Historia

BATEMAN, WILLIAM (c. 1298-1355)

William Bateman, obispo de Norwich, nació en Norwich hacia 1298 y murió en Aviñón el 6 de enero de 1355.

William Bateman
William Bateman
Sus padres se llamaban William y Margery. Su padre era uno de los principales ciudadanos de Norwich, que ocupó no menos de once veces el cargo de baile de la ciudad (Norwich no tuvo alcalde hasta 1403), ejerciendo como representante en el parlamento de 1326-7. El futuro obispo tuvo dos hermanos mayores, los cuales alcanzaron eminencia. El primogénito, Sir Bartholomew Bateman de Flixton, Norfolk, fue nombrado caballero por Eduardo III por su destreza marcial en las guerras francesas. El segundo se convirtió en abad. William, el tercer hijo, recibió su educación en su ciudad natal, probablemente en la escuela adjunta al priorato de Norwich. De allí pasó a Cambridge, donde se dedicó al estudio del derecho canónico y civil, obteniendo el doctorado en derecho civil a edad temprana y cuando tenía treinta años fue propuesto por el obispo Ayreminne a la archidiaconía de Norwich el 8 de diciembre de 1328. Fue presentado por Ayreminne a la corte de Juan XXII en Aviñón. La capacidad legal del joven se manifestó pronto y el mismo papa quiso tener a su lado a alguien que iba a llenar un lugar influyente en la política inglesa. Por su deseo, Bateman fijó su residencia en la corte papal, donde ascendió a través de diversos lucrativos y dignificados cargos, hasta que finalmente, en ese o el siguiente pontificado, fue nombrado auditor de palacio. Se dice que cumplió con los deberes de este cargo con tal juicio y solidez que fue considerado tanto por el papa y su corte como 'la flor de los legistas y canonistas.' Retuvo la misma alta reputación con el sucesor de Juan, Benedicto XII (1334), por quien fue nombrado deán de Lincoln, dignidad que tenía en 1340. Las guerras de Eduardo III con Francia ya habían comenzado y Bateman entró rápidamente en la larga serie de negociaciones diplomáticas que caracterizaron la última década de su vida. Su mente vigorosa, hábitos de negociante y el conocimiento íntimo de la ley en los dos campos, le equipaban especialmente para el empleo diplomático. Fue en dos ocasiones enviado desde Aviñón por el papa para procurar efectuar una conciliación entre los monarcas franceses e ingleses y el 20 de mayo de 1343 fue facultado, con Hugh Despeuser y otros, por Eduardo III para negociar una paz con los embajadores franceses ante Clemente VI, declarando el rey que era incapaz de enviar una solemne embajada hasta que hubiera recibido de Felipe de Valois satisfacción por su incumplimiento de la tregua. El mismo año, 19 de diciembre, quedó vacante la sede de Norwich por la muerte del obispo Antony Beke, y Clemente le dio a Bateman el obispado por 'provisión.' Fue consagrado por el papa en Aviñón el 23 de mayo de 1344. Unos pocos meses después de su consagración fue comisionado por el rey para presentar cartas a Clemente para una paz final y una vez más para tratar con los embajadores de Felipe ante el papa como mediador. Innumerables veces el obispo de Norwich cruzó el mar en misiones diplomáticas. Baste decir que se le halla empleado el 28 de julio, 25 de septiembre y 11 de octubre de 1348; 10 de marzo y 13 de abril de 1349; 15 de mayo de 1350; 27 de junio y 26 de julio de 1351; 19 de febrero de 1352; 30 de marzo, 28 de agosto y, finalmente, 30 de octubre de 1354, embajada ésta en el cumplimiento de la cual acabó su vida.

Su selección repetida por el rey para estas difíciles y delicadas negociaciones es una evidencia de la confianza depositada en su sabiduría, habilidad política y conocimiento íntimo de la tortuosa política de la corte papal. En su consagración, el obispo Bateman llevó a cabo una visitación de su diócesis con notable coraje y vigor. Sin temor afirmó su autoridad sobre la gran abadía de St. Edmundsbury. La pretensión fue enérgicamente resistida por el abad. Era una vieja disputa, heredada por las dos partes de sus predecesores. Amargó los primeros tres años de episcopado del obispo Bateman y lo puso en colisión directa con el poder judicial. Excomulgó al abogado del abad, que inició un pleito contra él. El abogado presentó una demanda contra el obispo, que se empleó en ella, así como en el pleito más importante con el abad. Un auto de error demandado por el obispo sólo dio lugar a la confirmación del fallo. Pero Bateman firmemente repudió la autoridad temporal de un tribunal sobre personas espirituales, negándose a pagar la multa impuesta o absolver al abogado. Sus bienes y castillo fueron en consecuencia embargados, incautadas sus temporalidades y amenazado con ser detenido. Inconmovible en la afirmación de su inmunidad episcopal apeló al concilio convocado por el arzobispo Stratford en San Pablo el 25 de septiembre, 1347, en contra de esta intromisión escandalosa en los privilegios del poder espiritual por parte del temporal. No ha quedado registrado el resultado.

La misma afirmación de sus derechos se muestra en su excomunión de Robert, Lord Morley, el lord teniente del condado, por el delito de caza furtiva en las posesiones episcopales. Igualmente indiferente por las amenazas del rey y los nobles, obligó al ofensor a hacer pública penitencia, caminando con los pies descalzos y la cabeza descubierta por las calles de Norwich hasta la catedral, llevando una enorme vela de cera, que, después de confesar abiertamente su delito pidiendo humildemente la absolución, se puso en el altar. Una disputa con la comunidad de Lynn sobre ciertos derechos municipales acabó en un compromiso, quedando la victoria sustancial del lado del obispo.

