consistentemente al lado del rey; está el primero en la lista de la mitad de la comisión de veinticuatro designada por el rey para las provisiones de Oxford para elaborar una constitución, el primero de los doce miembros de la comisión del Parlamento y el segundo entre los veinticuatro nombrados para tratar la ayuda del rey. Su hermano, Philip Basset, está con él en las dos últimas listas, pero hay que tener en cuenta que ninguno de los dos fue nombrado miembro del consejo perpetuo del rey. Fulk Basset no vivió para ver la descomposición de los nuevos planes de reforma. A finales de septiembre, estuvo presente con la reina y el rey de Inglaterra, el príncipe Eduardo y muchos otros obispos, cuando Bonifacio de Saboya dedicó la catedral de New Sarum. Tal vez fue la última gran ceremonia pública en la que participó. Siete meses después Fulk murió, a consecuencia de la severa peste que asoló París, Londres y otros lugares, siendo enterrado el 25 de mayo de 1259 en su propia catedral. Aunque parece no haber tenido una posición tan firme contra las exacciones papales como tuvo Grosseteste y aunque una vez al menos en su vida permitió que su sangre de noble influyera en su conducta como servidor del rey, en general se merece el elogio con que Matthew Paris lo despide: 'Hombre noble y de alta cuna, que no vaciló, siendo el ancla de todo el reino y escudo de su estabilidad y defensa.' Su nombre y el de sus parientes cercanos se conservaron mucho tiempo en el registro de su propia catedral, por las muchas capillas que dotaron en relación con San Pablo.