En 1349 Inglaterra fue visitada por 'la peste negra.' Ninguna parte del país sufrió más severamente que Norfolk y Suffolk, que comprendían la diócesis de Norwich. La mortalidad entre el clero fue terrorífica. El promedio anual de las instituciones para beneficios durante los cinco años desde 1344 a 1349 fue de 81. Durante el año de 1350 aumentó a 831. El número de clérigos que murieron en la diócesis de Norwich no fue menos de 2.000. El hermano del obispo, Sir Bartholomew Bateman, murió en el año, y, presumiblemente, de la peste. Durante el tiempo de la pestilencia, el obispo Bateman se mantuvo resueltamente en su puesto, sin dejar nunca su diócesis un solo día, a menudo instituyendo veinte clérigos a la vez. Mientras la peste duró, viajó por su diócesis, nunca estando mucho tiempo en un lugar y 'seguido por la tropa del clero que iba a ser instituido a los beneficios vacantes por la muerte. Tantas parroquias se quedaron sin titulares, que hubo temor de que no hubiera bastantes clérigos. El obispo Bateman suplicó al papa Clemente VI consejo, emitiendo una bula autorizando ordenar a sesenta y dos hombres jóvenes por debajo de la edad canónica, un permiso del que hizo poco uso.'

Un resultado importante de esta espeluznante calamidad fue la fundación al año siguiente, 1350, por el obispo Bateman del colegio en Cambridge, al que, como muestra de su especial devoción a la Trinidad, dio el nombre de Trinity Hall. El objetivo del obispo en esta fundación, que fue ideada exclusivamente para los estudiantes de derecho civil y canónico, era preparar a los rangos menores del clero de su diócesis por hombres competentes en esos estudios. Con este propósito se convirtió en titular de un hostal que había sido comprado por John de Crawden, prior de Ely, como lugar al que los monjes de su casa pudieran retirarse para su estudio, dándoles a cambio seis rectorías en su diócesis. Su intención había sido encontrar un rector y veinte alumnos, además de académicos, que dirían cada uno un oficio prescrito, 'De Trinitate', al levantarse y acostarse, siempre en latín, disputar tres veces a la semana sobre algún punto de derecho canónico o civil y leer en voz alta la Escritura durante las comidas. El estatuto real de fundación lleva fecha de 20 de noviembre de 1350. La muerte de Bateman en 1355 impidió la plena realización de su plan. En ese momento el organismo consistía sólo del rector, tres alumnos y dos académicos. Para la construcción de una capilla el obispo de Ely dio una licencia el 30 de mayo de 1352, a la que el fundador legó vestiduras, joyas y placa. En la lista de libros propuesta por el obispo para su nuevo colegio de teología se representa sólo una pequeña Biblia, junto con un compendio y recapitulación de la Biblia, siendo todos los demás libros de derecho civil o canónico. Pero su propia biblioteca privada fue a parar a la universidad después de su muerte, siendo equipada de forma adecuada con obras teológicas. Dos años antes, 1348, un clérigo de la diócesis de Bateman, Edmund Gonville, rector de Terrington, había obtenido licencia de Eduardo III para fundar un colegio para veinte alumnos en honor de la Anunciación de la Virgen. Gonville murió antes de que su fundación se hubiera establecido plenamente y si no hubiera nombrado al obispo Bateman como albacea, todo el plan se habría probablemente colapsado. Bateman llevó a cabo el plan de Gonville como segundo fundador, aunque con algunos cambios importantes en su carácter, el 21 de diciembre de 1351. Trasladó el colegio a su actual lugar, cerca de la primera fundación y sustituyó los estatutos de Gonville por una selección de los de Trinity Hall, por los que el requisito de una formación casi exclusivamente teológica fue abolido. El 17 de septiembre de 1353, Bateman, como fundador de las dos sociedades, ratificó un acuerdo de fraternal afecto y ayuda mutua entre ambas 'como vástagos del mismo tronco', aunque la precedencia se asignó a los miembros de Trinity Hall, 'tanquam fratres primogeniti.' El interés de Bateman en la universidad de Cambridge, en la que por sus propias palabras había 'recibido los primeros elementos del saber y, aunque inmerecidamente, el grado de doctor', lo había mostrado en un período anterior por un donativo de 100 libras.

El último año de la ocupada vida de Bateman estuvo marcado por no menos de tres de esas misiones diplomáticas en las que tan a menudo, y en general de manera infructuosa, cruzó el Canal. De nuevo fue encargado, 30 de marzo de 1354, con Clinton, conde de Huntingdon, y otros, para negociar una paz final con Francia, y otra vez, el 28 de agosto del mismo año, para tratar con los embajadores franceses ante el papa. Pero las condiciones de Eduardo fueron rechazadas por el rey francés. Una vez más, y última, el 30 de octubre partió el obispo Bateman en su viaje familiar, acompañado de Enrique, duque de Lancaster, y Michael Northburgh, obispo de Londres, para tratar ante el papa en relación con los castillos y tierras del rey en Francia. Las negociaciones fueron prolongadas. El nuevo año encontró a los comisarios todavía en Aviñón. El retraso fue fatal. Una enfermedad repentina, atribuida popularmente al veneno, atacó al obispo, que murió en la fiesta de Epifanía. Fue enterrado delante del altar mayor en la catedral de Aviñón, asistiendo a las exequias el patriarca de Jerusalén y el conjunto de cardenales, salvo uno por enfermedad. Trinity Hall aún conserva la copa de plata dorada de su fundador, con sus armas. Una imagen de la Trinidad en un tabernáculo, donada por él al altar mayor de la catedral de Norwich, así como una más pequeña, compartieron el destino de las imágenes supersticiosas en la Reforma.